Una chica enterrada en un agujero de Tigre

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Julia Muriel Dominzain – Cosecha Roja.-

Iván y Franco tienen 16 y 15 años y viven a la vuelta del canal artificial que separa barrio Las Tunas (General Pacheco) del descampado del frigorífico Rioplatense. El sábado, cerca de las seis de la tarde, fueron hasta el arroyo a buscar unos troncos para construir un banco. Caminaron una cuadra, subieron una montaña de arena y basura de dos metros, esquivaron plantas que raspan y, cuando estaban en la cima, los distrajo una nutria. Mientras bajaban para intentar agarrarla, pocos metros antes de llegar al agua, se toparon con algo que sobresalía de la tierra: era el cuerpo de Tamara Micaela López, la joven de 21 años que estaba desaparecida desde el 15 de enero.

“Pensamos que era un perro”, contó Iván a Cosecha Roja. Pero después vio una mano, distinguió una cola y leyó uno de los tatuajes de la espalda de Tamara. Decía “para mi fiel” y  el resto no llegaba a leerse: la cabeza, las piernas y la espalda estaban pudriéndose bajo tierra. El cuerpo de la joven estaba 10 centímetros bajo tierra en un pozo que alguien hizo para ocultarlo. Pero los perros que hurgaron y la hinchazón del cuerpo descompuesto lo habían hecho salir a la luz.

Los dos jóvenes volvieron y avisaron. “Me parece que hay un cuerpo enterrado en el descampado”, le dijo Iván a su papá. Llamaron a la policía, les mostraron el camino y salieron de la escena. Media hora después, las fotos del operativo que sacaban los vecinos con el celular recorrían las redes sociales. El barrio no tiene alumbrado y el descampado después de la loma, menos. Los forenses tuvieron que colocar focos de luz para tomar las muestras. El hueco en el que metieron a Tamara medía 1,70 por 0,40 y tenía 35 centímetros de profundidad. Pero “Se llevaron dos frascos llenos de lombrices”, contó a Cosecha Roja Juan Manuel Méndez, uno de los vecinos que fue testigo. Según los peritos llevaba 8 días muerta.

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Los investigadores tomaron muestras del pelo y la tierra, y protegieron las manos con papel de cartón. Tamara murió de un golpe en la cabeza que, según fuentes policiales, fue con un martillo. Cuando desenterraron el cuerpo, el cráneo estaba hundido y lo único que le quedaba puesto era un short gris, varios tatuajes -una una inicial en el cuello, varias estrellas en la sien, un tribal en el tobillo- y un corpiño rojo.

La joven de 21 años tenía un hijo de 5 y vivía con Julia, la mamá, en La Paloma. Es uno de los barrios aledaños a Las Tunas, justo después de cruzar las vías del tren. Era la novia de “El Pato” Cenizo, el transa más conocido del barrio, preso desde agosto por narcotráfico. La sospecha es que no es lo único a lo que se dedica: los vecinos lo denuncian por trata de personas.

“Mi hija también era novia del Pato, o rehén, o lo que sea”, dijo a Cosecha Roja Juan Domingo Giorlando, el papá de Micaela. Su hija tenía 14 años cuando apareció muerta de un disparo en la cabeza, el 17 de febrero de 2013. La encontraron en la cama de Cenizo, pero la Policía Bonaerense dijo que fue un suicidio. Cuando desenterraron el cuerpo a pedido de la familia, le encontraron golpes y quemaduras de cigarrillo. “Cenizo tiene a las pibas así: vendiendo droga y prostituyéndose. Les come la oreja, las re verduguea. Mi hija venía moretoneada y hasta llegó a pedirme un arma”, contó. Nancy Fernández, la mamá de Micaela, denunció durante más de un año la complicidad entre la policía de Tigre y el dealer del barrio. Escrachó a Cenizo todas las veces que pudo y recibió golpes en la comisaría 6ta de El Talar, la misma que recibió la denuncia de la desaparición de Tamara. Pero a Nancy la callaron: el 27 de mayo de 2014 apareció muerta, violada, asfixiada y semidesnuda en su casa.

La causa de Tamara es investigada por la fiscal Mariela Miozzo, de la Unidad Especializada de Investigaciones en Delitos Conexos a la Trata de Personas y Violencia de Género del Departamento Judicial San Isidro. Los vecinos denuncian que Miozzo no vio el cuerpo y mandó al secretario porque llegó vestida de fiesta y no quiso ensuciarse. También interviene la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) San Isidro: buscan pistas en las cámaras de seguridad del frigorífico y el country y analizan los últimos llamados de la víctima.

El domingo a la tarde y el lunes a la mañana los vecinos se movilizaron en Constituyentes y Derqui para pedir que las autoridades del frigorífico limpien el descampado. Antes los chicos podían jugar al fútbol y se llegaba a ver el barrio del otro lado. Ahora el pasto es pastizal y las montañas de arena formaron un punto ciego entre Las Tunas y un barrio privado. El arroyo lo hizo el Municipio de Tigre con el objetivo de evitar inundaciones, los vecinos dicen que sólo beneficia al frigorífico y que ellos se llenan de agua como siempre, cada vez que llueve. “Le decimos el arroyo de los mil colores: depende del papelito o el químico que tiren ese día”, dijo Norma, vecina del barrio. El lunes, cerca de las 10, entraron al barrio dos retroexcavadoras del Municipio. Los habitantes de la zona desconfían: están seguros de que cuando se vayan las cámaras, se irán las máquinas.

La familia de la víctima no quiere dar a conocer su hipótesis. Y tampoco aceptó el féretro que le enviaron desde el Municipio a través del Centro de Operaciones Tigre (COT). “Acá el problema no se soluciona con marketing y cámaras que tanto se utilizan política y comercialmente. En el distrito necesitamos políticas de integración, obras de mantenimiento y mejoras barrio adentro para que el lugar donde vivimos no sea peligroso, ni conflictivo”, dijo a Cosecha Roja Federico Ugo, concejal de Tigre por el Frente para la Victoria (FPV).

Los vecinos aseguran que la mandó a matar Cenizo. Algunos sostienen que tuvieron un problema de pareja y que ella lo amenazó con denunciar a la organización narco cuando le tocara declarar en el juicio por el asesinato de Tamara. Otros, que ella le había dicho que estaba embarazada, aunque era mentira. La hipótesis policial es que dos hombres de una banda contraria la mataron de un martillazo en la cabeza cuando ella les dijo que Cenizo era más macho que ellos y que la había embarazado.

Julia López, mamá de Tamara, dijo a Cosecha Roja que “el asesino está cerca” pero no quiere hablar. Las amigas piden justicia: “que se sepa quién es, que no caiga un perejil”, gritaron durante la movilización de las seis de la tarde en Constituyentes y Derqui. Después se volvieron caminando a la Casa de Sepelios Benavidez, en donde, todavía, velaban a Tamara.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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