Cosecha
Cumelen Berti, más conocida como Paz, oriunda de Río Negro, migró a Buenos Aires para expandir su mensaje de lucha y respeto para su pueblo indígena y para la comunidad trans e identidades disidentes. Artista audiovisual mapuche rapera no binaria presenta en sus trabajos ritmos nuevos y ancestrales.  
Por Ulises Rojas/Foto: Xiomara Wissocq

Después de muchos años de vivir en Brasil donde se formó como cantante rapera, Paz volvió a Buenos Aires ya consagrada como una artista de la disidencia sexual y de género, con nuevos trabajos, recitales y proyectos. Descendiente de mapuches por parte de su madre, despliega un mensaje de igualdad y respeto para con su pueblo indígena y para la comunidad trans.  Está promocionando “Patagonia Emergente”, disco que cuenta con diez canciones y en el que utiliza instrumentos ancestrales mapuches. El activismo se transforma en arte y performance para dar visibilidad a otras voces e historias.

Sus letras hablan de nuevas subjetividades, de otra humanidad posible pero también de la lucha por justicia de un pueblo ancestral, la vida en los barrios humildes muy lejos de las grandes urbes, la opresión del patriarcado y la resistencia a partir del arte.

Paz Berti rapea en español, portugués y mapundungún (lengua mapuche) de minishort o pollera, poncho o pupera. Danza al ritmo del funk o del trap mientras mueve su largo pelo negro azabache.  “Allá en la escuela me hicieron dividir, entre hombre y mujer no voy a dividir”, canta.

Soy una persona trans-marica que nació en un barrio periférico de Allen en Río Negro. A los doce años hice un árbol genealógico para un trabajo que me pidieron en la escuela, donde descubrí que mis descendencias eran mapuche”, dice a Cosecha Roja.  De chiquita siempre le gustó cantar y exponerse, se anotaba en todos los actos. Arrancó estudiando canto. “Todo el mundo me decía que el canto no era lo mío, que mi voz no podía ser escuchada. Como pasa con muchas identidades disidentes, nuestras voces no pueden ser escuchadas, no son voces para hablar, para decir, para cantar”, dice Paz. En lugar de derribarla, esos comentarios la empoderaron.

“El arte me salvó en un pueblo de 35 mil habitantes donde las voces disidentes siempre eran silenciadas. Donde no tenía una referencia que se emparente a mi subjetividad. El único lugar que tenían las maricas y las travestis-trans: la ruta 22.  La única vida posible: marginalidad. Tengo el recuerdo de pasar de noche por la ruta y ver a todas las travas muriendo de frío, con el frío patagónico de invierno, trabajando para ganar su dinero”, dice.

Una vez, cuando tenía 13 años, estaba en un boliche con sus hermanas y vió entrar a Paloma, una trava con el pelo largo amarillo. “Es acá”, dijo Paz.  

Para Paz todo tiene que ver con la música y el cuerpo. No existe una canción suya que no venga pensada ya con una representación audiovisual, todo parte de un cuerpo que expresa: un cuerpo trava, marica, originarix y en continua relación con la música. “Te veo en mí, me veo en vos y así comienza la transición”, canta en una de sus canciones más simbólicas mientras suenan instrumentos originarios.

La primera ciudad a la que migró fue Capital Federal. Allí se despertaron para ella un montón de intereses. Pero la gran ciudad nunca le abrió las puertas, las tuvo que patear sola. Llegó y se las arregló con todo en contra, sin el apoyo de su familia (la madre fue la única, le regaló una mochila para su viaje). Comenzó a estudiar Psicología y teatro hasta que se fue a Brasil. En Brasil conoció muchos ritmos nuevos, entro ellos, el fanki y fue un viaje de ida. Su primera ciudad fue Florianopolis donde las amigas travas y maricas la recibieron y la hicieron sentir a gusto en la noche, en el guetto. Fue allí donde escuchó por primera vez un estilo musical que la cautivó por sus tambores eléctricos hasta el punto que la hizo preguntarse: “¿Qué es esto que estoy escuchando?”. Migró hacia esa enorme ciudad. Terminó viviendo en una favela y cantando con un colectivo artístico de músicos llamado “Anarko-Fanki”.

Su inicio musical lo hizo con sólo cinco canciones. Después “Patagonia Emergente” es un disco que tuvo un proceso de tres años. “Conocí a Cristian, “Cristo Reventón” nos conectó una persona en común, nos hicimos re amigas, grabamos primero una canción “Camino auténtico”, hasta que me propuso grabar un álbum entero. La música nos conectó de una forma intensa hasta hacernos hermanas. Arrancamos a producir lo que queríamos pero sin tener un nombre, yo ya tenía el concepto del disco, que era poder empoderar a las maricas originarias, de barrio, marginales”.

“Con mi trabajo quiero poder decir: “Soy marica, soy no binaria, soy originaria”. Y eso transmite Patagonia Emergente: Poder trava marica. Son diez canciones, en el inicio del disco se escucha un kultrun que es un instrumento musical del pueblo mapuche, es símbolo del pueblo y Paz lo lleva tatuado en el cuerpo.

“Es tan hermoso que lo que represente a mi pueblo mapuche sea un instrumento musical ancestral. Que lo tocan las Machi que son las autoridades espirituales, son identidades que no pueden ser ni hombre ni mujer, totalmente anticoloniales”.

El disco fue grabado en Bueno Aires y pensado en Brasil. Actualmente, está promocionando su nueva canción “Temblor”, grabada en Argentina. El video fue realizado en Florianópolis. Ya disponible en su canal de youtube: PAZ música oficial.