El periodismo debió estar allí

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La noticia de que una adolescente de 14 años fue abusada por cinco varones en Miramar se desperdiga por las redacciones. Un medio escribe una nota que incluye juicios de valor sobre la víctima y su familia: que había mucho alcohol, que la chica no debió haber estado ahí, que la madre fue quien la perdió de vista. La nota está firmada y de inmediato las redes sociales explotan contra el medio y el periodista. Tanto, que el medio tuvo que salir a disculparse y aclarar que no quiso decir lo que dijo y que las peores líneas ni siquiera eran del periodista, sino de un editor.

¿Cómo llegó a publicarse una nota así? El que dio el alerta de la noticia fue el corresponsal. En la costa también tienen un enviado especial, así que desde la redacción se les pidió que mandaran algo rápido y eso fue lo primero que se publicó: cuatro párrafos con información dura. El enviado especial y el corresponsal continuaron enviando información por mail. El que terminó de darle forma a la nota fue el editor, tal como contó Clarín en su pedido de disculpas. Ninguna de las líneas que generaron indignación fueron escritas por quienes firmaron la nota.

 

Los femicidios, los abusos, las violaciones muchas veces son narradas de forma revictimizante o condenatoria hacia la víctima. Que era una fanática de los boliches, que tenía la pollera muy corta, que por qué estaba ahí si no quería. Esas notas a veces están firmadas y a veces no. Aún firmadas -sobre todo en multimedios- pasan por los ojos de por lo menos una persona más: el editor. Y en el mejor de los casos, un jefe de sección.

Lo que pasó en Clarín es similar a lo que pasa en muchos medios: desconocimiento y  azar. La noche en que había que publicar la nota de la adolescente abusada no había editores ni periodistas con perspectiva de género en la redacción. En Clarín son un grupo de aproximadamente 30, de diversas secciones y áreas, que forman una red no sólo de consulta, sino de contención. Ayer jueves tuvieron una reunión para hablar de este tema y volver a exigir talleres de capacitación con perspectiva de género. Incluso algunas de ellas elevaron un proyecto a lxs directivxs del medio para que se cree la figura de editora de género transversal a toda la redacción y para que en cada sección haya referentes de género. No sólo para que no se escriban más líneas como “no debió haber estado ahí”, sino también para pensar temas, focos y fuentes a consultar.

La visibilidad de los temas de género en los medios ya es un hecho. Pero ¿cómo se trabajan? ¿Hay una transformación cultural? ¿Existen deseos de que la haya? ¿Las direcciones tienen iniciativa? ¿Lxs periodistas tienen formación en género? ¿Con qué herramientas cuentan a la hora de encarar estos temas?

Los medios “grandes” son los que están en el ojo de la tormenta, por el alcance y la masividad, pero también por la propia estructura de sus redacciones. En Infobae las alarmas sonaron después de la denuncia de Thelma Fardin. Al día siguiente, hubo una reunión autoconvocada y se decidió armar un protocolo interno para actuar ante posibles casos de abuso y un manual de estilo de género, que está en proceso. El debate es permanente: en las reuniones de edición se discuten desde títulos hasta contenido y fuentes.           

La formación como clave

Desde 2106, Cosecha Roja tiene un programa de capacitación para periodistas de toda América Latina. Además de la formación en narrativa y derechos humanos, la beca incluye un taller de cuatro meses sobre feminismo, a cargo de la abogada Ileana Arduino. Por la beca ya pasaron más de 80 periodistas y editores.

En la primera camada participó Bárbara García Crespo. “En minutouno.com hubo un cambio muy importante sobre cómo cubrir con perspectiva de género”, cuenta. “Cada vez que se titula o se hace una nota respecto a temas sensibles se debate y se acuerda cómo hacerlo. Pasa mucho en notas sobre espectáculos. Se siguen leyendo mucho las notas que cosifican a la mujer pero intentamos poner el foco en otro lado. También consideramos que es importante trabajar las notas que hablen sobre la desigualdad de género en los distintos ámbitos sociales, económicos y políticos. Cada vez se le está dando más lugar en el portal”.

La beca, dice, le dio herramientas y autoridad a la hora de tratar temas . “Me consultan o directamente me piden que haga las notas. Estamos en proceso, nos falta mucho, se siguen cometiendo errores pero sabemos que este camino es necesario. Comunicar con perspectiva de género no es una moda. Es una necesidad urgente”, dice.

Gisela Nicosia trabaja en Big Bang News, un portal que en sus primeros años tenía una sección llamada ‘las bombas del fondo’. Era de las más leídas. El #NiUnaMenos, los debates  que plantearon los periodistas y la audiencia reformuló las maneras de titular. “Pero el cambio más drástico”, dice Gisela, “se logró cuando las redactoras comenzamos a hacer sentir nuestra visión de género”.

La formación a la que tuvo acceso se replicó al interior de la redacción. “Empecé a charlarlo con mis colegas. Logramos debatir cuestiones pero si ahora revisamos, encontraríamos más errores. Se reformularon posturas y formas de tratar temáticas”, dice. “Las herramientas al comienzo eran aplicadas en distintas partes del proceso de una nota, intentaba que quien la edite o titule entienda el poder de las palabras. El acelerado cambio social logró que se fluyan mejor los comentarios que aportamos. El cambio se reflejó desde la génesis, y no solamente cuando vamos a titular o a elegir la foto. Eso contagió a otros redactores. Y los debates incluyeron a las máximas autoridades”.

Un año después del #NiUnaMenos, Agostina Parisí llegó a la Beca Cosecha Roja siendo la única periodista mujer de la redacción cordobesa donde imperaba la cultura del ‘crimen pasional’.  Su única par era una colega que por las mañanas actualizaba la sección espectáculos. Las clases con Ileana le permitieron acceder a otras lecturas y cambiar el punto de vista de su trabajo. “Solo por poner un ejemplo”, dice, “creo que es importante que entendamos que la fuente judicial que usualmente utilizamos tiene un poder de verdad muy fuerte, pero que en la mayoría de los casos está plagada de estereotipos. Entonces si presentamos a la sociedad ese relato oficial casi sin mediaciones, búsquedas, ni testimonios o reflexiones que pongan la lupa en la perspectiva de género, estamos recreando una mirada sobre las mujeres que las violenta y revictimiza”.

Asumir el lugar propio

Hace un año y medio entró una estudiante a la redacción de Diario de Pernambuco, en Brasil, para hacer una investigación sobre las mujeres en la redacción. La estudiante descubrió que la mayoría de las jefas del periódico eran mujeres, pero que eso no se correspondía con un abordaje más profundo o por lo menos más justo de las cuestiones de género. No había una discusión sobre cómo abordar esas cuestiones.

“Fuimos las redactoras las que empezamos a buscar más espacio en el periódico para hablar de cuestiones de género y traer voces de personas que aborden esos temas”, cuenta la periodista Alice de Souza. “El gran cambio fue la toma de posición de reporteras del periódico en cuanto a hablar estos temas, buscar espacios, voces para hablar con propiedad del tema. Buscar fuentes distintas, calificadas, ya dejar de hablar tanto con la policía”.

“Las lecturas de género, en mi caso, me rompieron por dentro”, dice el periodista tucumano Martín Dzienczarski. “Descubrí que había sido víctima de un pédofilo en la infancia. Pude hacer la denuncia administrativa en la Universidad Nacional de Tucumán, de donde dependía la escuela a la que fui. Los textos, las charlas con colegas y amigas feministas me permitieron darme cuenta en carne propia qué sucede: la vergüenza, la culpa, la negación. Sentir vergüenza de algo que hizo otra persona, sentir culpa por hechos en los que no tuve ninguna responsabilidad y pensar que a lo mejor exageraba. Comprendí la magnitud del daño.”

Hace poco, esperando una cobertura en Casa de Gobierno, un grupo de funcionarios charlaba en el pasillo sobre la denuncia de Thelma Fardin. “Si salgo con una chica, cómo hago para meterle mano sin que me denuncia”, preguntó un empleado. Una compañera de una radio, que estaba escuchando, se metió en la charla y los ubicó con demasiada paciencia. “Ahora me animo a pelearle a quien sea”, dijo antes de entrar a una conferencia de prensa. “Eso es lo que están logrando las mujeres animándose”, dice Martín. “Que no quede machismo sin voltear”.

Audiencias y transversalidad

“La incorporación de la perspectiva de género en las redacciones es ineludible”, dice la editora del suplemento Feminismos de La Diaria (Uruguay),  Dennise Legrand. “Es también, mal que les pese a algunas hegemonías, una evolución natural. Las redacciones retrógradas atrasan, los relatos deshumanizantes que promueven la desigualdad de género -y por ende la violencia y el odio- también”.

Por más que sumen “maquillaje” intentando disimular ser parte del patriarcado, las máscaras no duran mucho”, dice otra de las periodistas consultadas. “El lector presiona y exige calidad. Los redactores muchas veces quedamos delimitados por quien edita. Por cómo lo hace, qué piensa y cuál es su postura. El reclamo del lector aporta, apoya nuestra lucha. Creo que cuando los medios se ven amenazados en la cantidad de audiencia o números comienzan a repensar cómo hacen lo que hacen”.

¿Es entonces responsabilidad única del redactxr? ¿A quién le hace falta perspectiva de género? ¿Sólo al redactxr? ¿También al editxr y al jefe de sección?  Tal como en la sociedad, la perspectiva de género debe ser transversal: no sólo quien escribe sobre femicidios debe tenerla. Ni quien edita Policiales. También debe tenerla quien escribe para Espectáculos, para Política, para Economía, quien está a cargo de la edición o de la jefatura de redacción. La perspectiva de género -como la Educación Sexual Integral en la escuela- no es una materia ni un curso. Es un cambio de paradigma que pretende transformarlo todo.

Natalia Arenas
Natalia Arenas

Periodista. Egresada de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Feminista. Editora de Cosecha Roja.

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