Detenidos y golpeados por comer en un McDonald’s

Detenidos y golpeados por comer en un McDonald’s

Dos chicos de 18 y 19 años estaban comiendo en el patio de comidas del shopping de Lugano cuando tres delincuentes asaltaron un local y se tirotearon con la policía. Los pibes fueron detenidos por error: les pegaron, los amenazaron y los encerraron en una comisaría durante 14 horas.

23/4/2019

Los disparos retumbaron en el patio de comidas del shopping de Lugano Factory Parque Brown. Agustín Jali, de 19 años, y Nahuel Rodríguez, de 18, estaban comiendo las hamburguesas que habían comprado en el McDonald’s. Se tiraron al piso y escaparon por la puerta de emergencia sin llegar a entender qué pasaba. Una horas después estaban en una comisaría y su foto circulaba en los canales de televisión: hablaban de dos delincuentes detenidos y uno prófugo.

Al día siguiente los dos amigos se enteraron de que tres hombres habían robado el local de Garbarino del shopping y se habían tiroteado con dos policías mujeres. Mientras los tres delincuentes escapaban por la salida de Avenida Escalada, Agustín y Nahuel salieron detrás de un grupo de personas por la salida de emergencia que da a Avenida Cruz. A esa hora, entre los 21.30 y las 22 el shopping ya estaba cerrado y solo quedaba abierto el patio de comidas.

La seguridad del shopping había dado el aviso al 911 y la policía andaba de cacería por los alrededores. Los dos amigos avanzaron por Escalada. Cinco cuadras después doblaron por Roca. La calle estaba oscura y desierta. A mitad de cuadra los cruzó una camioneta de la Policía de la Ciudad.

—Son estos— dijo uno.

Les apuntaron con las armas y los pusieron contra el patrullero. Después llegaron otros dos móviles. Agustín alcanzó a ver a seis o siete policías. Los revisaron: no tenían armas ni el botín que buscaban los policías. “A mi amigo le pegaron una piña en el pecho, lo tiraron en el piso y le pusieron las esposas. A mi me tiraron y me pegaron una patada en las costillas”. Agustín les preguntó qué pasaba, por qué los detenían.

—Cerrá el orto— escuchó como respuesta.

—Que ganas de meterte un plomo al lado de la oreja— cuenta que le dijo otro.

Les preguntaron si tenían antecedentes y ellos dijeron que no.

—Así que la primera vez y de caño— se reían.  

Un policía les sacó una foto con su celular: a la mañana siguiente esa imagen apareció en el noticiero que conduce Fabián Doman en Canal 13. Los periodistas hablaban de dos delincuentes detenidos y un prófugo.

El maltrato duró un rato más. Los amenazaban con pisarle la cabeza y cagarlos a palo. Les ajustaban las esposas para que les lastimaran las muñecas. “Después se fueron esos policías y nos dejaron con dos oficiales que nos trataron bien. Uno me decía ‘quedate tranquilo, me están diciendo que no son ustedes’”. Les sacaron las esposas y les permitieron avisaran a sus familiares.

Había pasado media hora cuando llegó un auto de civil. Bajaron las dos mujeres que se habían tiroteado con los delincuentes y un efectivo que estaba de civil en el shopping. Los alumbraron con las linternas y se dieron cuenta de que no eran los sospechosos que buscaban.

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“Ya había varios indicios que demostraban que no eran los delincuentes que buscaban”, contó a Cosecha Roja el abogado Hernán Mirasole, del colectivo Nace un Derecho. No coincidía la fisonomía ni la vestimenta, no tenían armas ni el botín que buscaba la policía.

Igual los llevaron a la comisaría 52, donde los tuvieron 14 horas en una oficina. Recién los liberaron poco después del mediodía cuando los canales de televisión mostraron los videos que demostraban que Agustín y Nahuel estaban en el patio de comidas cuando los delincuentes se tiroteaban con la policía.

Hasta la tarde de ayer el Juzgado 20, que lleva adelante la investigación por el robo no había recibido el acta de actuación policial. “La detención fue totalmente irregular”, contó Mirasole. El abogado anticipó que presentará una denuncia contra los policías por apremios ilegales en concurso con privación ilegítima de la libertad y amenazas simples.

“Yo estoy tranquilo”, dice Agustín. Sabe que en el futuro no tendrá que dar explicaciones a ningún juez por un robo que no cometió y que el dolor que tiene en la muñeca y en las costillas y las marcas que le dejaron las esposas se irán con el tiempo. “Lo más jodido es lo mediático, que nos hayan ensuciado así”, se queja.