Cerrado por duelo: lo que dejó el crimen del cerrajero en el microcentro

 

cerrajero inocente

A las 9:20 de la mañana un abogado y militar retirado mató a los tiros a un cerrajero que caminaba por San Martín y Lavalle, en el microcentro porteño. Intentaba atacar a una pareja de motochorros que le había robado una mochila con 50.000 dólares. El abogado fue identificado como Silvio Guillermo Martinero y quedó detenido a disposición de la justicia. Enseguida, aparecieron sus antecedentes: en el juicio por el triple crimen de General Rodríguez lo mencionaron como un operador de una cueva donde se cobraban cheques “difíciles” y lo vincularon a Sebastián Forza y a Ibar Pérez Corradi. En los medios y las redes, algunos periodistas y cientos de usuarios festejaron el crimen de un “motochorro”. Después se arrepintieron porque el muerto era “el cerrajero inocente”.

Una de las que contó la noticia por Twitter fue Mercedes Ninci: “dos motochorros asesinaron a un hombre en San Martín al 500. Hay un detenido. Los de las motos escaparon”. Acto seguido ratificó: “Me dice la policía que el hombre fallecido es un motochorro”. Después pasó a ser “un transeúnte”, luego un empleado, finalmente un cerrajero de Galería Jardín. Para justificarse culpó a la policía Federal y Metropolitana.

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La entrada del edificio Bellocq, en San Martín al 500, está recubierta de mármol rosa. Las molduras anchas y negras con detalles en dorado, la luz tenue y viscosa, le dan un aire de aristocracia perdida, de majestuosa decadencia. Entre las tres torres hay oficinas de cada una de las profesiones liberales: abogados, contadores, escribanos y financistas. En la planta baja funciona una guardería.

Muchos de los padres trabajan en el edificio y dejan los hijos en la planta baja. Hay bebes de 45 días hasta nenes de dos años. A las ocho y treinta, cuando abren las oficinas y el movimiento se vuelve constante, empiezan a llegar los primeros. Esta mañana una maestra los atendió, los reunió en una ronda, les puso música y los hizo cantar. Quizás por eso, no escucharon los seis disparos secos de las nueve y veinte de la mañana. La maestra dijo que era una moto arrancando, una madre recién llegada le contó:

– Parece que mataron a un hombre en la esquina.

En la oficina 64 del mismo edificio funciona el estudio de Silvio Guillermo Martinero. Su nombre fue mencionado por un testigo en la investigación por el “Triple crimen” de General Rodríguez y en la de la mafia de los medicamentos. En las declaraciones del juicio, la viuda de Sebastián Forza, Solange Bellone, lo nombra como recaudador de dinero “difícil de cobrar” de su marido. Miguel Angel Pierri, uno de los abogados de la querella dijo a Telam que Martinero “fue a declarar y contó que tenía una excelente relación con Forza, algo que sabemos que era mentira porque Forza le debía dinero y le temía”.

Martinero es un militar retirado. En 2008, el Colegio de Abogados le entregó la matrícula y desde ese momento ofrece “servicios de asesoramiento, dirección y gestión empresarial” según la AFIP. Durante estos años representó a varios militares y se jactó de tener buena relación con las Fuerzas Armadas.

A las 9:20 de la mañana Martinero llevaba una mochila con 50.000 dólares: dos hombres en una moto se la arrebataron. Él sacó un arma Glock y empezó a disparar. Uno de los proyectiles impactó en la espalda de Daniel De Negris, un cerrajero que caminaba por San Martín hacia su trabajo en un local de la Galería Jardín. Daniel murió desangrado en la vereda.

Ernesto Méndez, el portero del edificio Bellocq, contó a Cosecha Roja que Martinero era “un hombre afable”. Ernesto le llevaba el diario cada mañana y el abogado le preguntaba cómo estaban sus hijos. Para él, la situación en el barrio está “cada vez más tensa”. “Nunca hubo un tiroteo pero siempre hay motochorros, carteristas y arrebatadores en esta cuadra”, dijo.

A las nueve de la mañana, Ángel atendía el kiosco de mitad de cuadra. Vio una moto arrancando y escuchó los disparos. Se escondió en la parte trasera del local, detrás de una góndola, hasta que ya no hubo peligro. Cuando salió a la calle, vio el hombre desplomado y seis casquillos de municiones en el piso. “Hace un par de años había descendido el crimen en el microcentro, pero volvió a crecer en los últimos meses. Está muy jodida la cosa”, contó a Cosecha Roja.

En San Martín al 500, los arbolitos repiten “cambio dolar, cambio euro”. En una zona de sucursales de bancos, los agentes de bolsa conviven con cartoneros que revuelven la basura. Cada edificio de oficinas tiene seguridad privada y los vecinos insisten que tienen miedo y se quejan de la inseguridad. “Todos los días hay robos en esta cuadra, a mí me cuesta salir a la calle”, dijo a Cosecha Roja Anahí, encargada de un local de ropa.

La policía cortó la circulación de la calle hasta el mediodía. El SAME levantó el cuerpo del cerrajero que dejó una mancha roja casi en la esquina de San Martín y Lavalle. Guillermo Martinero quedó a disposición del instrucción Nº 13,  Luis Zelaya.

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Daniel De Negris tenía 56 años y trabajaba en la Cerrajería Integral del Centro, un pequeño local en el subsuelo de Galería Jardín. Vivía en El Pato, Berazategui. Cada mañana hacía dos horas de viaje para llegar a las ocho al local. Ayer había avisado que hoy iba a llegar más tarde porque tenía que hacer unos trámites.

Después de las diez sus compañeros de trabajo empezaron a llamarlo para ver dónde estaba. Uno de los guardias avisó que a media cuadra habían asesinado a un hombre y prendieron el televisor. César Lezcano, personal de limpieza de la galería, miraba en el noticiero las imágenes de las cámaras de seguridad: habían captado el momento preciso que uno de los disparos impactaba en la espalda del cerrajero. César se repetía que no podría ser Daniel. “Era tan buen tipo, un laburante como todos nosotros. Cuando no había trabajo, fumaba su cigarrillo en la puerta del local y hablaba de su familia”, contó a Cosecha Roja.

Ayer a la tarde Daniel le contó a César que lo obsesionaba el mismo tema que al resto de los comerciantes y profesionales que trabajan en el microcentro: la inseguridad. El cerrajero, además, temía por su hija de 12 años, no le gustaba que saliera sola. Esta tarde sus compañeros pusieron un cartel en la puerta del local que decía: “Cerrado por duelo”.

Salvador Marinaro
Salvador Marinaro

Periodista e investigador académico.

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