Me confundieron con un narco

El Ministerio de Seguridad habló de ‘información precisa’ y ‘exhaustiva investigación’.  El anuncio de Patricia Bullrich aseguraba que habían atrapado al Daniel ‘El Gangoso’ Lobos, buscado desde febrero por traficar 750 kilos de marihuana. En realidad, habían atrapado a un almacenero que se llamaba igual que él. El hombre estuvo detenido una semana y  le contó su odisea al periodista Alejo Gomez, del diario Día a Día.

Patricia-Bullrich (1)

 

Texto: Alejo Gomez  – Fotos: Nicolás Bravo – Día a Día.-

Desde afuera, es un parte de prensa de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, elogiando una “exhaustiva investigación criminal” de la Policía Federal y sermoneando que los narcotraficantes deben “rendir cuentas para llevarles tranquilidad a los argentinos”.

Desde adentro, es un hombre de 44 años, detenido por error en la cárcel de Bouwer, que les ofrece su táper con milanesas a los presos para que no le hagan nada.

Esta es la historia de Daniel Edgardo Lobos, un vecino de Ampliación Vicor que se “comió” siete días en una celda por llamarse igual que otro hombre acusado de pertenecer a una banda que traficaba 750 kilos de marihuana.

Otra vez: desde afuera, un parte de prensa que elogia la lucha de la Policía Federal contra el narcotráfico. Desde adentro, un técnico en refrigeración al que un día le tocan la puerta, se lo llevan bajo amenazas, le sacan fotos como si fuera un trofeo, lo meten “de prepo” en una celda con presos condenados por robos y asesinatos, y una semana después queda en libertad y recibe una disculpa de un juez Federal.

 

En primera persona (I)

El ingreso a Bouwer fue algo inestable. Eran todos contra todos, podía pasar cualquier cosa. Tuve la suerte de que no me hicieron nada, pero a un chico joven, flaquito, que estaba a mi lado, le robaron las tarjetas de teléfono, plata, las zapatillas. Yo estaba aterrado. No estoy acostumbrado a esos ambientes. No podía creer que apenas horas antes estaba con mi mujer y mis hijas en mi casa, y de golpe me metían en la cárcel y me decían que iba a pasar años por narcotraficante. Estaba en shock, no entendía nada.

Vi algunas cosas y escuché muchas más. Robos, golpes, todo eso. Escuché a los hinchas de Belgrano, esos que detuvieron por la muerte de Emanuel Balbo, suplicar que no les siguieran pegando. Maltratos había de todo tipo. Me metieron en el módulo MD1, en la celda número 5. Dormía con dos hombres, uno preso por robos y otro por asesinato al que le habían dado una condena de 25 años.

Aunque “dormía” es un modo de decir, porque me era imposible: tenía todo el tiempo un ojo abierto, sentía un ruido en la puerta y me sobresaltaba. De todas maneras aclaro que los presos se portaron bien conmigo, me cuidaban. Los que estaban conmigo en la celda me trataban bien.

Sabía que era importante identificar al “pluma”, como le dicen al preso que manda en el pabellón, y presentarme con él.

lobos

De Entre Ríos a Córdoba

El parte de prensa del Ministerio de Seguridad de la Nación llegó a los medios de Córdoba el 24 de abril. “Cayó ‘Gangoso’ en Córdoba: estaba prófugo desde un histórico procedimiento contra el narcotráfico en febrero”, titulaba, y a continuación detallaba un operativo en Entre Ríos donde se detuvo a cuatro sospechosos y se les incautó 750 kilos de marihuana que pretendían trasladar a Córdoba.

Decía el parte: “El Ministerio de Seguridad de la Nación, a cargo de Patricia Bullrich, detuvo a Daniel Lobos, alias ‘Gangoso’, en la provincia de Córdoba. Fue a través de un operativo de la Policía Federal Argentina (PFA), que incluyó una exhaustiva investigación criminal.

Lobos integraba la cúpula de una banda narco que fue desarticulada en febrero, cuando la Policía Federal decomisó más de 750 kilos de marihuana que eran transportados en una camioneta BMW hacia la ciudad de Córdoba.

Desde entonces, personal de PFA se abocaba a la búsqueda de ‘Gangoso’, de 44 años, quien había logrado escapar y contaba con pedido de captura nacional e internacional. La pesquisa arrojó datos concretos sobre su paradero: frecuentaba un domicilio del barrio Vicor.

Con la información precisa, se montó una vigilancia discreta en el lugar. Finalmente, fue detenido a instancias del Juzgado Federal de Córdoba, a cargo de Alejandro Sánchez Freytes, y trasladado al Complejo Penitenciario de la localidad de Bouwer”.

El comunicado remataba con tres fotos del detenido, dos de frente y una de perfil, esposado y sujeto de los brazos por dos policías.

“Exhaustiva investigación” y “vigilancia discreta” no hubo ni de cerca. El viernes 21 de abril, policías de civil golpearon a la puerta de la casa de Daniel Lobos, que estaba ayudando a su esposa, Roxana Carreño, con el almacén que improvisaron en el garaje.

-Nos va a tener que acompañar a la Policía Federal. Le queremos hacer unas preguntas-, dijeron los policías.

-¿Qué pasó? ¿Me pueden explicar qué necesitan?-, se sorprendió Lobos.

-Es únicamente una consulta, nada importante-, le respondieron.

A Daniel no le “cerraba” la situación. Había algo raro, y así se los hizo saber.

-Si usted no viene con nosotros, automáticamente queda en situación de prófugo y volveremos a buscarlo en otras condiciones- le advirtieron.

Daniel y Roxana cerraron la puerta y subieron, asustados, en la Trafic blanca sin identificación que conducían los policías. Al llegar a la Delegación Córdoba de la Policía Federal, en avenida Irigoyen, Roxana esperó y Daniel fue escoltado a una habitación donde había un oficial superior.

-Acá está el detenido-, dijo el escolta.

Tal fue el shock de Lobos, que ni siquiera recuerda el momento en que le tomaron las fotos que acompañan el comunicado del Ministerio de Seguridad.

Comenzó entonces el calvario: lo notificaron del arresto, lo hicieron desnudarse para revisarlo y le pintaron los dedos. Ante las preguntas de Lobos, los policías lo evitaban con la excusa de que cumplían órdenes “de arriba”. “¡Mal, pésimo que no me digan por qué estoy acá, es un maltrato!”, se enfurecía Lobos. Hasta que un policía se apiadó y le dijo que lo fueron a buscar porque ya le habían enviado tres notificaciones, y él no se había presentado.

Nunca hubo notificación alguna. No, al menos, para el hombre que en ese momento quedaba detenido y era trasladado a la alcaidía de Tribunales Federales.

-Por favor llamá a un abogado, que no entiendo nada-, le alcanzó a decir Daniel a Roxana antes de ser metido en la camionetaLobos.
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En primera persona (II)

Hablé con el “pluma”. Fue muy claro desde el principio: me dijo “acá hay de todo, asesinos, ladrones, violadores. Pero no nos importan los motivos: acá adentro somos todos presos, y punto”. Me aclaró que en ese sector era importante el respeto: si respetaba a los demás, nadie me iba a hacer nada. “Si te mandás una cagada, si le robás algo a otro preso, te hago mandar a otro pabellón y vos te las arreglás”, me advirtió.

Al principio pasaba mucho tiempo metido en la celda, y el “pluma” se acercaba y nos decía “no se queden adentro, anden tranquilos que acá no ‘verdugueamos’ a nadie”. Y fue cierto, al menos conmigo. Vi y escuché cosas que no le deseo a nadie, pero por suerte a mí no me hicieron nada. Me concentré en no caer mal ni llevarme mal con nadie. Me decían “viejo” porque soy más grande que la mayoría. “Viejo, quedate tranquilo que no te va a pasar nada”.

Cuando me preguntaban por qué estaba, les decía la verdad: me acusaban de ser narcotraficante, pero era un error. Nadie me creía. Me decían “viejo, ¿cuánta droga te quedó afuera? ¿Quién quedó a cargo del negocio?”. Temía que me ‘apretaran’ para que metiera droga en la cárcel. Porque ahí adentro se consigue marihuana, cocaína, celulares. Lo que se te ocurra. Y sin embargo, es irónico: tuve mejor trato con los presos y los guardiacárceles que con los policías que me detuvieron.

“Esto es un error”

El lunes 24, al tiempo que la prensa cordobesa recibía el comunicado de la ministra Patricia Bullrich, Daniel era llevado al Juzgado Federal N°2, donde lo esperaba su abogado, Juan Manuel Riveros, y la secretaria que le iba a leer la acusación formal. Entonces pasó el absurdo: Lobos comenzó su declaración, y la funcionaria lo miró con cara rara. “El hombre que buscamos es gangoso… y usted no lo es. Es evidente que hay un error”, dijo la secretaria.

Tres días tardaron la Policía y la Justicia para constatar la simplicidad: el Lobos detenido no era gangoso. Tenía un nombre igual, o similar, al presunto narco prófugo, del que las escuchas telefónicas resaltaban su problema en el habla.

Daniel Lobos se enteró esa mañana de que estaba formalmente acusado por el fiscal Federal N° 2, Gustavo Vidal Lazcano, por “comercialización de estupefacientes” y “asociación ilícita”.

La funcionaria quedó en avisarle al juez para que revisara la causa, pero hasta entonces Lobos debía volver a prisión, y así fue. En eso, el juez Sánchez Freytes se apartó y el caso cayó el miércoles en manos del juez Federal N° 3, Hugo Vaca Narvaja, quien, ante los rumores en Tribunales sobre el arresto equivocado, se metió de lleno a leer el expediente.

En primera persona (III)

Estaba al borde de un ACV. Creía que iba a comerme años en prisión. Mi cabeza no daba más. Pensaba en mi mujer, en mis hijas. Debo haber bajado varios kilos porque dejé de dormir y comer. No iba a ‘ranchear’, como les dicen los presos a buscar la comida. Mi familia me trajo milanesas y las regalé. Mi cabeza estaba en otro lado, estaba mal. Es que yo no soy del palo de la cárcel. Estaba en un pabellón con asesinos y violadores, y no sabía cuándo iba a terminar eso. Si es que alguna vez terminaba.

Trataba de ocupar la cabeza leyendo la Biblia. Fui incluso a un culto evangelista y hablé con el preso que estaba a cargo. Le dije que soy católico, pero que necesitaba sumarme. Me dijo que no había problema.

Y así pasaba el día, leyendo, conversando con otros presos, viendo televisión. Tratando de adaptarme a algo que no sabía cuánto iba a durar. Mi abogado me dijo después que si no hubiera saltado rápido el error, me habría comido mínimo dos meses en Bouwer hasta que la Justicia se diera cuenta.

Pasó lo que pasó, y lo diré hasta que me muera: los presos me trataron con más respeto que la Policía.

Lobos

Libertad

El viernes 28, Daniel Lobos fue trasladado nuevamente a Tribunales Federales y liberado. El juez Vaca Narvaja enmendó en dos días lo que nadie había hecho en los cinco anteriores, y le pidió disculpas a Lobos, quien las aceptó.

“Fue un error, pero todavía no saben decirme de quién fue ni a qué se debió. Fue el juez Vaca Narvaja quien tomó el caso y se tomó la molestia de revisar los papeles, y ahí se dio cuenta de que no era yo a quien buscaban”, dijo a la prensa en la puerta del edificio.

Luego besó a su esposa y juntos volvieron a Ampliación Vicor.

Hasta hoy, nadie le dio explicaciones sobre lo ocurrido a este técnico en refrigeración e instalador de aires acondicionados. No sabe qué pasó, tampoco si este error perjudicará su relación laboral con los clientes, pero sí que su nombre está todavía en la causa y deberá aguardar un poco más hasta que le dicten el sobreseimiento. Los tiempos judiciales.

Hay quienes le insisten a Daniel Lobos que le haga juicio al Estado por el daño. Él, por ahora, piensa únicamente en dormir de un tirón, sin despertarse temblando por la madrugada.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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