Cartas a Cristina Vázquez a un año de su muerte

Cristina estuvo 11 años presa por un crimen que no cometió. Fue absuelta en diciembre de 2019. Estaba sin trabajo, deprimida y sin acompañamiento estatal. Su abogada, junto a la directora y a la productora del documental que narra su vida, lanzaron la convocatoria “Una carta para Cristina”, para pedir justicia por su muerte evitable.

Cartas a Cristina Vázquez a un año de su muerte

Por Cosecha Roja
27/08/2021

Se cumplió un año del día que Cecilia Rojas encontró muerta a su amiga de toda la vida. Ambas estuvieron presas más de 10 años, sin pruebas, por un crimen que no cometieron. En diciembre de 2019 fueron absueltas. Cuando recuperó la libertad, Cristina no recibió ningún acompañamiento ni contención por parte del Estado. Estaba sin trabajo y deprimida. La investigación sobre su muerte apuntó a un suicidio. 

Quien sí la acompañó durante el proceso judicial y cuando salió en libertad fue su círculo de amistad. En este primer aniversario, Indiana Guereño, su abogada y presidenta de la Asociación Pensamiento Penal; Magdalena Hernández, directora del documental «Fragmentos de una amiga desconocida», que se estrenó en 2019 y retrata la historia de Cristina, y Gabriela Cueto, productora del documental, convocaron a una acción homenaje. Propusieron escribir cartas a Cristina. 

La convocatoria dice así: “El 26 de agosto se cumple 1 año de la muerte de Cristina Vázquez. Nuestra reflexión en esos días era “algo tiene que cambiar”. La realidad es que en un año nada cambió. No hubo ninguna acción que implique un cambio estructural en el proceso de elección de jueces y juezas, responsabilidad judicial por los errores judiciales o políticas de reinserción social. Queremos que este día sea algo más que solo un recordatorio, un mensaje que se pierda o una efemérides más en los calendarios.  Queremos que este dolor se transforme en hechos concretos, en cambios, en posibilidades. 

Cristina ya no está pero hay muchas y muchos como ella que están esperando por su causa, que necesitan acompañamiento al salir, que sufren en sus cuerpos la injusticia de este sistema judicial. Les invitamos a escribir una carta, de grito, de propuesta, de reclamo para sumar fuerza a este cambio. Esperamos sus cartas en [email protected]”.

Las cartas están llegando y mientras se siguen acumulando, en Cosecha Roja publicamos fragmentos de algunos de los textos. 

Carta para Cristina Vázquez a un año de su muerte

Hace un año de tu partida. Injusta y decidida.

Ahondar en las razones de tu decisión siempre me pareció una intromisión a tu vida. Una más. 

Divulgar los motivos por los cuales sufriste una pesadilla judicial, en cambio, resulta para mí un imperativo ético. Un compromiso asumido junto al Observatorio de la Asociación Pensamiento Penal desde el primer momento en que leímos tu condena. 

En el año 2001 fuiste acusada de un homicidio que no cometiste. No había pruebas en tu contra. En la escena del hecho no encontraron huellas ni rastros tuyos. Nadie te vio entrar allí. 

— No estuve ahí— decías insistentemente. 

Esa noche estabas lejos, ocho kilómetros de distancia te separaban de esa muerte. Las personas que estuvieron con vos se presentaron a decirlo en el juzgado. No les creyeron. No te creyeron. 

Tampoco se investigaron otras hipótesis ni se tomaron todas las medidas posibles para encontrar a la verdadera persona culpable.

Te condenaron por lo que creían que eras. Por chismes y rumores de barrio.

Pasaron muchos años. Más de una década en la cárcel esperando que alguien lea el expediente. Todo estaba ahí. En esas páginas aparecía notoria tu inocencia. 

—  ¿Cuánto tengo que seguir esperando?—  repetías en cada llamado.

El Procurador General de la Nación tardó un año en intervenir para luego señalar que no encontraba irregularidades. La Corte Suprema te absolvió ni bien tuvo el expediente en su mano. Unánime y contundente ordenó liberarte inmediatamente.

Era diciembre de 2019 cuando llegó tu salida de la cárcel. Cruzaste las rejas con tan solo una cajita en la mano. Esperaste en la calle un rato, y comenzaste de nuevo. 

La ausencia de reparación integral inmediata por parte del estado, sumado a la falta de responsabilidad por el error judicial por parte de quienes te acusaron y condenaron, terminó de profundizar un daño ya presente. 

Pasó un año ya. Me preguntarás si algo estructural cambió y, sin embargo, con pesar te digo, nada ha cambiado.

Indiana Guereño

***

Carta a Cristina 

Una vida acorralada. Tu caso fue un exponente de la impunidad y sus múltiples fuentes: la que produce el prejuicio clasista y sexista, la que negó la verdad a quienes perdieron un ser querido en un hecho cruel y violento y también la que producen y reproducen funcionaries judiciales amparados por estructuras opacas, el secretismo y privilegios.

Entre esos privilegios, está el de saber que, como regla, no van a rendir cuentas por los daños que causan, que a pura irresponsabilidad ocupan el lugar de decidir sobre la responsabilidad de otres. Y finalmente, la impunidad que hoy nos tiene recordándote, la que genera la inacción del Estado cuando –incluso reconocida la injusticia– se desentendió de acompañarte en forma suficiente en tus esfuerzos por sostener una vida vivible, en la que soportar y resistir por defender tu libertad acerca de cómo vivir, dejara de ser tu día a día. 

Aquella persecución y encarcelamiento que soportaste por más de una década, transitó cómoda en el apoyo en la criminalización de tus libertades y tu autonomía, en el reproche dirigido a no amoldarte a los mandatos y estereotipos. 

La violencia de las decisiones prejuiciosas no es solo un problema de modales y tratos, de lenguaje políticamente correcto, de “perspectiva”. Es, ni más ni menos, que el encubrimiento del enjuiciamiento a las personas por lo que son y no por lo que se supone que han hecho. El tuyo fue un proceso centrado en quién eras, en quien fuiste decidiendo ser mientras la libertad no te fue arrebatada, un juicio con la condena escrita de antemano porque los hechos no importaron nunca. 

Es insondable saber cómo se construye una decisión tan personal e íntima cuando no se puede más. Pero no podemos ignorar que medió también, entre más de una década de lucha y dignidad inclaudicable y ese desenlace tan triste, un sistema, un Estado que no paró de acorralarte. Primero con persecución, luego con abandono. 

¿Dónde están quienes durante once años sostuvieron la farsa de tu “caso”?  No hemos sabido de su enjuiciamiento ¿Cuánto sigue demorando la Corte Suprema en tratar los recursos que hasta hoy presentan las personas presas que, como vos, ejercen un derecho fundamental que nos es reconocido porque se supone que es tan dramático condenar que hay que garantizar que cuando esa decisión llegue, pueda ser revisada? Tu caso dejó claro que lo que en los papeles se reconoce como derecho, en la experiencia de los más vulnerables queda en el registro del ruego y la súplica sujeta al capricho de los poderosos.

¿Cuáles son las políticas de acompañamiento y reintegración que desde entonces se han impulsado para evitar que los estragos de la maquinaria punitiva y carcelaria sigan activándose cuando las personas recuperan su libertad? ¿Cuánto se ha transformado el letargo y la demora judicial que terminan por extorsionar a tantas personas que, a diferencia de vos y tu determinación, sucumben ante propuestas extorsivas de acuerdo y asumen responsabilidades que no les corresponden porque ya no pueden soportar la violencia del encierro? 

Este fue el año de la consigna “Reforma Judicial Feminista”. No fuiste evocada ni recordada en esos debates, no has entrado en los ejes discursivos de la hegemonía , ni siquiera de la que se autopostula feminista y popular. Una señal más de las capturas instrumentales de las demandas genuinas de transformación, como las que expresaba tu lucha. 

Apenas conociéndote a través de la enorme tarea de visibilización de tu caso, me aventuro a suponer que estarías orgullosa de saber que organizaciones y personalidades que no dudaron en sostenerte y acompañarte, siguen adelante con esa tarea inacabable que es transformar la realidad y luchar junto a quienes, como vos, hicieron de su vida un ejercicio de dignidad y autodeterminación. 

Las imposibilidades que sobrevinieron y te llevaron a ese terrible no querer o no poder más, tienen responsables. Para estar a la altura, habrá que seguir luchando y acompañar a quienes entonces te han sostenido y hoy te extrañan. Van entonces como homenaje, mis abrazos y compromiso para ellos, quienes no solo no abandonaron, sino que intensifican la lucha. En especial para la Asociación Pensamiento Penal y nuestra compañera de causas, Indiana Guereño, un abrazo más grande todavía. También un compromiso explícito –siempre en acción con otres– de continuar la tarea hasta que todo sea, sino como lo soñamos, al menos incesantemente menos cruel. 

Ileana Arduino

***

Ha desaparecido
su rostro.
se ha fugado
con su voz
hacia el confín de su cuerpo.
Ahora tenemos que
reinventar su
pasado
porque no hay
nada en la palabra
presente
que alimente
alguna potencia
perdida.
Esa potencia que fue
Fuego
Río
Libertad…

Nerina Coronel

***

Arrancaron tus alas,
soportaste la intemperie
Inventaron estigmas que fueron tu condena.
Ninguna lucha pudo con tanto odio
Tu libertad no pudo escribir otra historia
Hoy recordamos tu partida
Esa decisión de tu ser de pasar a otro
plano
Te transformaste en territorio
Nuestro territorio
Cristina Presente

Las Mostras

***

Hola Cristina, soy Sandra Beatriz Martínez, tengo dos hijos, Ludmila y Ramsés, esta es mi familia. Mi hija Ludmila y yo fuimos absueltas por el Tribunal de Juicio de Goya en la causa que se nos atribuía sin ninguna prueba en nuestra contra, ser autoras materiales d eun homicidio ocurrido a 180 km de donde nos encontrábamos.
Estoy convencida de que la justicia correntina que es administrada por hombres y mujeres, una justicia misógina, machista, que no respeta el derecho a la inocencia, con ausencia de criterio, debe cambiar, debe cambiar el modo de elección de los y las mujeres y hombres que administran justicia, para así poder tener las garantías constitucionales en plena vigencia y sepan fallar a derecho. Me despido simplemente diciendo nos vemos Cristina, nos vemos hermana.

Sandra Beatriz Martínez

***

Me rehúso a escribir una carta en la que no ESTÉS; te escribo viva, Cristina.
…te quería contar que estoy tomando tereré en el balcón, mirando como los lapachos de mi calle se tiñen con el amarillo mágico del sol que desaparece. Hay uno -mi favorito- que desafía al barrio entero: es blanco. Es el único lapacho blanco florecido en el horizonte… y es imponente.
No sabés lo que es, te va a encantar.
Hay tantas cosas que te van a encantar…

Gabriela María Macchi Galeano

***

Siguen pasando los siglos, los años, los días y el sistema judicial argentino sigue siendo el mismo, se reforma la justicia cuando el implicado corresponde a una persona con poder.
Mientras quedamos los desclasados esperando en las unidades penitenciarias de la provincia durante años, perdiendo la familia, la dignidad, las fuerzas un juicio justo que nunca llega, por qué, porque nuestras causas son encajonadas, luego un día el juez decide que termine ése caso (sin investigación, sin pruebas, sin nada) se firma que es culpable total no somos nadie, y las cárceles necesitan números para seguir lucrando al estado, miran nombre de causa y deciden poner cadena perpetua, 30, 25 años sin más que ver el nombre de la causa, total éstos números no son nadie.
Nunca más ni una Cristiana Vázquez… Basta de ser víctimas de una justicia para pocos.

Rocío Pérez

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Cuantos años de dolor, de soportar el escarnio, la condena social, que te señalen con el dedo, que te cierren las puertas, que hablen por lo bajo cuando entrás a algun lugar….eso te va matando….de a poquito….a lo largo de los años.
Esperemos que su dolor y padecimiento no sea en vano, que no haya nunca más Cristinas Vazquez (yo soy una de ellas), también mujer, y condenada en base a una condena social fundada en estereotipos de género, pero de la provincia de Entre Ríos.
Ruego que trabajemos juntas, para que no se produzcan nuevas condenas erradas, para que las que ya pasaron a “cosa juzgada” se puedan revertir, y además para que una vez revertidas dichas condenas, recibamos un tratamiento y contención social adecuados, para reparar algo del daño sufrido.

Liliana Rivas – Paraná – Entre Ríos
Condenada a Prisión Perpetua – Actualmente pidiendo justicia ante CIDH

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Lloro, como el día en el que me enteré de su muerte. Lloro por la injusticia de todo su padecimiento, los 11 años presa, la desesperación de tu inocencia escuchada tardía y evidentemente irreparable por la justicia. Pienso en todo lo que hice en esos mismos 11 años. Estudie y deje de hacerlo, trabajé, me casé, decidí ser madre, después divorciarme, cambie de trabajo, de pareja, hice nuevos amigos, me divertí, lloré, fui libre y decidí sobre cada cosa que equivocada o no, hice. Cuanto te robaron Cristina, te suspendieron en el tiempo cuando todo lo demás seguía. Te condenaron en base a prejuicios y vulneraron infinidad de derechos que tenías. ¿Cómo se repara? ¿Se repara?

Maria Soledad Frumboli

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A mí amiga Cristina
No te conocí, pero para mí fuiste mí amiga.
Porque me identifico con vos, se lo que sufriste, lo que sentías cada día y cada año que pasaste encarcelada, preguntándote cuando se termina esto.
Nada de esto hubiera pasado si tan solo se valoraran las pruebas, si la mayoría de los jueces no fuera un grupo de hipócritas, descorazonados y sin conciencia, si la ley se cumpliera como manda la Constitución y todas esas cosas que reclamamos a diario y nadie escucha.
Me gustaría poder decirte, por más que hoy no estés, que nosotros tus amigos seguimos siendo tu voz y que no permitiremos que tu partida no sea en vano.

Actis Pablo Gabriel

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Desde la partida de Cristina Vázquez NADA CAMBIO.
Cristina conocía el laberinto que significaba estar atrapada por ese Poder Judicial, sencillamente porque sabía que una vez que te atrapa es imposible salir.
Ese Poder Judicial que indiscriminadamente somete a las personas durante años a procesos penales interminables, detenciones injustificadas constitucionalmente y las abandona en una prisión olvidándose de sus derechos fundamentales cuando las libera no asume ninguna responsabilidad por los años de la vida que sin justificación alguna se cobró.
Lamentablemente, el laberinto judicial y burocrático que vivenció Cristina, sigue intacto.
Por eso, en estas líneas y en memoria de Cristina Vázquez, exigimos que el Estado implemente de modo urgente políticas públicas concretas de acompañamiento moral, psicológico, económico y habitacionalmente para todas las personas INOCENTES que injustamente somete a procesos penales y las encarcela, quitándoles mucho más que su libertad.
En este día triste, para revindicar a Cristina pedimos una pronta reforma judicial feminista con perspectiva de género, social y construida en base a los derechos humanos.

Asociación Mujeres Penalistas de Argentina

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Nos quedaron cervezas, y músicas pendientes. (…) sabemos lo que es saborear los pequeños triunfos, porque nadie les/nos roba los abrazos fuera de la cárcel, ni el aire en la cara, ni el saber que no hay nada tan poderoso que no pueda enfrentarse.

Magalí Rodríguez

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Me acuerdo de su mirada, que encerraba una pelea con ella misma. Porque no nos quería envidiar. Nos quería. Simple y sencillamente. Pero había un monstruo de bronca y rencor adentro suyo, que ella no quería dejar salir.
Me acuerdo el día que fuimos a un bar a tomar algo y a hablar como si fuéramos unas amigas más. Como si no tuviéramos pasado. Y hablamos de cosas y nos divertimos y compramos cigarrillos. Qué bien la pasé. Darme cuenta que podías reír y comer una hamburguesa y salir y tomar birra y fumar en la ventana, hacer todo como nosotras, pero principalmente con nosotras.
Todavía te agradezco eso.
Y después todo lo que vino.
Pero yo me acuerdo de esto.

Rosina Castillo

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…sentí que, aunque no te conocía más que por la película y por las noticias, no pude estar ahí para abrazarte, para decirte que le buscáramos la vuelta… que, de alguna manera, con la creatividad que nos da estar entre compañeres querides, podíamos cuidarte y cuidarnos.
Acá la seguimos remando Cris, no vamos a bajar los brazos, por el contrario seguimos sumando compas, redes, ideas y acciones concretas. Para frenar el horror. Para visibilizar las violencias. Hasta cambiarlo todo!!!!

Camila Pérez

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Lo que te pasó fue un aguacero que nos sorprendió en el medio del baile, desprevenidxs, sin ningún refugio cerca para seguir la fiesta ni paraguas a mano para seguir moviéndonos, aunque sea un poquito, por la alegría que todavía teníamos de estar festejando tu libertad. Claro, en el famoso e indefinido inconsciente colectivo sigue polulando la idea de que con la “resolución judicial” es suficiente…
Pero sí te puedo contar algo lindo. Este año, en Rosario, Pensamiento Penal junto a las compañeras de la ONG Mujeres Tras las Rejas abrimos nuestra primer sede conjunta y uno de nuestros muchos objetivos es ser un lugar de referencia al que concurran mujeres y disidencias que hayan estado o estén presas, o familiares y amigas de ellas, y
puedan realizar talleres, capacitaciones y recibir el acompañamiento que el Estado muchas veces les niega o dificulta… Recién estamos comenzando, y no es fácil, pero estamos muy ilusionadas de poder hacer algo diferente.
falta mucho, duelen las ausencias, ila tuya nos re mil pesa! Pero en ese camino de que algo cambie estamos…
No llegamos a conocernos, pero te pido perdón y te agradezco por ser inspiración, motor y motivo de lucha!

Bernardette

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La picadora de carne, en los estratos más internos, ya empezaba a dar sus frutos y a sosegar el clamor social que iba en búsqueda de justicia por la anciana vecina.
El Máximo Tribunal, luego de idas y vueltas, de resistencias obstinadas en el reinado misionero -que conllevó casi media década- y de once años de prisión, dispuso la inmediata libertad de Cristina.
Con ello, parecía el fin del reinado de la oscuridad, pero lo cierto que ella deja sus huellas y trasciende más allá de la verdad.

El reinado no sólo se encargó de arrancar de raíz su inocencia, de arrebatar sus años de juventud, de erradicar sus pensamientos, sus proyectos, su confianza, sus sueños, sino que le restringió las herramientas para motivarse en un futuro mejor, la confinó a un aislamiento solitario en libertad, le impidió posibilidades de crecimiento y de escapatoria a la marginalidad, y no le acercó siquiera instrumentos para empezar a olvidar y vivir una nueva vida.

María Alejandra Fili

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…decidí no quedarme sólo con que eras inocente, sino que quise ponerte una cara y una voz, surge Fragmentos de una amiga desconocida. Me acuerdo que te escuchaba, te miraba y lloraba, porque no entendía como éste sistema podría llegar a ser tan perverso, tan destructor. Me propuse que todas las personas que estuvieran a mi alcance se convencieran de verte y entender que no todos los que están privados de su libertad, o peor aún, condenados, eran culpables de esas conductas que rompen nuestro contrato social. Me sumergí tanto en tu historia que pensé (y tuve esperanzas) en viajar y conocerte.
No me olvido más aquel fin de año que sale en las noticias tu libertad, AL FIN ERAS LIBRE. Llore otra vez, pero porque lo único que recordaba era cuando dijiste que harías si volvieras a tu casa, pensé en tu mamá y tu papá, pero también supuse que la sociedad y el Estado te iba a seguir dando la espalda, pero nuevamente tuve esperanzas. Ni te cuento lo que sentí cuando supe que decidiste irte definitivamente de éste mundo, realmente me dolió como si fueras una amiga de toda la vida.
Desde ahí me propuse dar a conocer toda tu historia, (…) para que todxs aquellxs estudiantes que se están formando para ser abogadxs, como también lo estoy haciendo yo, no se queden sólo con el fallo Vázquez y rojas, sino todo lo que hubo atrás antes y después.

Luciana Coli

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Cristina fue liberada de una cárcel ajena, de una sanción infundada y arbitraria para salir a un mundo que se le tornó tan hostil como invivible. Así, las fronteras entre el adentro y el afuera se fueron diluyendo en un padecimiento que la dejó en un desamparo de vida que devino hilo conductor respecto de sus vivencias de encierro. Salió al ruedo en un escenario que, lejos de alojarla, sostuvo la exclusión que antes le supuso la cárcel y frente a la cual no pudo recuperar nunca la dignidad de sujeto de derechos que le permitiera el acceso precisamente a una vida digna.
La democratización de la justicia requiere de profundos cambios estructurales que la pongan al servicio de la gente, y no como expresión paradojal de su reverso, la injusticia, que deja a los seres humanos en extrema vulnerabilidad frente a la vida.

Ana María Careaga

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Lamento mucho la distancia que hoy nos separa, te juro que te daría un inmenso abrazo y te contaría muchas cosas graciosas que me pasaron para hacerte reír un poco más. Te llevaría al rincón más lindo de mí barrio para charlar por horas y sanar un poco más el alma. Te quiero, te queremos mucho y siempre vas a estar presente; te mando un gran abrazo Cris, tengo que irme, salgo a mirar el cielo, a buscar tu reflejo gigante y a intentar secar mis ojos con una caricia de viento, hasta pronto amiga.

Equipo de comunicación – La Coope Esquina Libertad

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…en este primer aniversario, elegimos recordar a Cristina de otra forma: queremos que todxs conozcan toda la parte de la vida de ella que la hacía la persona tan especial que amamos y extrañamos; la persona que estaba casada con otra mujer, que tenía un proyecto de vida, que planeaba cosas todo el tiempo y estaba a disposición de sus compañerxs y amigxs.
Pero queremos, también, que se sepa que Cristina era una persona preocupada por la vida de la gente que la rodeaba, con aspiraciones, con sueños y que murió peleando por todo eso.

Mariana (esposa de Cristina)
Nora Calandra (referenta de la Rama de Liberadxs del MTE)

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¿Cambió algo en este tiempo? ¿Alguna institución se responsabilizó por su muerte?
Pasó 11 años presa y era inocente.
Fue perseguida y condenada en base a estereotipos de género y prejuicios de clase. Ante ella, el principio de inocencia no existió y se desnaturalizó su derecho de defensa. Cristina nunca dejó de pedir que la escucharan.
Cristina salió de la cárcel con la vida rota, sin haber podido estudiar, sin un trabajo. Las políticas post-penitenciarias son indispensables para que las personas que estuvieron privadas de su libertad, especialmente aquellas que resultan absueltas luego de procesos penales larguísimos, tengan alguna forma de recuperar su vida y sus proyectos.
Cristina, luego de declarada su inocencia, no tuvo ninguna consideración por parte del Estado, que compensara mínimamente lo que le hizo vivir.

CELS

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Voy con una carta para ellos.
Ellos, jueces de la provincia de Misiones. Son funcionarios de primera instancia, de tribunal oral, del superior tribunal provincial. Ella era una chica que vivía en Posadas y terminó presa injustamente durante más de once años por un delito que no cometió. Nosotras somos las que quedamos con la bronca traducida en angustia en la garganta.
Ellos, los abogados que construyen la justicia patriarcal y racista que persiste a lo largo del territorio nacional. Ella era una mujer que no molestaba a nadie. Nosotras decimos: ella encarnaba un cuerpo que usaron para disciplinarnos a todas.
Ellos, los que dicen “llevaba una vida marginal”. Nosotras decimos: tenía la vida que quería, que podía. Tenía su vida. Y nos preguntamos qué tiene que ver su “estilo de vida” con una causa por homicidio. Ellos son “hombres respetables”. Ella era una laburadora a la que arruinaron la vida.
No permitirles escribir la historia oficial es una forma de justicia.

Natalia Saralegui

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Hace un año que no estás entre nosotros y todos la recordamos con cariño y con bronca contra un sistema que la condenó injustamente y nunca supo entender que al salir necesitaba ayuda, contención y que los culpables no la destruyeran aún más con su indiferencia.
Justicia, verdadera justicia es la que espero.

Claudia Rubbiani

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Estarás siempre presente Cristina, en el momento justo en que cada piba acosada y ninguneada se adueñe de su vida y su futuro.

Julieta Bandirali