Ginés González García, el ministro que aprendió a nadar

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Los medios lo catalogaban como el “más polémico” de los ministros del gabinete de Néstor Kirchner. Como titular del Ministerio de Salud Ginés García González enfrentó a los laboratorios por la venta de medicamentos genéricos, apoyó el matrimonio igualitario y el uso de marihuana con fines terapéuticos. Promovió políticas públicas de educación sexual y uso y distribución de anticonceptivos y planteó la necesidad de despenalizar el aborto. Esa postura le generó la enemistad del ala más conservadora de la Iglesia Católica: merece “que le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar”, dijo el obispo castrense Antonio Baseotto.

Hoy, González García volvió a pronunciarse públicamente sobre el aborto. Lo hizo en la última jornada de debate en comisiones del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo: “Pocas veces hay una oportunidad como esta, de que una ley cambie la historia. Si el aborto dejara de ser un delito se utilizarían los métodos modernos, más seguros”, dijo. Y agregó: “Hay abortos de pobres y abortos de ricos, y no son iguales ni tienen las mismas consecuencias”.

Ginés dedicó unos minutos a contar las presiones que recibió cuando siendo ministro de Salud llevó adelante la campaña de distribución gratuita de preservativos. Después le habló a sus “compañeros de ideología”: “El peronismo no fue hecho para ,mantener las cosas como están, el origen del peronismo es para no tenerle miedo a los poderosos, es para defender a los débiles. En este caso a las mujeres y a las jóvenes”, dijo.

El ex ministro de Néstor Kirchner nació en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, en 1945. A los 24 años se recibió de cirujano en la Universidad de Córdoba. Fue director general del Sistema Nacional de Salud de San Luis hasta el golpe cívico militar de 1976, cuando fue obligado a renunciar y se exilió en España. Al volver al país fue auditor de obras sociales y asumió como ministro de Salud durante la gestión del gobernador bonaerense Antonio Cafiero.

En 2002 volvió a la función pública. El entonces presidente Eduardo Duhalde lo nombró al frente del Ministerio de Economía y continuó en el cargo con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada. Al poco tiempo se ganó la enemistad del ala dura de la Iglesia Católica al impulsar la distribución gratuita de anticonceptivos y proponer el debate de la despenalización aborto desde un “punto de vista sanitario, médico”.

En su famosa carta que le envió en febrero de 2005 el obispo Baseotto le escribió: “La multiplicación de los abortos que usted propicia con fármacos conocidos como abortivos es apología del delito de homicidio”. “Es anticientífico propiciar el aborto: asesinato de hombres inocentes; y que distribuir profilácticos es propiciar el libertinaje sexual y difundir impunemente el sida”, agregó.

González García eludió la confrontación: dijo que iba a aprender a nadar mejor.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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