Carta de un preso: “Quiero reparar el dolor que causé”

Carta de un preso: “Quiero reparar el dolor que causé”

El juez de garantías Mario Juliano, integrante de la Asociación Pensamiento Penal recibió un mensaje de un preso: quería pedirle perdón e iniciar un diálogo con las familias a las que les había causado un daño. No busca la libertad ni una reducción de pena. Solo “restaurar aunque más no sea, de manera simbólica, la tranquilidad que oportunamente les arrebaté”, propone.

27/03/2019

Por Mario Juliano

Hace algunos días me escribió una persona privada de la libertad: “Mario necesito una opinión sobre un tema personal”, dijo.

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Hace tiempo (más de un año) que comenzó hacer ruido la cuestión de poder iniciar un proceso de reconciliación entre yo y las personas que han sido víctimas de mi conducta delictiva. Busqué argumentos jurídicos pero me encontré con que al tratarse de robo agravado no encuadra. Además me encuentro transitando una etapa recursiva ante la Suprema Corte de Justicia. Lo cierto es que considero que más allá de lo jurídico, poder establecer un diálogo sincero y cercano con esas personas sería una oportunidad para restaurar aunque más no sea, de manera simbólica, la tranquilidad que oportunamente les arrebaté. Pienso que hay dos cuestiones: por un lado, el daño psicológico que creo cualquier persona víctima de un delito experimenta. Por el otro, en este caso, el daño material por los bienes sustraídos.

En mi caso, creo que poder acercarme y escucharlos y hacerme escuchar por estás personas tendría un efecto positivo para todxs y seguramente (al menos a mi humilde modo de ver) nos dejaría un poco más tranquilos.

Pero por si acaso, yo pudiera reparar también el daño material a través de algún trabajo, pienso por qué no poder intentarlo.

Me siento en condiciones de poder transitarlo de la manera que sea. No pido que me rebajen la condena, ni que me den ningún tipo de beneficio a cambio. Creo que yo, más allá de las cuestiones técnicas que se ventila en los recursos, puedo hacer algo también por recomponer aunque sea y si estarían de acuerdo, su propia tranquilidad que un momento de mi vida les quite.

Si lo crees posible llevarlo a cabo, quisiera saber cuál sería la manera y cómo podría solicitarlo yo judicialmente. Sí es que estoy a tiempo y si es que estas personas tienen la voluntad para aceptarlo.

Cuando puedas, espero tu opinión, Mario.

Confieso que el mensaje me impactó y me emocionó. A pesar de las contingencias y las rutinas cotidianas, los jueces hacemos esfuerzos para no perder la sensibilidad. La claridad y sencillez del texto encierra, sin embargo, una densidad conceptual que justifica hacer algunas consideraciones.

¿De qué trata la cuestión? Una persona condenada por un delito contra la propiedad decide asumir la responsabilidad personal y afectiva por los hechos y poniéndose en el lugar de los otros, en el lugar de las personas que resultaron afectadas por su conducta, propone un encuentro para intentar sanar las heridas.

La propuesta es original: habitualmente las iniciativas de reconciliación nacen de las personas que han sufrido los delitos y que desean darle otro giro a sus vidas, abandonando el lastre del rencor, como un verdadero acto de sanación. Pero no es muy frecuente que estos gestos vengan de los victimarios, de quienes causaron el daño y el dolor.

Que el pedido de encuentro venga del lado del victimario tiene un doble significado: por un lado nos permite reafirmar la convicción de que todas las personas somos capaces de revisar los actos negativos de nuestras vidas y transformarlos en oportunidades; pero también abre un insospechado espectro de gestión de los conflictos, en la medida que sus protagonistas se involucren en saldarlos y buscar respuestas que no puede ofrecer el sistema formal de justicia.

Los encuentros de restauración deben hacerse desde el profundo convencimiento de buscar esas respuestas que no ofrece el sistema judicial, en forma absolutamente voluntaria y sin especulaciones de ninguna índole. Como bien se señala en el mensaje, sin buscar beneficios o ventajas.

Ignoro la forma en que terminará este caso. Si si se podrá lograr un entendimiento y reconciliación o si las víctimas rechazarán el encuentro. Pero tengo la seguridad de que el paso que dio la persona que me mandó la nota ya es un enorme triunfo.

Es un enorme triunfo para él mismo, que lo hace mejor persona, pero también es un acto que puede ser emulado por otras personas que se encuentran en su misma situación y que, por esta vía, pueden encontrar la fórmula de espantar sus fantasmas y hacer una sociedad mejor.