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David Martínez vivirá para contar el infierno de su secuestro. El diputado perredista morelense por el V Distrito de Temixco estuvo a nada de ser ejecutado y descuartizado por miembros del cártel de Los Guerreros Unidos.

El relato de Martínez da frío.

“…corren hacia mí con las armas en la mano; apuntan contra mi hija… me interpongo, me tiran al suelo y uno se va tras de ella; ordena: ¡detenla! porque nos la vamos a llevar también… A mí me someten y escucho ruido de balazos, que en realidad fueron golpes con la pistola para romper la puerta del cuarto donde estaban ella y mi nieto, me imagino lo peor… desisten atacarlos; luego me llevan a un vehículo, me meten a la parte trasera… recorremos varias cuadras y me cambian a un sedán; me meten en la cajuela y después de varios movimientos me dejan bajo la escalera de una casa donde me amarran de pies y manos y me ponen una pañoleta en los ojos; no me dan de comer; sólo agua”…

Uno de los captores le exigió al legislador todo el dinero de su campaña por la alcaldía de Temixco; le preguntó cuánto había en sus cuentas bancarias; lo golpeó al enterarse de que sólo tenía 50 mil pesos. Al cautivo le dejaron claro que por ser perredista, no les convenía dejarlo con vida.

Rompió en llanto al explicarnos cómo se preparó para lo peor: “Yo estaba seguro que me iban a ejecutar y que tenía todo el tiempo del mundo para pensar las cosas; fui viendo los rostros de mi familia, primero de mis hijos, de mi esposa, de mi mamá, y mi papá fallecido, y a cada uno le pedí permiso para irme… y a mi papá le dije: ya voy para allá contigo, espérame”…

Pasadas las cuatro de la mañana del jueves, David Martínez fue liberado; 11 plagiarios quedaron detenidos.

Más allá del drama, los hechos nos llevan a varias conclusiones.

Primero: pese a las acciones de la autoridad contra Los Guerreros Unidos —implicados en la masacre de los 43 normalistas de Ayotzinapa— el cártel delictivo sigue operando en Morelos de manera impune.

Segundo: el grupo criminal interviene en la política corrompiendo alcaldes y amenazando a quienes aspiran a competir por cargos de elección popular.

Tercero y más grave: aquellos personajes quienes pretendan conseguir un puesto en la administración pública morelense deben estar dispuestos a jugarse la vida.

EL MONJE LOCO: La descomposición política y el descontento social del momento mexicano cimbran a las instituciones y cuartean a la democracia; minan la confianza en el voto como vía para resolver los conflictos. Minorías radicales encauzan ira y frustración colectiva; del hartazgo endémico se quieren valer los violentos empeñados en descarrilar los comicios en Guerrero y Michoacán. Las autoridades electorales temen más al descontento social que al crimen. El desencanto democrático no sólo surge por las ejecuciones extrajudiciales de Tlatlaya o las desapariciones forzadas de Ayotzinapa, no, viene de más lejos y es más profundo; es la desesperación expresa de los “jodidos” condenados al infierno. ¿Una visión provinciana del gobierno federal —secuestrado por los fantasmas de la conspiración— podrá manejar con éxito la emergencia de todo el Estado nacional?.. hasta ahora, no.