Así torturan en la “comisaría de la muerte”

Mauro Coronel, de 22 años, murió después de los golpes y torturas que recibió en la seccional décima del barrio Autonomía, de Santiago del Estero. Hay videos que lo demuestran. No es la primera vez que pasa: la comisaría ya tiene cuatro denuncias de muertes de jóvenes por apremios ilegales.

Así torturan en la “comisaría de la muerte”

Por Gisela Busaniche
09/06/2020

Los policías llegaron a la casa de Mauro Exequiel Coronel, de 22 años, y lo primero que hicieron fue pegarle. Después le dijeron por qué estaban ahí: la pareja había hecho una denuncia por violencia, que todavía se investiga. Mauro fue llevado a los golpes a la comisaría décima del barrio Autonomía de Santiago del Estero. A esa seccional la llaman la “comisaría de la muerte”, porque ya tiene cuatro denuncias de muertes de jóvenes por apremios ilegales.

Todo comenzó la tardecita del 30 de abril de 2020, en una casa humilde del barrio Santa Rosa de Lima. Después de una discusión por las hijas de ambos, Florencia llamó a la policía desde la casa de un vecino y denunció a Mauro, su pareja, por violencia. 

Los oficiales llegaron a la casa en los primeros minutos del 1 de mayo. La madre de Mauro, Laura Coronel, declaró que los policías lo golpearon al subirlo al móvil y hasta hicieron un disparo para ahuyentar a los vecinos, que se acercaron a mirar sorprendidos por los gritos en el barrio.

“Le pegaron con un palo tipo cachiporra en las piernas, ahí es como que se aflojó y quedó arrodillado, después le dieron muchos golpes de puño y patadas en todo el cuerpo hasta subirlo a la camioneta policial”, dice en la denuncia presentada ante la fiscal de la Unidad de investigación de Violencia Institucional, Erika Leguizamón.

Por la noche, la madre fue caminando hacia la Comisaría, acompañada por otro de sus hijos. Es ahí donde escuchó los gritos de Mauro desde el fondo. “Maaa, sacame de aquí, maaa, me están matando”. Laura preguntó a los agentes qué estaba pasando con su hijo.

-No pasa nada. Él grita por gritar.

-Vuelva mañana, con ropa-, le indicó otro policía. 

Al otro día, Laura volvió a la comisaría con la ropa para su hijo. Preguntó por él y le dijeron que ya no estaba ahí: había sido trasladado al Liceo de policías, la escuela de suboficiales.

Dos videos son parte de la prueba que demuestra la vejación y los maltratos que sufrió Mauro en esa comisaría. 

Uno está grabado dentro de la seccional por Laura y no tiene imagen, sólo audio: capta los gritos de Coronel pidiendo ayuda.

Laura aseguró haber visto a su hijo arrodillado y cómo entre cinco policías lo “bolseaban”. Se trata del método de tortura “submarino seco”, que consiste en colocar una bolsa de nylon sobre la víctima hasta lograr su asfixia. Un procedimiento usado sistemáticamente en la última dictadura que no deja huellas exteriores visibles. 

Esa noche, la madre de Mauro se quedó en la comisaría hasta las 3 de la mañana. Allí también negó la denuncia de su nuera y le interpuso otra por falso testimonio. 

En un segundo video publicado en las redes sociales y grabado en el patio de la propia comisaría, donde ningún civil tiene acceso, se lo ve a Mauro llorando, semidesnudo, todo mojado, gritando.

-Oficial, ustedes me han pegado a mi… 

Mauro balbucea. Dice: si ustedes hacen lo que quieren, quítenme las esposas, oficial… oficial. Cuando se da cuenta que lo graban, se tapa la cara y les dice que ellos le han pegado. 

El padre biológico de Mauro, Walter Ardiles, se enteró de la detención el domingo 3 de mayo y salió a buscarlo. Comenzó un peregrinaje en bicicleta que terminó en el Hospital. Primero fue a la Décima, ahí le dijeron que su hijo había sido trasladado a la Escuela de Policía. Cruzó Santiago, llegó a Lavalle y Colón, hoy convertido en centro de detención de infractores a la cuarentena. Ahí le negaron que hubiese ingresado alguien con el nombre Mauro Coronel. De ahí, se dirigió fue hasta el Liceo Policial, en la otra punta de la ciudad, donde le explicaron que estuvo retenido pero que llegó muy mal y que fue trasladado después de unas horas al Hospital Regional Ramón Carrillo.

Cuando llegó al hospital, encontró a su hijo enfermo, débil, y solo con asistencia de un tubo de oxígeno, en la Sala 1. Al lado, un balde donde vomitaba bilis con sangre. Ahí pudo hacer la última foto de su hijo con vida, donde se ven los párpados lastimados.

-Me han pegado en todo el cuerpo, me han hecho recagar, me han pegado mucho-, le dijo.

Al otro día, Walter volvió a visitarlo, pero ya estaba en terapia intensiva. El martes a la madrugada lo llamaron para informarle que Mauro había muerto a las 5 de la mañana.

¿Cómo murió? ¿A causa de qué? ¿Por qué? 

Silencio. 

Tres días después, frente a las denuncias que llegaban de organismos de derechos humanos, de organizaciones contra la violencia institucional y de la propia familia, el gobierno santiagueño publicó un comunicado en el que desmintió los hechos de violencia. Y adelantó un informe preliminar de la autopsia de dos páginas, encabezada por la junta médica del doctor David Jarma. “Fue una neumopatía bilateral con disfunción orgánica múltiple, con un foco infeccioso pulmonar que produjo un paro cardiorrespiratorio no traumático”. 

Es decir, no habría muerto por violencia, sino por una afección pulmonar. Pero ¿cómo si antes de ser detenido no tenía ni tos, ahora murió por eso? Eso es lo que se pregunta la familia y su defensa. Incluso el test de covid19 al cuerpo de Mauro dio negativo.  

Los abogados solicitaron a la fiscal Leguizamón que se cite como testigos a varias personas que estuvieron esa noche en la comisaría. También que se determine dónde y por qué razón fue alojado Coronel, qué pasó durante esas horas y que se impute a los policías que intervinieron por “torturas seguidas de muerte” y “agravadas” porque los autores pertenecen a las fuerzas de seguridad.

Periodistas santiagueños, como Eduardo Espeche, vienen investigando y denunciando crímenes en la “décima”. Esa comisaría tiene el único antecedente de una condena contra policías por torturas seguidas de muerte en Santiago del Estero. Cuando a principios de 2019 fueron condenados cuatro agentes por el asesinato de Ramón Vázquez, en 2013.

En el proceso del juicio por ese crimen, en 2018, Darío Pérez apareció muerto después de brutales golpes. También había pasado por la décima. 

Producción: Julián Zitta

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