“Un cuerpo chiquito, como el de nuestras nenas”

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Ayer por la noche desde una camioneta arrojaron el cuerpo de una niña. Sucedió en el Pasaje San Joaquín, pegado a la calle Erézcano y las vías de la Estación José Mármol, al sur del conurbano bonaerense.

Estefania tenía 9 años y vivía muy cerca de donde arrojaron su cuerpo. Era la mayor de tres hermanxs. Por la tarde había estado jugando a las escondidas. Uno de sus primos, de 15 años, fue aprendido bajo la sospecha de ser su femicida.

Una mujer vio la camioneta blanca y pensó que la iban a asaltar. Se puso alerta. Al instante vio que desde el vehículo arrojaban una bolsa y seguían camino. Se acercó. En la bolsa estaba el cuerpo de Estefanía. Tenía una bolsa de nylon en la cabeza y varias heridas. El barrio se encendió en gritos. Las familias que comían en la parrilla De Tato escucharon a los vecinos que se iban acercando a la escena del horror.

En el caso interviene la Unidad Funcional de Instrucción N° 2 especializada en violencia de género del Departamento Judicial de Lomas de Zamora a cargo de la doctora Cerutti. Durante la noche la fiscalía pidió las cámaras de seguridad. Así se identificó a la camioneta frigorífica en la que habían trasladado el cuerpo: era propiedad de un familiar de la nena.

En uno de los allanamientos encontraron prendas con sangre y detuvieron a un adolescente: el primo de la niña. El tiene 15 años y según vecinos del barrio, estuvo jugando con ella durante la tarde. Las personas que los vieron juntos contaron que el joven estaba vestido con una campera roja y un jean azul, la misma ropa que apareció con sangre.  

En otro allanamiento encontraron la camioneta marca Mercedes-Benz que aparecía en las imágenes. También tenía rastros de sangre.

El joven está en la comisaría N° 9 de José Mármol a la espera de una medida judicial que confirme o no su detención.

“Se trata de una familia muy querida en el barrio. Son laburantes”, le dijo a Cosecha Roja la periodista feminista Luciana Mignoli. Ella estaba cenando con sus hijas afuera de su casa cuando la mamá de una compañera de escuela de una de sus hijas la llamó.

La mujer estaba en la conocida parrilla “Lo de Tato” cuando vieron vecinos que corrían hacia la zona del cruce de las vías. Luciana habló con algunos de los vecinos, quienes le contaron que el día anterior la familia había descubierto a un hombre “que la filmaba mientras jugaba”.

Las notas periodísticas que circulan están acompañadas de la imagen de Estefania. Se ve a la niña sonriendo, posando. Viva. “Los cuerpos de las nenas aparecen como desechos. Como moneda de cambio de una violencia inenarrable”, dice Luciana.

La mujer que la contactó para contarle lo que sucedía  le dijo: es un cuerpo chiquito, como el de nuestras nenas.

Estefania era la hija mayor de una familia  que forma parte de una comunidad gitana grande e histórica en la zona. En el barrio los conocen y respetan. Los medios de comunicación pusieron el eje en su origen étnico.  Como si pertenecer a un pueblo u otro aplacara el horror del femicidio.

Jesica Rivero

Periodista. Pasante de la UNDAV en Cosecha Roja.

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