Un femicidio anticipado 25 veces en Córdoba

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Cosecha Roja.-

Un jurado popular declaró culpable a Alberto Gonzalía por el homicidio de su ex esposa Julia Torres. Lo condenó a prisión perpetua por homicidio doblemente agravado por el vínculo y violencia de género.

Alberto Gonzalía prendió fuego su casa, quiso degollar a un hijo, apuñalar a otro y matar a la ex mujer, Julia Torres. Ella lo había denunciado 25 veces: casi una por cada año que estuvieron casados. Una madrugada de febrero de 2013 él chocó el auto contra el frente de la casa, entró y acuchilló a la ex hasta perforarle cuatro órganos. El patrullero que la custodiaba no estaba. Ella sobrevivió al ataque pero murió cuatro meses después por una gastroenteritis.

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El 8 de febrero Marcelo escuchó un ruido que lo sacó de la cama. Un auto se había incrustado en su casa, en el barrio cordobés de José Ignacio Díaz, y había roto el portón. Él se imaginaba quién era. Por eso, salió corriendo a buscar a su cuñado, que vivía en el departamento del fondo, sobre el mismo terreno. Eran las 5 y media de la mañana cuando el padre quiso matar una vez más a la mamá.

Alberto Gonzalía chocó el Renault 9, salió por la ventanilla y trepó el capot. Corrió por la casa y encontró a su ex mujer en el baño preparándose para ir a trabajar: con toda su fuerza le clavó una cuchilla de 20 centímetros de largo en el costado izquierdo del abdomen.

Julia Torres tenía 47 años y era empleada doméstica, limpiaba oficinas y cuidaba chicos. El 14 de diciembre de 1984 se había casado con Alberto, un remisero que vendía la soda que él mismo preparaba. Juntos tuvieron cuatro hijos pero hacía tiempo que estaban separados. Ella lo había denunciado 25 veces por violencia, casi una por cada año de matrimonio.

Esa no fue la primera vez que quiso matar a su familia: un día tomó de rehén a su hijo de 7 y amenazó con degollarlo si Julia no volvía con él, en otra ocasión quiso apuñalar a su hijo policía y hasta prendió fuego la casa. Dos veces en una misma tarde chocó el auto contra el portón y estuvo preso veinte días. Julia consiguió una custodia policial permanente: él no podía acercarse a menos de 200 metros. Pero los llamaba todos los días desde el penal y ella tuvo que cambiar la línea y volver a denunciarlo. “A las órdenes las violaba sistemáticamente, aún con restricción venía acá a cada rato, como pancho por su casa”, dijo Yésica, una de las hijas.

Gonzalía salió de la cárcel de Bower el 3 de enero. El 8 de febrero volvió a chocar el auto contra el frente de la casa. Esa fue la última vez. “Él aprovechó que la custodia no estaba para entrar”, dijo a Cosecha Roja Carlos Rayi, el abogado de una de las hijas.

Las pericias psiquiátricas y psicológicas determinaron que él era consciente de lo que estaba haciendo y que no tenía remordimiento. “Era una persona violenta estando sobrio y estando borracho”, contó Rayi.

Después de la puñalada, Julia estuvo internada durante un mes en el Hospital de Urgencias: le afectó el estómago, el pulmón, el hígado y perdió el bazo. Aún así sobrevivió, y el 8 de marzo le dieron el alta. “Por momentos sentía un frío en el cuerpo, como que me iba a descomponer, pero pensaba que no me podía desmayar porque les tenía que decir a los médicos qué remedios tomo y que soy alérgica a la penicilina”, dijo a la prensa.

Cuando salió del hospital, Julia consiguió trabajo de niñera. “El 25 de junio volvió de trabajar con fiebre, se acostó porque se sentía mal y al otro día ya no se pudo levantar. Tenía mucho dolor en las articulaciones, en las manos y los pies. La llevamos al Hospital San Roque”, dijo a la prensa Yanina, una de sus hijas. Los médicos la dejaron internada: tenía un cuadro de deshidratación grave. El 9 de julio de 2013 falleció por una gastroenteritis. “Era un virus que un cuerpo normal lo hubiera sobrellevado, pero ella no, porque tenía lastimado el pulmón y había perdido el bazo”, contó.

En el juicio que empezó el mañana. Gonzalía estaba imputado por homicidio calificado en grado de tentativa y lesiones graves en la Cámara 2ª del Crimen  de Córdoba. El fiscal Raúl Gualdas y la querella buscaron cambiar la carátula de la causa a “homicidio calificado”. Así podrían pedir la prisión perpetua. Para Nayi hay una “concausa”: el ataque con el cuchillo fue lo que la mató.

La familia quiere que también se investigue a los oficiales que tenían que custodiar a Julia Torres por “violación de los deberes de funcionario público” y “abuso de autoridad”.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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