Un juicio por femicidio para romper el círculo de violencia machista en la villa 21

MicaelaGaonaJulia Muriel Dominzain – Cosecha Roja.-

Micaela Gaona no fue a lo de su mamá a almorzar como hacía todos los días. Ese jueves 23 de julio tampoco llevó a su hijo de casi dos años para que ella lo cuidara como había hecho durante todas las vacaciones de invierno. Su novio Alexis Arzamendia la había asesinado de un disparo en la cabeza pero simuló que la rutina seguía: el joven de 20 años dejó al bebé que tenían en común en la casa de su suegra.

– ¿Y la Mica dónde está? – le preguntó a Alexis una de las hermanas, mientras recibía a su sobrino en la puerta de la casa en la Villa 21.

– Se fue a la obra social. Yo me voy a trabajar. Si a las 8 no vuelvo a buscarlo, pueden llevarlo ustedes a casa.

– Bueno.

– ¿Me prestás una SUBE?

– No tengo.

Arzamendia se escapó a Entre Ríos y la familia de Micaela empezó a sospechar porque esa noche ninguno fue a buscar al bebé. Al día siguiente la Prefectura encontró el cuerpo de Micaela en la habitación que alquilaban en Barrio Loma Alegre, también en Villa 21. Tuvieron que derribar la puerta del cuarto porque el asesino había cerrado con llave. El cadáver estaba sobre la cama, cubierto por una frazada y con un disparo en la cabeza. Los peritos se llevaron de la escena del crimen la vaina del arma, ropa de Micaela, las almohadas con sangre -creen que las usó para silenciar el tiro- y dos celulares.

La policía lo detuvo a Alexis una semana después en Paraná, Entre Ríos. Estaba escondido en la casa de unos familiares. Durante la investigación la querella presentó múltiples testimonios de familiares, vecinos y amigos que retrataron el contexto de violencia de género en el que vivía Micaela: la zamarreaba con el bebé en brazos, le pegaba, la celaba, la perseguía y no la dejaba “ni cinco minutos” tranquila. Hoy los abogados de la familia pedirán al Juzgado de Instrucción 46 que eleve la causa a juicio oral.

– Ustedes no me entienden: yo me quiero separar pero él me amenaza y yo tengo miedo por mi hijo- le había contado Micaela a su amiga de toda la vida.

***

Micaela y Arzamendia empezaron a salir hace menos de cuatro años. “Siempre iban y venían: estaban juntos, se separaban, se volvían a juntar”, contó a Cosecha Roja Lidia, la mamá de ella. Aunque los vecinos ya le habían contado a Lidia que Arzamendia le pegaba a su hija embarazada, la primera vez que ella lo vio el bebé ya tenía tres meses. Ella salió a correrlo:

– ¡No te quiero ver más por acá!- le dijo.

– Yo a vos y a tu hija las voy a matar – gritó él mientras escapaba.

Desde aquel día Lidia no lo dejó volver a entrar a su casa y Micaela se quedó a vivir en lo de su mamá, se acomodó en una cucheta en el cuarto de su hermana y hasta compraron una cuna.  Quince días después él volvió a buscarla y le propuso alquilar una habitación juntos en el barrio Alegre. Ella trabajaba limpiando de 2 de la tarde a 9 de la noche los pasillos del Hospital Churruca y él no tenía trabajo. La excusa era que no podía hacer ‘nada legal’ porque tenía una orden de captura por un homicidio. Era cierto: además del femicidio está acusado de asesinar de un disparo en el tórax a un joven (Brian Serrano) el 20 de enero de 2013.

El miércoles 22 de julio Micaela fue a lo de Lidia las 11 de la mañana a dejar una bolsa de ropa sucia que lavaría al día siguiente. Después se fue a trabajar: según los registros del Churruca, por última vez.

El jueves a la tarde Arzamendia dejó al bebé y esa noche nadie lo pasó a buscar. Lidia llamó a su hija, le mandó mensajitos y Whatsapp. Pero Micaela no respondió. A la mañana siguiente, como no había noticias, una de las hermanas caminó hasta la pieza que alquilaba la joven. Escuchó que la tele estaba prendida y, a través de la cerradura, vio que había un bulto sobre la cama.

Lidia se había ido a comprar alfajores a Constitución y cuando volvió le avisaron que Olga -la mamá de Arzamendia- la estaba buscando. Entonces caminó hasta lo su consuegra pero no estaba:

– ¿La viste a la Olga?- le preguntó al marido.

– No, pero algo raro está pasando. A mí me llamó y me dijo que no me podía decir por teléfono.

Se fueron juntos a la casa de Micaela y golpearon la puerta. “Miramos y había un bulto, nunca me imaginé que era mi hija”, dijo Lidia.

***

A poco más de un mes del crimen, los abogados de la familia pedirán hoy que la causa se eleve a juicio oral y que el femicidio sea interpretado a la luz del Inciso 11 del Artículo 80 del Código Penal (agravante por violencia de género), la ley 26.485 (de protección integral para erradicar la violencia contra las mujeres), la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 2009 por el caso ‘Campo algodonero’ (asesinato de mujeres en Juárez, México) y la Convención Belém do Pará, que establece que ‘violencia contra la mujer es cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológica a la mujer, tanto en el ámbito público como privado’.

“Cuando una persona comete un crimen de género suele haber indicadores previos. Tras tantas alertas, evidentemente hubo mecanismos del Estado que no funcionaron”, dijo a Cosecha Roja Nahuel Berguier, uno de los abogados. Junto con Gabriela Carpineti buscarán que durante el juicio quede en evidencia el ciclo de violencia en el que vivía Micaela.

Según Carpineti, Arzamendia no fue el único violento. “Micaela sufrió distintas violencias: la falta de educación sexual en la escuela para reaccionar ante el machismo, la desconfianza en las instituciones que hicieron que no se anime a denunciar y hasta el accionar de las Fuerzas de Seguridad en la escena del crimen que la revictimiza: no cuidó que los vecinos no vieran cómo sacaban el cadáver”, dijo a Cosecha Roja.

Desde la muerte de Micaela, las mujeres de la Villa 21 se organizaron: todos los lunes a las seis de la tarde se reúnen en la Escuela 6 del distrito 5 -a la que iba Micaela- docentes, trabajadoras y vecinas. Para Carpineti, “hay que empezar a romper la complicidad comunitaria, el silencio respecto a la violencia machista, tenemos que hablar, contar, discutir. La violencia de género no es un problema privado, es un problema público”.

Nota publicada el 1 de septiembre de 2015

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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