Un feriado violento en Salta: 80 familias en la calle

salvador mazza

Durante el Día de la Bandera, 80 familias fueron desalojadas en el barrio 18 de Marzo de Salvador Mazza, mediante un fuerte operativo policial que, sin presencia ni órdenes escritas de autoridades judiciales, terminó con las detenciones de Matías Mora, trabajador del ministerio de Desarrollo Social; José Antonio Castro, militante del Movimiento Evita, y el menor Nicolás Airello.

¿Qué hacía Matías Mora en ese lugar? Trabaja como facilitador en el RENABAP (Relevamiento Nacional de Barrios Populares), un censo que realiza la ANSES en articulación con las organizaciones sociales a partir de la utilización de una aplicación informática que permite el registro en tiempo real y sin distorsiones de la realidad habitacional de esos barrios.

Para el cerco mediático monopólico, lo sucedido tiene escasas chances de existir. Sin embargo, la presencia del trabajador del RENABAP, de un militante social y la crónica de periodistas locales que estuvieron presentes cubriendo el desalojo y registrando testimonios de los vecinos, permite sacar del anonimato absoluto la indefensión de esas familias, a las cuales les destruyeron en unos pocos minutos sus hogares.

El mismo Estado que, frente a los reclamos de las organizaciones sociales, concede implementar un registro nacional de asentamientos y barrios populares al cual está incorporado el barrio desalojado, promueve y avala la intervención violenta de las fuerzas de seguridad en distintos lugares del país para arrancar de las tierras que habitan a miles de familias, muchas de ellas pertenecientes a pueblos originarios.

No hablamos sólo del Estado federal, sino de la provincia de Salta y del municipio de Salvador Mazza. No garantizan el derecho a la tierra y a la vivienda, pero reprimen para extender la frontera agrícola o expulsar a cientos de familias de propiedades abandonadas.

El desalojo

El día anterior, representantes de las familias fueron al juzgado para ver cuál era su situación y nada les informaron del desalojo que tenían decidido. “Como siempre, se burlan de la gente pobre”, dijo uno de los vecinos. “No sé qué hacer. Mi señora se fue ayer a Tartagal y tengo a mi hijo chiquito acá. Anoche nos acostamos como a las tres de la mañana”.

“Es increíble ver la calle que se tiñe de azul”, dijo el periodista cuando llegó la infantería provincial. “Es increíble  ver tanta policía para desalojar a 80 familias, cuando no la tenemos cuando sufrimos la inseguridad”, agregó.

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Les entregaron una notificación firmada por autoridad policial. No hay presencia ni órdenes firmadas por las autoridades judiciales. “¿Dónde vamos a ir si nos desalojan?” se preguntó indignado uno de los vecinos.

“Quiero hablar del intendente”, dijo una vecina en referencia a Rubén Méndez, quien cobró cierta notoriedad por atravesar una difícil situación política con riesgo de destitución que tiene como condimento principal la detención de su hermano en un operativo antidrogas en el que se le imputa la tenencia de seis kilos de cocaína. “Nos prometió que iba a haber una solución y nada. Esto no va a quedar así. Vamos a ir al Municipio porque es la casa del pueblo”.

“Nos ofrecieron una ayuda porque lo único que querían era sacarnos de las casas temprano para que vengan ustedes a desalojarnos más fácil”, le dijo un vecino a la funcionaria policial a cargo del operativo. “Esta es la impotencia mía, de que mis hijos vean que nos tratan como delincuentes”.

Les dieron dos horas de plazo. “Ningún aviso, nada. ¿Cómo voy a hacer yo para desarmar la casita de material que me hice en dos horas?”, se quejó una mujer.

Después vino el dolor de ver a algunos vecinos desarmando sus propias casas para poder salvar puertas, chapas, tirantes, lonas y lo que se pueda de la destrucción inminente que llevaron adelante las autoridades. Dos horas para desarmar el hogar que edificaron ladrillo a ladrillo, día a día.

“No queremos generarle ninguna falsa expectativa a los vecinos porque no tenemos facultades para impedir el desalojo. Pero vamos a intentar mediar para encontrar alguna solución”, le dice Matías Mora en su condición de facilitador del RENABAP al cronista del desalojo. Pero su mediación no tendría éxito y el precio de intentarla será terminar detenido y procesado.

Todos los barrios, mi barrio

¿Quién es Matías Mora? “Soy un pibe de barrio que lo único que hace es luchar para mejorar la calidad de vida, para comprometer a todos los pibes en la lucha social”, decía en una entrevista que le hicieron hace 4 años para una investigación social. Un pibe que llegó con su familia de Caraza a  Fiorito y le tocó crecer e interesarse por los problemas de su comunidad en dos asentamientos, el barrio Soledad y el 3 de Enero.

“Acá en Fiorito te hacés duro. Viví todas, desde jugar al futbol hasta vivir en carne propia una toma. Ir a trabajar, que se maten unos a otros. Quilombos que te terminan formando como persona. Todo lo que te cuento a uno le parece normal después de haber vivido muchos años acá. Correr por miedo. Tirarte en el piso y que las balas te pasen cerca. Ver muchos pibes de tu misma edad tirados, dados vuelta, por el paco o la bolsita, en las esquinas viendo a quien robar”. Matías siempre fue buen estudiante y soñaba con ser biólogo o genetista, pero desde que se juntó con los pibes en la murga y empezó a vivir más de cerca la militancia social su cabeza cambió.

“¿Quiénes somos? Somos lo que conquistamos militando en mí barrio. Luz. Agua. Certificados de vivienda. Cloacas. Y hoy comenzaron con las obras de pavimento. Exploto de orgullo y felicidad por lo logrado, gracias al trabajo día a día, a los reclamos, a las movilizaciones, a las reuniones, a las ideas y vueltas, a las puteadas, a los escraches, al quilombo, gracias a tanta lucha. Falta muchísimo y lo sabemos, pero dejen que festejemos tantito. Me encanta decir que yo soy mi barrio. Y lo soy”.

En su Facebook exhibe con orgullo su identidad militante, su condición de estudiante de Ciencias Políticas en la UBA y su trabajo como facilitador del RENABAP. Ese trabajo lo llevó a relevar barrios y asentamientos de distintas latitudes de nuestra patria. “Ya no sé si vivo en Río grande, Orán o Fiorito”, decía el 14 de abril. El 20 de junio le tocó estar en un asentamiento en Salvador Mazza, ofrecer sus buenos oficios para intentar evitar un desalojo violento y desigual y terminar detenido y procesado.

“Van a pasar la noche presos porque es feriado y no hay quien les tome declaración”. No hay quien le tome declaración a un detenido, pero sí decenas de policías para llevarse puestos los hogares de 80 familias en un feriado patrio.

Una de las instantáneas del desalojo es un niño pequeño que mira con asombro a un policía en su armadura. ¿Cómo explicarle que el mismo estado que prometió ayuda a sus padres es el que envía a esos uniformados a tirar abajo su casa? Como Matías, él también está descubriendo las injusticias de su tierra con la piel y con el alma.

Alfredo Fernández
Alfredo Fernández

Escritor, autor de la novela 24-03-76. Director ejecutivo del Instituto de Investigación sobre Jóvenes, Violencia y Adicciones (Ijovenes)

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