Qué hace el Estado por les trabajadores sexuales

La desprolijidad de habilitar un formulario online de registro que incluía este rubro y luego deshabilitarlo reavivó en las redes sociales un debate histórico del movimiento feminista que aún no está zanjado: reglamentarismo, abolicionismo o despenalización. Y en el medio de lo discursivo, la emergencia de les que no tienen para comer.

Qué hace el Estado por les trabajadores sexuales

Por Cosecha Roja
09/06/2020

El jueves el Ministerio de Desarrollo Social puso online un formulario para trabajadores de la Economía Popular. El anuncio fue un alivio para miles de personas, ya que podrían acceder a programas de empleo, seguridad social y capacitación. Lo novedoso fue que, entre los rubros, por primera vez apareció el trabajo sexual. Pero duró muy poco: el domingo a la noche el formulario ya no estaba.

¿Qué pasó entre el jueves y el domingo?

El formulario de registro tomó la nomenclatura del INDEC sobre actividades laborales no calificadas. En esos informes que acompañan los ingresos a los programas sociales aparece una pregunta abierta:

¿Cuál es su actividad laboral?

Y muchas personas responden:

Prostitución / Trabajo Sexual. 

Fuentes del Ministerio dijeron a Cosecha Roja que alrededor de la cúpula hay posiciones encontradas sobre la prostitución y el trabajo sexual y es una discusión que se viene dando puertas adentro. Incluso antes de la pandemia, ya que Desarrollo Social tiene un área especialmente dedicada a Géneros. 

Sin tener dónde ubicar a esas personas en un formulario multiple choice, fue que  una fracción con experiencia en el territorio propuso categorizarlas como lo hace el INDEC, “entendiendo que las que decían que estaban en situación de prostitución pedían alternativas de formación y capacitación o incorporaciones a unidades productivas”, explicó a Cosecha Roja Ornella Infante, directora de Políticas contra la Discriminación del INADI, quienes vienen trabajando para buscar una salida a la grieta. 

Lxs que se definen como trabajadorxs sexuales no reclaman formación en nuevos oficios o un trabajo en otras áreas: piden un complemento salarial para poder cubrir sus necesidades básicas: “En el momento de este debate corre el día 80 de una cuarentena que ha privado del ejercicio laboral a toda persona, más aún cuando esa labor es en la vía pública. La urgencia por alimentos y recursos es clara”, dijo Infante.

Cuando el Sindicato de Mujeres y Meretrices de Argentina vio que las incluían en el registro de la Economía Popular, lo subió a sus redes festejando. En las primeras cinco horas unxs 800 trabajadorxs sexuales ya se habían anotado. Se había corrido la bola por todo el país y se esperaban más. Pero la discusión en redes hizo puja. Primero empezó a caerse la página. Después, el formulario ya no estaba.


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Ese domingo a la noche Gustavo Vera, director del Comité Ejecutivo de lucha contra la Trata y Explotación de Personas y asiduo visitante del Papa en el Vaticano, se metió en el debate y dio por cerrado el tema. Tuiteó que coincidieron con el ministro Arroyo en que “de acuerdo a la legislación y los convenios internacionales la prostitución no es trabajo”. 

“El formulario ya fue bajado”, dijo y hasta el momento esa fue la única explicación oficial. 

Desde entonces, quedó inactivo para trabajadorxs de cualquier rubro. 

Desde el comienzo de la pandemia, las personas que se autorperciben como trabajadorxs sexuales articularon para impedir desalojos y hacer llegar alimentos a quienes no pueden pedir el IFE ni los créditos como monotributistas, porque su actividad no es reconocida.

“El formulario puso de relieve una discusión que las trabajadoras estatales nos venimos dando. Somos un colectivo muy amplio y esto puso el acento en que la discusión se tiene que dar. Remarco que esta es mi opinión, ya que incluso dentro de la junta interna del Sindicato hay posiciones contrapuestas”, dijo Florencia Hiquis, delegada de Géneros de ATE capital. 

El INADI se viene haciendo cargo del asunto: “Estamos trabajando en la gestión de alimentos para lxs trabajadorxs sexuales en todo el país, asistiendo con el equipo jurídico en las situaciones de desalojo, también en la gestión de documentación con RENAPER y migraciones y en contacto permanente por situaciones de violencia institucional”, dijo Infante.

Un debate histórico en el movimiento feminista

La retórica que plantean lxs trabajadorxs sexuales es similar a la del aborto: el debate no es si trabajo sexual sí o no, sino legal o clandestino. Ayer sacaron una solicitada dirigida al ministro Arroyo para que vuelva a subir el formulario.

Nina León, trabajadora sexual e integrante de AMMAR lo explica así: “¿Querés que lo sigamos haciendo de manera clandestina, entendiendo que la clandestinidad lo único que hace es matarnos y habilitar las coimas de los policías? ¿O querés que accedamos a tener los derechos laborales que nos corresponden?”.


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Hay tres modelos en lo que hace a la regulación de la prostitución: abolicionismo (persecución de la explotación sexual ajena y descriminalización del ejercicio de la prostitución), prohibicionismo (prohibición y persecución de toda forma de explotación y del ejercicio de la prostitución) y reglamentarismo (regulación del ejercicio de la prostitución a través del establecimiento de controles sanitarios, espaciales y/o administrativos). 

Diana Maffía, directora del Observatorio de Violencia de Género en la Justicia de CABA, es una voz histórica del abolicionismo. Sobre el tema del formulario se explayó en Twitter y dijo a Cosecha Roja que “cualquier política que llevemos adelante para fortalecer la situación de las personas en prostitución no tiene que legitimar el sistema prostituyente, porque ese es el sistema que las explota”. 

Entre las personas travestis y trans también hay posiciones encontradas. En su caso la prostitución no suele ser una alternativa sino una opción obligada, por eso referentes como Diana Sacayán y Lohana Berkins se manifestaron abolicionistas. “Absolutamente abolicionista. La recuperación del cuerpo es uno de los actos más fuertes de libertad”, dijo Berkins.

Valeria del Mar Ramírez, delegada de travestis y trans de AMMAR en Constitución,  explicó la situación desde la cuarentena. “Las primeras semanas nos organizamos repartiendo bolsas de alimentos con ayuda que bajaba del Estado, pero cada vez  se puso peor y empezamos a desbordarnos. Tuvimos que pedir donaciones para armar bolsones y repartir. Nos dijeron para centralizar que fuéramos con tupper a buscar comida a los comedores”, dice a Cosecha Roja 

Para tener al menos un plato de comida al día armaron un cronograma de alianzas populares. Lunes, miércoles y viernes el comedor de la CTEP en Constitución. Martes y jueves el Sindicato de Camioneros hacía una olla popular, algo que hoy se cayó y que todavía no pudieron sustituir. Los sábados la comida es en Casa Roja: en Santiago del Estero 1933. 

Las argumentaciones de un lado y del otro pueden ser en mayor o menor medida entendibles. El problema es que discutirlo ahora, en medio de una emergencia, es un lujo. Y a quienes se autoperciben trabajadorxs sexuales les está saliendo demasiado caro.