palestina

Por Darío Martelotti.

Sameh Maraaba pasó un año preso. Cuando llevaba nueve meses detenido sin condena le dieron otros tres meses de cárcel por haber ido a declarar al Juzgado con una camiseta de la selección Palestina. “Para los israelíes el deporte palestino es considerado terrorismo”, cuenta su hermano. La de Sameh es una de las siete historias que componen “Yallah Yallah, fútbol, pasión y lucha”, un documental argentino que narra la ocupación israelí a través del fútbol.

“Realmente que un palestino triunfe en cualquier ámbito les causa terror, porque trasciende cualquier frontera”, explica Fernando Romanazzo, co director del documental junto al fotoperiodista Cristian Pirovano. “¡Yallah, Yallah!” (¡Dale!, ¡dale!) es la  primera coproducción oficial entre Argentina y Palestina. “La propuesta fue hacer un acercamiento distinto. El fútbol fue la estrategia, primero para empatizar y luego para acercar a la gente a una realidad que desconoce. Fue una excusa para llegar a un público que no tiene ni la más pálida idea de la causa palestina”, cuenta el director. “Para decirlo mínimamente, desde la creación del Estado de Israel en 1948 Palestina fue perdiendo año a año su territorio. Gaza y Cisjordania hoy son ghettos como el ghetto de Varsovia, encerrados por muros o por soldados”, describe.

El trabajo resulta un ejercicio valiente que retrata, sin espectacularidad ni golpes bajos, la cotidianeidad de un pueblo sometido a una ocupación lenta pero implacable. La película cuenta siete historias cruzadas por la usurpación y unidas por la pasión por el fútbol y el intento de salir adelante en un contexto hostil, donde en todo momento pueden ser detenidos, encarcelados y torturados.

Mientras la cámara sigue a cada uno los entrevistados se observan destellos de la ocupación: miradas de niños-militares que patrullan las calles, banderas del Estado israelí que flamean calles desoladas, un pueblo que, como puede, resiste. “Tomamos la postura de que éramos unos palestinos más, ni más ni menos. Corríamos el mismo riesgo que los palestinos”.

La idea del documental partió de la historia de un palestino que trabajaba en un campo de concentración, era hincha de la Selección argentina y quería mandarle una carta a Alejandro Sabella, por ese entonces técnico de la selección. Un día el hombre les avisó que no podía seguir con el proyecto y que no les podía contar las razones. Nunca conocieron los motivos, solo supieron que tenía un hijo detenido que estaba por quedar en libertad.

Cuando se cayó el protagonista conocieron a Susa, la segunda al mando de la Federación de Fútbol Palestino. “Con todos los prejuicios que tenemos del mundo musulmán o del mundo árabe. ¡La segunda en el mando de la Federación era mujer y en el mundo del fútbol super machista! Buenísimo, vamos con ella, dijimos”. Susa hace el trabajo operativo: organiza los partidos, los campeonatos. “Una mina con unos ovarios gigantes, que fue presa, torturada, humillada. Y vos la ves con una templanza y una fuerza que es admirable: VIendo si los jugadores fueron detenidos en alguna ruta sin razón, si masacraron a uno”, cuenta el director.

“Si alguna vez te tocó hablar antes con alguien que viajó a Palestina realmente es un antes y un después”, cuenta. La primera vez que volvió a Argentina, Romanazzo pasó dos meses deprimido. “Todos quedan allá, los vínculos de amistad se pierden y ellos viven una situación tremenda diariamente”. “La enseñanza es vivir el día a día. Ellos realmente el momento que tienen que vivir, el momento que están disfrutando algo, realmente lo disfrutan y son felices, no viven con miedo ni en pedo, eso es algo tremendo y buenísimo. Viven con orgullo”, agrega.

-Según lo que muestra la película hay mucha conciencia de lo que está pasando.

Totalmente. Naturalizado, sí, porque lamentablemente es natural y frecuente, pero sí con mucha conciencia: si vamos a comer, que sea felices. Aunque en media hora sepamos que se viene un bombardeo, o tengamos que ir a una manifestación de la que por ahí no sabemos si volvemos. De hecho hay una frase “bucra inshalah” que significa “mañana si Dios quiere” y que cuando la escuchás al principio puteás porque si vos pedís algo tan básico como unas pilas para filmar te responden eso. Pero la realidad es que mañana no saben si van a estar. Entonces cuando vos entendés eso, entendés lo que les pasa: vivamos ahora, tomemos el té y disfrutemos sin miedo, porque mañana no se sabe qué puede pasar.

-En la película se ven imágenes de una manifestación de palestinos que es reprimida brutalmente por los militares israelíes, ¿podrías explicarla?

La manifestación más grande que se ve en la película es la conmemoración de la Nakba, que para los palestinos es la Tragedia, que es el día después de la Fundación del Estado de Israel, en 1948, cuando los israelíes masacraron a los pueblos que no querían irse y expulsaron a los palestinos que vivían en aldeas y ciudades con el pretexto de que iba a ser momentáneo y que después iban a volver a sus tierras. Por eso el símbolo de la llave es muy famoso, porque todos cerraron las puertas de sus casas con llave y se la llevaron para volver. Pasaron 70 años y todavía muchos están con la llave esperando ese momento. Entonces todos los años se conmemora la fecha de la Tragedia y suele haber enfrentamientos con los militares israelíes, donde hay represión con balas de plomo, detenciones, cosas que nosotros conocemos también. Es como si acá siguieran gobernando los españoles y nosotros conmemoráramos el fracaso del 25 de mayo ante los españoles. Nos van a reprimir, y la represión es brutal.

-¿Cómo fue vivir el estreno de la película con nuestra Selección a punto de jugar un partido en Jerusalem?

-El fútbol te acerca pero también te puede alejar muchísimo. Se puede usar para el bien o para el mal. Imaginate si Argentina jugaba en Jerusalem. Olvidate que el mundo árabe, de hecho muchos argentinos, iban a dejar de sentir ese sentimiento tan puro de hinchar por la Selección. Porque te estás ensuciando y lavándole la sangre derramada de palestinos inocentes a un Estado genocida. Entonces te estás metiendo en una cosa política totalmente turbia, totalmente económica, que los jugadores por ahí muchos no tenían idea. Y creo que eso es un granito de arena que aportamos con la película, justamente por esto que te decía, vino mucha gente futbolera y gente no futbolera que no tenía idea de la causa y de repente dice “che, no pueden ir a jugar ahí, o sea, es inadmisible” y fuimos un granito de arena pequeñísimo en todo este quilombo.

-Casi tres mil personas fueron a verla en estas seis semanas que estuvo en cartelera.

-Y la réplica, porque nos empezaron a llamar y a llamar de grandes medios. Justamente por eso de que la película muestra cómo se vive el fútbol en Palestina y la Selección Argentina ni más ni menos iba a jugar en un territorio ocupado palestino, mirá, que casualidad. Es tremendo. Entrás en el juego de los atentados o de los posibles atentados, abrís la puerta para cualquier cosa. Y vos fíjate que siempre en estos últimos años empezaron a meter la palabra terrorismo, con los mapuches, en la triple frontera. Nada es casualidad.

En toda la película no se ve ningún mapa ni aparece información de los lugares, ¿por qué?

No pusimos ninguna referencia. No pusimos ni nombres, ni cargos, ni locaciones. La ocupación es en todos lados y le puede ocurrir a cualquiera. Ese es el concepto. Es buscado. Sé que complica muchísimo el tema de las historias que se cruzan, pero la idea es que el hincha puede ser cualquier hincha, el jugador puede ser cualquier jugador, y lo que mostramos es lo que pasa en Palestina.

 

El documental continúa en cartelera y puede verse hasta el miércoles 11 de julio en el Cine Gaumont en una única función a las 16:40.