El lado Norita de la vida

El lado Norita de la vida

Cuando en octubre de 1982 las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y otras organizaciones se estaban acercando a Plaza de Mayo las reprimieron. “El primer código era que un policía no te pusiera ni un dedo acá –dice Nora Cortiñas, señalándose la muñeca–, de lo contrario, si te tocaba, le decías: ‘Andá a la mierda, dejame…’. Ninguna se tenía que dejar empujar, ni ayudar, nada; menos si se trataba de un policía”. Te compartimos un capítulo de “El lado Norita de la vida” (Marea Editorial), la biografía que escribió Pablo Melicchio sobre nuestro ícono de lucha y militancia.

Por Cosecha Roja
14/08/2019

En octubre de 1982 las Madres de Plaza de Mayo junto a las Abuelas y otras organizaciones hicieron la “Marcha por la Vida y la vigencia integral de los Derechos Humanos”. Cuando se estaban acercando a Plaza de Mayo las reprimieron. “El primer código era que un policía no te pusiera ni un dedo acá –dice Nora Cortiñas, señalándose la muñeca–, de lo contrario, si te tocaba, le decías: ‘Andá a la mierda, dejame…’. Ninguna se tenía que dejar empujar, ni ayudar, nada; menos si se trataba de un policía”. Te compartimos un capítulo de “El lado Norita de la vida” (Marea Editorial), la biografía que escribió Pablo Melicchio sobre nuestro ícono de lucha y militancia.

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En el arte, como en la vida, no existe la objetividad. Esta foto, la del policía abrazando a la mujer, sin la voz de sus protagonistas y en la portada del “gran diario argentino” que tituló: “Pacífica concentración en el centro”, y debajo, como interpretación de la imagen: “En la foto, un oficial de la Policía consuela a una de las asistentes”, instaló un sentido alejado de la verdad.

imagen de clarín

El 5 de octubre de 1982, las Madres de Plaza de Mayo, junto a las Abuelas, el Servicio de Paz y Justicia por América Latina, La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, entre otras organizaciones, realizaron la “Marcha por la Vida y la vigencia integral de los Derechos Humanos”, con la idea de, al finalizar la manifestación, entregarle un petitorio al entonces presidente de facto general Reynaldo Bignone, reclamando la aparición con vida de sus hijos y el cese de los operativos represivos que se seguían desarrollando con total impunidad. Pero pronto llegó la represión para impedir que se acercasen a la Casa de Gobierno. La policía montada rodeó a las y los manifestantes.

En la fotografía, el policía Carlos Enrique Gallone, cuyo apodo era “Carlitos” o “Duque”, “abraza” a Susana de Leguía. Nora Cortiñas está detrás, a la izquierda de la fotografía, observando al uniformado, la boca abierta, “puteándolo”, me cuenta 37 años después.

–¿Qué recordás de ese día y de esa foto, Norita?

–Habían dispuesto que no íbamos a entrar más a la Plaza. Era un matrimonio, él había sido jugador de fútbol… ahora no me acuerdo el apellido… y su esposa tenía un salón de belleza y una peluquería, entonces no podía venir nunca a la Plaza y no sabía los códigos. El primer código era que un policía no te pusiera ni un dedo acá –dice, señalándose la muñeca–, de lo contrario, si te tocaba, le decías: “Andá a la mierda, dejame…”. Ninguna se tenía que dejar empujar, ni ayudar, nada; menos si se trataba de un policía. Ella quería empujarlo al tipo. Resulta que estaba llorando y lo empuja; lo empuja con la flojedad del llanto… y él aprovecha para abrazarla. Estaba lleno de fotógrafos. Así quedó como que era bueno. Ahora está preso. Era un torturador. Ese día era policía, estaba de guardia, pero después actuaba en campos de concentración. La cara de asco es porque no tuvo más remedio frente a la madre que se le abalanzó.

“Lo empuja con la flojedad del llanto”, dice Norita, profunda, poética, con los ojos apuntando al cielo raso de los recuerdos.

Se trata de una fotografía que recorrió el mundo, que ganó menciones y premios porque mostró lo que pasaba en la Argentina, aunque algunas personas y medios de comunicación intentaron manipular la opinión pública, aprovechando del juego ambiguo que generó el diario Clarín con la foto y con el agregado de ese texto. La imagen es distorsionada por la palabra. La cosa no es la palabra. La palabra mata la cosa.

Marcelo Ranea, de la agencia DyN (Diarios y Noticas) fue el fotógrafo que congeló el tiempo, que logró que el instante tatuado en esa foto sea perfecto. Imagen que ganó el Premio Rey de España a la mejor fotografía periodística y que nos muestra a un Judas que no da un beso, que abraza, pero no para contener a la Madre, su abrazo es una prisión, es una farsa. La fotografía del abrazo y las mentiras en torno a ella no fueron suficientes para el ex comisario Carlos Enrique Gallone. El 18 de julio de 2008, el Tribunal Oral Federal N° 5 lo condenó a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad; es uno de los culpables de la Masacre de Fátima, sucedida el 20 de agosto de 1976 en una pequeña localidad de la provincia de Buenos Aires, en la que torturaron, asesinaron y dinamitaron a treinta personas que habían estado secuestradas y prisioneras en la Superintendencia de Seguridad Federal.

El diario Clarín utilizó esa imagen para crear un sentido diferente al real. Si bien existían otras fotografías tomadas desde otros ángulos que hubiesen mostrado otra realidad, eligieron poner en la portada la foto del “abrazo”, que luego fue replicada por distintos medios y diarios del mundo, para hablar de la “reconciliación nacional” que debía establecerse en el país para resolver “el problema” de los desaparecidos y de los presos sin proceso. Maniobra, como la del Mundial 78, que intentaba mostrar a un gobierno militar derecho y humano.

Una imagen puede valer más que mil palabras, pero cuando aparecen los testimonios, las voces de los protagonistas pueden cambiar los sentidos y entonces la foto, como la historia, es otra, definitivamente.

Lee el prólogo de Adolfo Pérez Esquivel y el primer capítulo acá: https://bit.ly/2Mh3TkR

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales
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