Britney Spears: una esclava para ustedes

Por primera vez en 13 años la ídola pop tuvo una buena noticia: podrá elegir su abogado para dar la pelea contra la tutela que tiene su padre sobre ella. ¿Qué pasó en todos estos años? ¿Qué pasa con el vínculo entre salud mental y género? Ana Cabral escribe sobre el #FreeBritney y sobre la cantante y bailarina que la fascinó desde la adolescencia.

Britney Spears: una esclava para ustedes

Por Ana Cabral
15/07/2021

Arte: Federico Mercante

“Si Britney sobrevivió al 2007, tú puedes afrontar este día”. La frase que se volvió un meme habla de un momento bisagra en la carrera y vida personal de Britney Spears. Y también de la mirada sobre ella del mundo.

Ese año lxs fans esperaban con ansiedad su presentación en los MTV Music Awards, que marcaba su regreso a los escenarios. Pero cuando apareció, tenía la mirada perdida, los movimientos no tenían fuerza y su cuerpo no le respondía. Sin que se conocieran los detalles, supieron que era evidente que algo le sucedía.

La chica que a comienzos de los 2000 contaba en los especiales de MTV que hacía mil abdominales por día comenzó a salir de fiesta y a desplegar un costado impensado. La prensa la hostigó en un sinfín de episodios en los que la cantante estaba fuera de control: borracha a la salida de fiestas, vomitando en público, descalza en el baño de una estación de servicio, sin ropa interior en un auto. Mientras, su ex marido la demandaba y la amenazaba con quitarle la custodia de sus hijos. 

Britney se alejó de los escenarios y su vida privada se convirtió en un gran negocio para los medios. Y ella colapsó. Se rapó la cabeza ante la mirada atenta de los paparazzi, atacó el auto de un fotógrafo con un paraguas, fue llevada de su casa atada a una camilla y tuvo varias internaciones psiquiátricas involuntarias. La prensa se regodeaba frente a su caída y la señalaban como una “loca y desquiciada”.

Durante años Britney fue utilizada como consumo irónico. Los medios la mostraron y señalaron como objeto de burla “por su calidad ‘amateur’ y aspecto desaliñado”. Incluso lo hicieron muchxs de los que hoy, en épocas del #MeToo y #NiUnaMenos, publican notas serias y de análisis.

El miércoles 14 de julio por primera vez en 13 años bajo la tutela de su padre, Britney tuvo una buena noticia. Fue clave su declaración de fines de junio, la presión de los fans y que la causa se haya convertido en bandera de grandes estrellas. Por primera vez en lo que va del conservatorship, la jueza Brenda Penny le otorgó el derecho a elegir su propio abogado. Y ella eligió al ex fiscal Mathew Rosengart. La jueza aceptó también la renuncia de Bessemer Trust, la compañía que estaba a cargo de sus finanzas. Un mes después, Jamie Spears dijo que aceptaría renunciar a la tutela. 

En esa audiencia Britney volvió a hablar y lo hizo con la cabeza puesta en sus fans y el movimiento #FreeBritney: 

Es por ellos que estoy aquí hoy. Es por ellos que tengo la fuerza para hablar en contra de mi familia, que me ha silenciado durante años. Los que me volvieron loca fueron los miembros de mi familia. Intentan hacerle creer a la gente que estoy loca pero no lo estoy. Pensé que me querían matar. 

Britney habla

Pamela estaba frente al Congreso de Nación de Argentina cuando se enteró de la noticia de que Britney podrá tener un abogado contratado por ella. “Cuando le leí a les chiques en voz alta lo que estaba diciendo Britney sobre el movimiento #Freebritney ante la jueza casi lloro”, cuenta. Es integrante del movimiento #FreeBritneyArgentina. Cada vez que hay una audiencia por el conservatorship lxs fans hacen concentraciones en apoyo a Britney. Las llaman rallys y comenzaron primero en varias ciudades de Estados Unidos, enseguida se replicaron en distintos países del mundo y desde el año pasado las organizan también en Buenos Aires.

Pamela es una de las que motoriza los puntos de encuentro y diseña carteles con la consigna #FreeBritney bien grande que acompaña con fotos. El objetivo, cuenta, es que se realicen en lugares en los que circula mucha gente así llega el mensaje a la mayor cantidad de personas posibles. Lo hicieron en la Facultad de Derecho, en la estación Retiro y en las puertas del Congreso de la Nación. En todos los encuentros piden el uso de “con barbijo y con distancia”. 

El 23 de junio de 2020 fue la primera vez que Britney declaró de manera pública sobre la tutela legal que pesa sobre ella desde 2008. Ante la jueza Brenda Penny, la artista pop detalló telefónicamente el calvario que vive desde que comenzó el conservatorship: no puede disponer libremente de su dinero, manejar, votar, decidir cuándo ver a sus dos hijos, postear en sus redes sociales sin previa supervisión, ni hablar con la prensa sobre esta situación. Sus fans denunciaron estos abusos a través del movimiento #FreeBritney: Si Britney no se encuentra en condiciones mentales para ser autónoma, ¿cómo es posible que continúe trabajando? ¿Cómo puede generar millones de dólares de ganancias?  Y si en cambio se encuentra mejor de lo que dicen, ¿por qué sigue sumergida en este proceso?

En la última audiencia Britney dijo que fue explotada económicamente y que la tutela es abusiva. Responsabilizó a su padre y a su familia, a quienes quiere demandar. Expresó que todas las personas involucradas en el conservatorship deberían estar presas. Además, reveló que fue obligada a trabajar bajo amenaza y medicada con psicofármacos contra su voluntad: “Le dije al mundo entero ‘estoy bien y estoy feliz’, pero es mentira (…) Es vergonzoso y desmoralizador lo que he atravesado. Esa es la razón principal por la que nunca lo he dicho abiertamente. Quiero recuperar mi vida”.

Además de la explotación económica de la que es víctima (“hicieron un buen trabajo al explotarme”, dijo en su declaración), Britney no puede disponer de su propio cuerpo. En esta misma audiencia, detalló que no le permiten quitarse el Dispositivo Intra Uterino (DIU) que tiene colocado pese a que desea casarse con su novio y tener más hijxs.

La tutela fue, según justificaron en aquel entonces, porque ella no se encontraba en condiciones mentales para ser autónoma. Después de lo que pasó en 2007, Jamie Spears consideró que debía controlar la vida de su hija al mejor estilo del siglo XIX. Y el sistema judicial del estado de California le otorgó el control, primero de manera temporal y luego permanente.

El 14 de julio Britney adelantó que denunciará a su papá: “Quiero deshacerme de mi papá y acusarlo por abuso de la tutela. Estoy aquí para presentar cargos en su contra porque rompió una puerta y sacudió a mi hijo”.  

Se refería a lo que pasó en septiembre de 2019 cuando Kevin Federline, ex marido y padre de los hijos de Britney, solicitó una medida de restricción perimetral que impidió a Jamie Spears acercarse a sus nietos. Por esa restricción, Jamie se vio obligado a dar un paso al costado en el control de la tutela y Jody Montgomery, su mano derecha, quedó como titular del conservatorship.

Lo cierto es que Britney ya había denunciado a su padre en mayo de 2019, pero sus palabras no fueron tenidas en cuenta por la jueza. En la audiencia del 23 de junio, Britney le había recriminado su actitud: “Usted me hizo sentir que estaba muerta”.

Quienes sí habían escuchado atentamente a Britney en esa ocasión fueron sus fans. Fue ahí, en mayo de 2019, cuando surgió el movimiento #FreeBritney. 

El miedo a que no le crean

En la declaración de junio Britney admitió que no habló públicamente antes por miedo a que nadie le creyera y a que se burlaran de ella. Lo dijo al comienzo y lo repitió cerca del final. ¿Cómo se explica esta frase en manos de una mujer que montó un imperio con su imagen, bailes y música?

El hostigamiento que sufre Britney tiene un fuerte componente misógino. Si un varón famoso hubiese atravesado la misma situación, posiblemente no habría pasado por ese escarnio público. Es sabido que, históricamente, el argumento de la locura ha funcionado como una herramienta para invalidar el discurso de las mujeres.

Según Lorena Astudillo, abogada feminista y vocera de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, “En el día a día, a las mujeres tratan de decirnos que estamos locas de muchas formas. Se ha utilizando malamente ciertas atribuciones emocionales o problemas de salud mental para invalidarnos. Si una mujer llora mucho, porque hemos sido más adiestradas a sacar nuestras emociones, enseguida nos patologizan y nos dicen depresivas. En cambio, si un hombre llora es el sensible, el que está deconstruído”.

Y continúa: “Se supone que una mujer loca no es capaz de tomar decisiones, ni de hacerse cargo de sí misma. Pero cuando ese mismo calificativo se utiliza en varones se supone que son genios, creativos y se celebran ciertas conductas extrañas”.

“Hay una tendencia a patologizar a las mujeres que no cumplen con determinados estereotipos. A Charly Garcia, por ejemplo, nadie lo patologizó. ¿Qué hubiera pasado si una mujer se tiraba de un séptimo piso de un edificio?”, se pregunta Astudillo. 

El término gaslighting busca visibilizar un tipo de violencia psicológica sutil, pero no menos dañina. Se trata de la manipulación masculina que se ejerce hacia las mujeres, particularmente en las relaciones de pareja.  “Las mujeres hemos sido socializadas con culpa. Entonces nos hacen creer que estamos equivocadas, que lo que vimos o escuchamos, no es así. Pretenden hacernos creer que estamos imaginando cosas e intentan convencernos de que lo que pensamos no es real. De esta forma, logran desestabilizar completamente la propia credibilidad. Es una práctica muy masculina. Ellos se ríen, la validan entre ellos y a nosotras nos resta sentidos de capacidad y genera que desconfiemos de nosotras mismas. Es muy violento”, describe Astudillo.

Romper con la idealización de la familia

La contracara de quien supo bailar Slave for you con una serpiente en el cuello en una de las presentaciones de MTV, es esta versión de Britney frágil y vulnerable que quedó al resguardo de su padre.

¿Por qué el poder judicial (y las instituciones en general) siguen recurriendo a la estructura familiar como equivalentes a lugares de resguardo y cuidado? Las familias no son siempre la solución sino, por el contrario, muchas veces son parte del problema. Hoy en día sabemos que existen familias en las que los padres se ausentan o que no pagan la cuota de alimentos y otras en las que los padres son los que abusan sexualmente de sus hijos.

“La mayoría de las veces, los casos de abusos se generan dentro del ámbito familiar. Esa idea de que un padre de familia es necesariamente un padre que protege está completamente alejada de la realidad”, dice Astudillo y agrega que las mujeres hemos avanzado mucho más rápido que las instituciones. “Las legislaciones siguen estando atrasadas. Por ejemplo, se sigue pensando que las mujeres denunciamos por despecho”.

El caso de Britney no es el único ni es aislado. El conservatorship es contrario a lo que establece la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, al cual Estados Unidos adhirió pero no lo ratificó. Por el contrario, Argentina adhirió y lo ratificó en 2008 (al igual que otros 177 países) y le dio jerarquía constitucional en 2014.

“Cuando una persona no puede ejercer sus derechos por sí misma, se designa a un curador o un tutor para que lo represente y ejerza esos derechos que la persona no puede. Esta es la situación en la que se encuentra la artista, como muchas otras en el mundo”, agrega la ex jueza y secretaria ejecutiva del Órgano Nacional de Revisión de Salud Mental, María Graciela Iglesias.

Para la especialista, en el mundo esta situación es bastante común pero hoy en día se está trabajando para que cambien las legislaciones y los paradigmas y establecer la toma de decisiones con lo que se denominan “apoyos”, tal cual viene sucediendo en toda la región: “Argentina fue la primera, pero después se sumaron Perú, Colombia, y ahora se está trabajando en Panamá y Chile. Pero hasta hace poco el modelo tutelar central era como el que tiene Britney hoy”.

El psicólogo y Director Nacional de Protección de Derechos de Grupos en Situación de Vulnerabilidad de la Secretaria de DDHH de la Nación, Leonardo Gorbacz, agrega que el Código Civil de nuestro país no solo cambia esa figura y la reemplaza por las figuras de apoyo, sino que también prevé que la propia persona los elija. “En el caso de Britney no le dan apoyo sino que la sustituyen, ni tampoco le dejan a ella elegir con quién se sentiría más cómoda”, agrega.

“En cualquier caso, la incapacidad y la designación de un representante legal que sustituya la voluntad de la persona en todo es una grave violación de derechos humanos”, dice.

“La repercusión que ha tenido este caso en la sociedad norteamericana, puede llegar a ser una puerta de entrada para el debate fuerte y sincero sobre el campo de la salud mental, y de las mujeres en su singularidad”, sintetiza psiquiatra y profesora adjunta del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina (UBA), Diana Zalzman. 

Que Britney te enseñe a bailar 

Escuché hablar sobre Britney por primera vez en un recreo del colegio al final de sexto grado. Lucila dice que en realidad fue durante un almuerzo un sábado en el patio de comidas de Coto de la avenida Cabildo. Era 1998 y, como coletazo de la separación de mis papás unos años antes, en mi casa no había cable. Mis amigas que sí tenían se la pasaban hablando de ella y de su video Baby One More Time. Lo daban muy seguido en un canal que se llamaba The Box, en el que la gente marcaba por teléfono el código del video musical que quería ver. La cosa es que yo solo podía hacer uso de ese canal cuando iba a jugar o me quedaba a dormir en la casa de alguna de ellas.

El nuevo milenio me encontró en primer año del secundario con tele, computadora y, después de insistirle mucho a mi mamá, con cable. Eran tiempos de consumo desmedido de MTV y MuchMusic, que se ubicaban en los números 33 y 34 de Multicanal, y de internet con dial up para usar solo a la noche, que era más barato.

En 2000 tenía educación física con una profesora con la que me llevaba mal. Odiaba correr y hacer abdominales. Para fin de año nos pidió que hiciéramos un “esquema” en grupo y automáticamente decidí que sería una coreografía. Les propuse a Sol, Juliana y Rocío que hagamos el mix que Britney había bailado en los MTV Music Awards de 2000 (I Can’t Get No Satisfaction / Oops! I Did It Again), incluyendo el streaptease (que en nuestro caso fue mucho más inocente y rústico). Les expliqué el paso, nos juntamos a ensayar y lo mostramos. Nos sacamos un 10 y con eso remonté las malas notas que tenía por no correr.

En mi colegio progre estatal la mayoría escuchaba rock (nacional y de afuera), punk, música alternativa. Decir que te gustaba Britney te colocaba en un lugar, de mínima, naif y superficial en medio del predominio de adolescentes contestatarixs.

Aproveché el verano de 2002 en la Ciudad para buscar institutos de danza. Yo solo quería aprender a bailar como Britney con sus movimientos cortados, como en las presentaciones en vivo que me bajaba con el Napster e Imesh. Eran tiempos de fiestas de 15 y, sin importar el grado de cercanía que tenía con la cumpleañera, siempre proponía armar alguna coreografía grupal a modo de regalo. 

El tiempo pasó, las clases de danza siguieron y en 2007 me anoté con una amiga en un curso para bailar coreografías originales de todos los temas de Britney. Las clases estaban a cargo de Elsa, pero la que tenía la posta era Silvia, una especie de segunda que la superaba ampliamente en técnica y estilo. El equipo se completaba con Mady, una chica que cantaba y que tenía la responsabilidad de representar a Britney en la muestra de fin de año. Silvia enseñaba la coreografía de dos temas por mes. Muchas ya las sabía, pero me vino bien para perfeccionar algunos baches. 

Mientras aprendía cada paso la vida de Britney se derrumbaba. 

Nunca se le destacó (ni destaca) a Britney su condición de bailarina combinada con gimnasta. En medio de una coreografía podía realizar un flic flac (la famosa vuelta hacia atrás) y un doble o triple giro. Eran de una complejidad poco habitual, incluso al comparar con artistas de hoy. El desgaste físico que implicaba cualquiera de sus presentaciones en vivo, sobre todo cuando eran en giras y hacía shows de casi dos horas en los que solo frenaba cuando cantaba uno o dos temas lentos, debía llamarle la atención cualquiera.

A mi me fascinó desde la primera vez que la vi y me marcó en el vínculo con la danza. Desde el surgimiento del movimiento #FreeBritney, además, trabajé para dar a conocer los detalles del conservatorship en las distintas audiencias y de los 13 años de esclavitud disfrazados de tutela. 

Ana Cabral

Ana Cabral

Periodista que baila. Trabajó en Infobae, FM La Patriada y en las áreas de comunicación de la Procuración General de La Nación y del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Realiza colaboraciones en distintos medios, como El Destape y Tiempo Argentino.
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