Una remera que diga: “A mí me abusó”

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Hubo una vez un programa radial de medianoche muy escuchado: Heavy Rock & Pop. Como en los años 90´s venían muchos músicos al país, se entrevistaban bandas casi a diario. Uno que vino todos los años fue Joey Ramone, cantante de Ramones. Banda considerada –aún actualmente- “de iniciación”: llenaban estadios y generaban grandes alborotos en cada visita, que incluía tratar de cortarle un mechón de pelo, subirse a un árbol por horas esperando que salieran al balcón del hotel y ofertar “una noche de amor”.

Porque en la adolescencia y juventud temprana los ídolos forman parte de un imaginario importante.  Se ama al músico, al poster, a la imagen que ideamos de ellos, lo que queremos que sean. Nos enamoramos, ¡sí!

Por eso Joey Ramone, adulto, sensato, punk,  dijo al aire: “Cómo podría acostarme con esas chicas? ¡Podrían ser mis hijas!”. Esto sucedió apenas iniciados los años 90´s.

Estamos en el Siglo XXI, en un momento particular: el feminismo se ha ubicado como un espacio contenedor y amoroso de luchas, alegrías y también de situaciones horrendas.

Por eso desde hace un par de años el espacio llamado “Ya no nos callamos más” ha detallado experiencias traumáticas relacionadas con abuso y violación, con mal ejercicio del poder, con autoritarismo, llevados adelante por personas relacionadas con el mundo del rock en todas sus variantes y allegados.

Cuando hace un mes una chica relató muy dolorosamente la seducción y abuso sexual de ella misma siendo menor de edad –al momento de ocurrir los hechos- por parte de su columnista y amigo de años Joe Fernández (el escritor de los sobrecitos de azúcar), Clemente Cancela publicó en twitter estar al tanto de la situación y pidió un día para interiorizarse , aunque aclaró “No voy a hacerme el boludo”.  Al otro día habló en su programa, Gente Sexy, donde fue claro: Joe Fernandez ya no formaba parte del mismo. Dio a entender que su renuncia le fue solicitada –sino lo echarían- y se hizo cargo de los tiempos que atravesamos.  No dudó de los dichos de la chica, aunque la violación había acontecido hacía diez años y si bien consideraba a Joe su amigo,  no consideró ético encubrirlo ante la denuncia.

En las antípodas, Mario Pergolini se rió junto al cantante de Salta La Banca –también denunciado- por las minas “locas” y “despechadas” aunque en apenas un ratito tuvo que pedir disculpas. Salta La Banca se mandó a guardar y no tocó más. Hay defensas que entierran.

Cuando el viernes 20 de abril se comenzó a difundir el testimonio en contra de Franco, baterista de Pez, muchos pensábamos que Ariel Minimal, a cargo de la página oficial, publicaría algo rápidamente. No. Silencio. Sí cancelaron la presentación en Burzaco “de común acuerdo con el lugar”. Es decir: habían leído. El domingo a la noche emitieron el peor descargo que recuerdo. Ya se habló mucho de ello y si quieren pueden leerlo acá.

El resultado no fue el esperado, la gran mayoría de los comentarios aludían a la falta de compromiso, el demérito a la víctima –a la que acusaron de mentirosa, claramente, ya que negaron la situación denunciada- y unos pocos amigos de la banda nuevamente jugaron el jueguito al que estamos acostumbradas: revictimizar.

Escribo esta nota porque desde los años 80´s frecuento el ambiente de rock, muchos de mis amigos son músicos, y trabajé años como productora de un programa donde fueron entrevistados desde Black Sabbath hasta La Polla Records, pasando por todo el espectro –desde el underground hasta bandas que llevaban 70.000 personas a un estadio.

Y porque quiero tocar algunos aspectos que no leí en otras notas:

1.

Ninguna niña, adolescente, mujer que haya atravesado una situación de poder (un ídolo es eso: un poderoso, como un profesor con una alumna, un productor con una aspirante a actriz en un casting o lo que se les ocurra) se pondrá una remera que diga “Abusada por Franco, de Pez”, por ejemplo. Es una situación que angustia, avasalla, derrumba psiquícamente. Un abuso, una violación, tienen consecuencias a lo largo de la vida. Cuesta horrores hablar, y hay una tendencia a autoinculparse.

2.

Los que se defienden todo el tiempo con el argumento de “denuncia anónima, ¿porque no van a la justicia?” no tienen idea de lo que hablan: hace apenas días fue “corrido” de su cargo un funcionario de la Comisaría de la Mujer por hacer pública la dirección de un refugio para mujeres que corren peligro de muerte. Hay infinidad de casos en que no solo no se toma la denuncia sino que las mismas víctimas son acusadas –“algo habrán hecho”-, escasean los médicos forenses para ejecutar el protocolo de violaciones y siguen los ejemplos. Por otra parte si alguien es denunciado y considera serlo injustamente no se entiende porque no tratan de acceder a la información, verificarla, hablar,  en vez de defenderse con argumentos que van desde “despechadas” hasta “mentirosas”. En el caso de Pez, para ellos el caso “no existió” y nos mandan a escuchar… ¡sus discos!

3.

La denuncia a Franco es un poco más grave, entiendo, porque el abuso se llevó a cabo hace apenas un año, cuando ya Cristian Aldana estaba detenido por varios hechos y el ambiente de rock no es tan ingenuo como para no leer el cambio social llevado a cabo por movimientos de mujeres que llenamos las calles por NiUnaMenos, por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito, YaNoNosCallamosMas, corpiñazos, pollerazos, igualdad de posibilidades económicas y profesionales.

4.

La chica que denuncia a Franco es de la Patagonia: el ombliguismo capitalino no puede leer el fenómeno de que una banda dé shows para públicos chicos, que posibilitan un contacto más directo. Las giras por el interior del país no tienen nada que ver con los shows de estadio o teatros, y para muchxs fans quizá sea la única oportunidad de ver a sus “ídolos”. Eso posibilita un contacto más directo, con consecuencias horrendas muchas veces.

5.

Algunos amigos de la banda introdujeron el concepto de “groupie”: solo diré que es un término de fines de los 60´s/principios de los 70´s que definió muy bien Robert Plant de Led Zeppelin: “Nosotros teníamos dos tipos de groupies: unas que sólo querían encuentros sexuales y otras que viajaban con nosotros, ocupándose de nuestras cosas, drogas, vestuarios, fiestas y demás”. Si quieren adentrarse en el tema, pueden ver la película “Casi famosos” de Cameron Crowe y podrán notar la diferencia de invitar a adolescentes pueblerinas emocionadas a un hotel estando ebrias y esperando que quiebren con una groupie.

6.

Yo defiendo las denuncias anónimas: fue una carnicería la que sufrieron las denunciantes de Cristian Aldana y de Miguel del Popolo de La Ola que quería ser Chau, que anda tocando la guitarra en la casa de su mamá porque la justicia es un poco lenta cuando quiere. Lo que me llama la atención es que muchos piensen que se viraliza cualquier denuncia, que nada se chequea: ahí nuevamente somos tontas, mujeres fanáticas, a las que no nos cuesta nada mentir para joder a un músico “de trayectoria”, como si eso fuese garantía de algo en cualquier ámbito. ¿Qué ganamos con eso? Es divino ser “la abusada”. ¡Vamos! “Una remera que diga…”

7.

La “defensa” que hace la hermana de Franco es pública, por lo cual cito: “Como mujer de 51 años, médica ginecóloga y con amplia experiencia en atender problemáticas de la mujer, te recomiendo que no tomes una “birra” tras otra… así podés cuidarte y tener control de tus actos (…)”. Lo pueden leer acá.

Para seguidores de Pez, recomiendo especialmente la nota de Julieta Greco en Anfibia y el posteo de Flopa Lestani.

Yo nunca fui fan de la banda, pero si muy seguidora la página: los posts de Ariel Minimal eran posicionantes, hasta combativos. No creo que el comunicado lo haya escrito la banda, pero se hicieron cargo de publicarlo. No se dieron cuenta que tenían seguidorxs pensantes, involucradxs con la realidad.

Ah, también suspendieron el show de Niceto.

Porque esa pibita patagónica es tan mentirosa e inventa tanto que increíblemente la leemos, nos angustiamos, le creemos y nos solidarizamos.

Así somos.

Miriam Maidana
Miriam Maidana

Psicoanalista, investigadora UBACyT en Consumos Problemáticos.

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