Puedo ver cómo el fuego se acerca a mi casa

Los incendios en Córdoba siguen fuera de control y arrasan con todo en las sierras: vegetación, animales y viviendas. Consuelo Cabral cuenta cómo es vivir frente a la amenaza latente de las llamas.

Puedo ver cómo el fuego se acerca a mi casa

Por Consuelo Cabral
26/08/2020

El humo hace arder los ojos y la nariz. Desde mi casa se ve una nube marrón que parece tierra pero no lo es. El fuego está escondido detrás de una loma. Si trepo hasta la punta más alta de nuestro terreno, se lo ve: una lengua naranja serpenteando las sierras. Hace cuatro años, cuando empezamos a construir nuestra casa, un octógono de dos pisos con techo de paja y postes de madera, teníamos miedo del fuego, pero nunca imaginamos un incendio como el que está ocurriendo. Estoy en Villa Allende, llegando a Mendiolaza, en Sierras Chicas. A unas cuadras de mi casa está el camino al Pan de Azúcar, una de las zonas más críticas de los incendios en Córdoba. El fuego ya quemó unas 40 mil hectáreas. Después de su paso, el Pan de azúcar quedó como un esqueleto. Parece el cuerpo de un gigante carbonizado. El miedo es mucho, la angustia también.

Las llamas que cubren la zona del norte del Valle de Punilla desde Capilla del Monte para el lado de Cruz del Eje son la continuación de los incendios que empezaron hace diez días en el departamento Ischillín, y que por el viento llegaron a la zona. El domingo, mientras me mudaba, se vivió el día más terrible cuando se quemaron al menos siete viviendas. Los especialistas aseguran que llevará mucho tiempo recuperar la flora y la fauna afectada.

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El otro foco, el que baja del cerro Pan de Azúcar hacia La Calera, San Fernando y el paraje Casabamba, habría sido intencional y fueron detenidas cuatro personas: dos menores de edad, una mujer de 59 años y un hombre de 34, “quienes quedaron a disposición de la Fiscalía de Instrucción de Cosquín, a cargo de Paula Klem”, según dijeron fuentes judiciales a Télam. No puedo imaginar que sean personas que vivan acá y hayan puesto en riesgo sus propias viviendas. 

La idea de irme de Córdoba capital empezó hace nueve años, cuando recorrí Latinoamérica y conocí la bioconstrucción, una forma de hacer tu casa con materiales naturales, menos invasivos para el entorno como maderas, barro y quincha. El sábado con mi compañero y nuestro bebé, por fin nos mudamos. Pero el lunes a la noche, a dos días de llegar, era tanto el humo que ante el miedo, empezamos a barajar la idea de dejar la casa. Cenamos en silencio, preparamos lo más urgente y lo dejamos al lado de la puerta por si ocurría lo peor: un bolso con las compus, la cámara, la escritura, los documentos y las cosas del bebé.

Casi no dormimos. De a ratos subíamos a la montañita para ver dónde estaba el fuego, cuánto se acercaba el peligro.

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Acá en la zona hay muchos desarrollistas que quieren armar barrios cerrados, countries y emprendimientos inmobiliarios. Todavía no se conoce el origen de este fuego, pero más allá de las sequías, muchos de los incendios son intencionales. Se quema el bosque nativo para sembrar soja, para construir. Sin bosque, las luchas ambientales, carecen de argumento.

El Gobierno provincial puso una Base de Operaciones de atención de la contingencia (en Colonia IOSE Cosquín), donde se reunieron los ministros de Desarrollo Social, Juan Carlos Massei, y de Seguridad, Alfonso Mosquera, junto al subsecretario de Gestión de Riesgo y Protección Civil de la Nación, Gabriel Gasparutti. 

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“En función del análisis que hagamos aquí con la gente del Comité de Emergencia evaluaremos la posibilidad de conseguir otros recursos más que puedan estar disponibles”, dijo Gasparutti en conferencia. Se incorporaron al operativo cuatro aviones hidrantes y un helicóptero de la Policía Federal. Y ayer el presidente Alberto Fernández se comunicó con el gobernador Juan Schiaretti para poner los recursos de la Nación a disposición. Pero parece limitado lo que se puede hacer en este momento, después de haber dejado llegar al fuego y sus causas a semejante magnitud. Ahora solo puede aliviar una ayuda de la naturaleza.

Hoy amanecimos casi sin viento, pero sabemos que puede cambiar la dirección y descontrolarse. La computadora donde trabajo está frente a un ventanal. Mientras escribo veo el humo y me arden los ojos. El fuego no se ve, pero todavía sigue ahí.

Fotos: MinSeg Nación y Protección Civil de Córdoba

Consuelo Cabral

Periodista de La Nueva Mañana, de Córdoba. Becaria de la Beca Cosecha Roja.