El rap que combatió el muro entre la villa y el country en Tigre

Trap Villero 1

Agustina Sulleiro – Cosecha Roja.-

“El que te dice que por nacer en una villa no tenés futuro, te está mintiendo. Estamos demostrando que también salen artistas de los barrios marginales, que hay futuro”, dijo a Cosecha Roja Chispa Rap. Él, Jose, Mara Rama y El Recluta son Trap Villero, una banda de hip hop de villa Garrote, Tigre, que grabó un disco, recorrió diversos escenarios de la Provincia de Buenos Aires y llegó a tocar para 120 mil personas. Para ellos, la música fue su rescate.

Del otro lado del puente

del barrio delincuente

donde nunca nos visita ningún presidente

Total, ojos que no ven, corazón que no siente

Calle sin salida

Doble enseguida

Aquí adentro vivimos otra vida

En la primera canción de la banda, Trap Villero denunció un enorme cartel de tránsito ubicado justo en la entrada al barrio: “calle sin salida”. El Municipio lo había puesto para alertar a los turistas. A principio de este año, tuvieron que sacarlo por la presión que hicieron los vecinos. “Nunca salimos de la sintonía de la calle. Todo lo que cantamos son cosas reales, el rap es vivir para contar. El barrio está olvidado y nosotros tratamos de ser un poco los voceros”, dijo Chispa Rap.

Mara Rama, Jose, Chispa Rap y El Recluta viven en Garrote, una villa de 800 familias ubicada a orillas del río Luján, en Tigre centro. En un municipio donde los countries y los barrios cerrados se reproducen como hongos, la fragmentación territorial se evidencia con crudeza. De un lado están emprendimientos millonarios con lagunas y playas de arena exclusivas. Del otro, los barrios marginales con infraestructuras altamente deficitarias.

De eso habla Trap Villero. “Teníamos ganas de hacer un grupo que hablara de la villa, del barrio marginal en el que vivimos. Porque si se muere un famoso sale por televisión pero si se muere un pibe acá no se entera nadie, es un Natalia Natalia. No se preguntan por qué ese pibe terminó así: por culpa del sistema, por todo lo que arrastró por vivir como vivimos nosotros. La vida no vale nada”, explicó Mara Rama.

Ellos saben que en Garrote la vida es precaria. Para evitar que se caigan los postes de luz, los vecinos los refuerzan con palos o los atan a algún techo. También se la fueron rebuscando para resolver la falta de cloacas, algunos armaron un tendido cloacal que desemboca en el río y otros cavaron pozos ciegos. Lo mismo hicieron con el agua corriente, fueron uniendo caños para armar la red. Pero las aguas bajan turbias: “Abrís la canilla y sale marrón. Para poder tomarla tenés que esperar que se asiente, que baje la tierra. Y está llena de bacterias”, contó Jose. En 2012 sufrieron una epidemia de parásitos. Los chicos vomitaban gusanos.

*

A fines de 2014, los pibes de Trap Villero ya habían compuesto diez canciones. Con la ayuda de Nicolás Scioli, hermano de Daniel y vicepresidente del Grupo Provincia, las grabaron en el estudio de Attaque 77 y, así, editaron su primer disco, al que titularon con el nombre de la banda. En mayo  tocaron en el escenario del Festival Rockea, en La Matanza, donde compartieron cartel con Attaque 77, Estelares, Las Pelotas y Catupecu Machu. Pero primero presentaron el disco en la canchita de Garrote. Cuando terminaron de tocar, un nene del barrio le hizo señas a Jose para que se acercara:

-Vení, vení.

-¿Me estás llamando a mí?

-Sí. ¿Me firmás un autógrafo?

-Pero yo soy de acá.

-¡No importa!

“Fue re loco. Me hizo reir pero a la vez me puse a pensar que por ahí nos toman como ejemplo o les gustaría ser como nosotros. Entonces hay que tener mucho cuidado con las cosas que uno hace porque los chicos nos siguen mucho”, contó Jose. En uno de los temas del primer disco, “Nos miran mal”, hablan del estigma de vivir en la villa:

Porque somos de un barrio bajo,

de arriba a abajo

nos miran mal.

Yo soy de un barrio marginal

desde chico en la calle me tuve que criar

solo con mi hermano, fumando y escuchando rap

Si robaba fue por necesidad

Era guacho y trabajo no me iban a dar

Mara Rama y El Recluta son hermanos. Cuando eran chicos, su viejo no estaba, se había “tomado el palo”, y su mamá trabajaba doce horas por día. Entonces se pasaban todo el día solos, en la calle. “¿Y qué vas a aprender en la calle? Nada bueno. Siendo chico crecés de mentalidad, te ponés a pensar cosas que no tenés por qué pensar. Quemás etapas”, dijo Mara Rama. La música le cambió la vida. “No sé si estoy 100 por ciento rehabilitado porque todavía me tiento, a veces me dan ganas de hacer cosas malas por las circunstancias de la vida, porque no consigo trabajo y tengo una familia que mantener. Pero si bien la música no me da de comer, me da sabiduría y felicidad. Hice un click cuando me di cuenta de que podía ser alguien”, contó.

Al descubrir el efecto transformador de la música, Mara Rama quiso compartirlo con su hermano. Por eso, él y sus compañeros de Trap Villero lo invitaron a que ensayara con ellos. Al principio El Recluta no quería saber nada. “Andaba todos los días de gira, estaba re perdido, re drogado, tomaba toda la gilada y no me importaba nada. Hasta que me sumé a la banda, empecé a escribir canciones y dejé el poxiran y la merca. La clave es tener la mente ocupada y saber bien lo que querés hacer”, dijo El Recluta. Chispa Rap estuvo de acuerdo: “La música nos rescató. Es simple. La música es un desahogo, un medio para expresarte. Cuando en tu casa no te escuchan, cuando la gente en la calle no te escucha, cuando el gobierno no te escucha, ¿qué hacés? Escribís un tema y te escuchan todos. Yo no era nadie, a mí la gente ni me registraba, era uno más del montón. Ahora no”.

El vínculo de Trap Villero con los pibes del barrio no se termina en la música. Durante unos meses, la banda organizó un merendero en la casa de El Recluta: “La idea la tuvimos siempre porque nosotros, de pibitos, íbamos a un merendero porque no teníamos para comer. Hay chicos que a las 3 o 4 de la tarde y no se tomaron ni un vaso de leche. Entonces les preparábamos la merienda y charlábamos sobre música, le dedicábamos tiempo”, contó El Recluta. El merendero quedó trunco porque no les alcanzó la plata para bancarlo.

La banda quiere ir por más y le gustaría armar un centro cultural en Garrote: “Siempre soñamos con tener un centro cultural y un estudio propio para grabar nuestras canciones y también para que los chicos tengan un lugar para crecer haciendo su música y lejos de la calle. Nos gustaría compartir lo poco que sabemos, dar una enseñanza sobre lo que nos pasó. Porque capaz lo que les pasa a los chicos, nosotros ya la vivimos”, dijo Mara Rama. Para Jose, una de las prioridades de la banda es sacar el barrio adelante y darle una mano a los pibes: “El problema más grave que tenemos es la droga porque cuando un pibe adicto no tiene plata, sale a robar. Y hoy en día la policía está muy jodida, te mata”.

[Nota publicada el 16 de agosto de 2015]

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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