El profe que enseña literatura con letras de trap

L-Gante, Wos, Trueno ¿quiénes son esos traperos que nombró Cristina Kircher y se hicieron virales, incluso, entre quienes ni los conocen? Sus letras pasan de las batallas a los barrios y de los barrios a las aulas. ¿Cómo meter rap, trap y cumbia en la currícula?: pensando en lxs pibes.

El profe que enseña literatura con letras de trap

Por Natalia Arenas
15/07/2021

Arte: Federico Mercante

La fría tarde en que Cristina Kirchner habló de L-Gante, Trueno y Wos en el Parque Eva Perón de Lomas de Zamora, a 5 kilómetros de ahí, en la Escuela Media 2 de LLavallol del mismo distrito, un profesor de Literatura escribía en el pizarrón “Pa’ ser el primero hay que estar en las última’”. La estrofa es de “Azul y Oro”, una canción de Trueno.  

Alejandro Córdoba, el docente en cuestión, jura que fue pura casualidad. “La clase la tenía pensada desde antes. Y cuando salí de la escuela, me enteré de todo lo que había pasado”, dice a Cosecha Roja y cuenta que recibió cargadas de unos amigos: “Dale, lo hiciste a propósito”. 

En esa misma clase, lxs chicxs de 5° año también analizaron letras de Wos y de Actitud María Marta. ¿Cómo se mete el rap en un contenido curricular? 

Córdoba tiene 49 años y hace 12 que da clases. Actualmente enseña literatura en cuatro escuelas de Lomas. “Uno de los temas que se ve en 5° año es Literatura Realista. Hasta el año pasado cuando nos tocaba ver poesía elegía trabajar con letras de tango”, cuenta. Pero no cualquier tango. En realidad lo que él hacía era comparar letras más antiguas con la nueva movida tanguera. “Les daba para leer y les contraponía “Amablemente”, de Edmundo Rivero, una letra espantosa que habla de un femicidio, con “Milonguita feminil”, de Cintia Trigo, que es actual y cambia la mirada del enfoque de la mujer en el tango”, dice. 

Los pibes y las pibas quedaban movilizadxs e incluso anotaban los nombres de los tangos para después buscarlos en sus casas. Algo que con otros temas no pasaba. 

Desde el año pasado, Córdoba notó que los nuevos cursos ya no se enganchaban como antes. Pensó en incorporar el rock como canción de protesta y de reflejo de la realidad, “una serie de características de la literatura realista”. Pero creyó que tampoco les iba a generar empatía. “Yo trato de buscar eso: que, sin forzar demasiado la cuestión, lo que lean les genere algún tipo de interés por fuera del “aprobemos la materia””, destaca.

A partir de eso, se puso a investigar un poco más sobre el tema del rap. “Más allá de que en los ‘90 yo había consumido algo de Actitud María Marta y de los Kuryaki, me puse a leer lo que están consumiendo los chicos ahora, que tiene que ver con las batallas”, cuenta. Para Córdoba, los fenómenos de Wos y Trueno son los más interesantes. 

Llevar el rap y el trap al aula fue algo experimental. Un “ver qué pasa”. “Y ahí fuimos encontrando muchos puntos en común con otras cuestiones: las marcas de oralidad, el tema de la urbanidad y la juventud, de sus problemas y sobre todo de los problemas de las clases sociales populares”, agrega.

“Sobre todo, me parece interesante la cuestión de la oralidad porque tiene mucho para linkear con cuestiones de otro tipo de literatura. Por ejemplo, la literatura gauchesca, con esas cuestiones del gaucho perseguido o mirado mal por la sociedad, que optaba esta idea de contar/cantar”, dice. 

Así como antes se juntaban a payar, hoy lxs pibes se juntan a rapear. Antes en el campo, hoy en las urbes.

“Se engancharon mucho. Hubo intercambio, porque me tiraron letras y autores que no conozco y tengo que ponerme a buscar”, dice.

El affaire Cristina- L-Gante trascendió las redes y los días y muchxs que nada sabían de trap empezaron a prestarle más atención, más allá de los tironeos político partidarios. Como lxs pibes con el tango, pero al revés: del pasado hacia el presente. 

Esta semana se viralizó un posteo de L-Gante rapeando el abecedario con base de “cumbia 420”. 

El “abecedario keloké” fue un éxito, más de unx profe lo debe estar usando en las clases de primer ciclo. Y el ingenio popular hizo lo suyo en esta página

“Profe, él rapea”

El antecedente de esta incursión en el rap y el trap es de hace 4 años, pero en otra escuela secundaria, la 13 de Lomas. Córdoba les había dado a lxs chicxs de tercer año el poema de Federico García Lorca “Reyerta”.

-Profe, él rapea – le dijeron.

“Todavía no existían ni Wos ni Trueno. Sí existía el rap, pero no era tomado por los medios ni por las empresas discográficas. Evidentemente en el sustrato estaba”, dice. 

El profesor le pasó la letra y Ayrton la rapeó en el momento. El momento fue registrado, consentimiento mediante, y publicado en este post:

Ese mismo año, en un 5° año de la 2 de Llavallol, Córdoba les propuso pintar la tapa del disco “Oktubre” en una de las paredes del aula. “Escuché que a varixs les gustaban Los Redondos”, dice. Convocaron a la artista lomense Florencia Menéndez, ella dibujó la mítica imagen de Rocambole y lxs pibes la pintaron.

“Se trata de retomar cuestiones de los pibes, ligadas a la música o a la poesía para llevarlas al aula de alguna manera”, dice.

El rap “está muy presente en los chicos y no está en ningún libro de literatura, no está en la currícula, no está en ningún lado”, opina Córdoba y destaca la necesidad de “mirar estas expresiones no como algo marginal, porque si lo condenas a la marginalidad, queda vinculado a eso que tiene la marginalidad en nuestra sociedad que supone como algo casi ilegal, algo que no va a tener futuro o que tiene un futuro cortito. Y no pareciera que fuera así, más bien, todo lo contrario”. 

“La decisión de incorporar el trap y el rap tuvo que ver con retomar algo de los pibes para poder dárselos en el marco de la literatura. Entender que esa expresión surgida de la oralidad y llevada a la música también es literatura, también es poesía”, dice. 

Es que el rap es una de las poesías no escritas quizás más consumidas por lxs jóvenes. 

“Los fenómenos que se dan en las batallas, con todo lo interesante que tienen, son consumos mucho más masivos que otros que muchas veces los pibes están un poco obligados a leer y que les son muy lejanos”, analiza. “Quizás haya que intercalar un poco: está bueno que conozcan Don Quijote y el Lazarillo de Tormes, pero no por eso quitarles lo que ellos consumen”.

De acá en más, sólo les queda explorar. “Mi idea es que busquen, porque hacerlos que escriban un rap, por ejemplo, me parece forzado. Pero sí que ellos busquen y aporten las letras que ellos conocen, que es mucho más interesante que obligarlos a escribir como artistas”, dice. 

Como Alejandro, muchxs otrxs docentes vienen integrando en sus clases los consumos de lxs pibes. A través de memes, rap, trap, cumbia, tik tok y otras redes sociales también se puede aprender y hacer de una institución a la que a veces le cuesta seguir el ritmo de los cambios un lugar un poco más amigable. 

Natalia Arenas

Natalia Arenas

Licenciada en Periodismo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Diplomada de la Universidad de Buenos Aires en Géneros y Movimientos Feministas. Redactora en Cosecha Roja. Colaboradora en distintos medios. En 2018 ganó el Premio Lola Mora en la categoría prensa digital por su trabajo en Cosecha Roja.
Natalia Arenas