Historias mínimas: Pablo y los daños colaterales

violador necochea

Martín de la Canal*.-

Una familia vivió una pesadilla en su propia casa en agosto del año pasado. Cristina -madre soltera de 31 años- y sus hijos -Pablo de 15 y María de 7- estaban a punto de almorzar. Se repartían las tareas, como lo hacían todos los días. Antes de sentarse a la mesa escucharon ruidos en el fondo del pasillo que da al patio trasero. La primera reacción, casi inconsciente, fue restarle importancia. Segundos después el ruido se volvió certeza: alguien había abierto la puerta y caminaba directamente hacia ellos.

Axel tiene 18, es de contextura física menuda y estaba alcoholizado o drogado (o las dos cosas juntas). Con una bufanda cubría su cara hasta la altura de los ojos. Tenía un viejo y descascarado revólver, posiblemente un 22 largo. Era un vecino circunstancial de la familia: vivía con un grupo de amigos y parientes en una casa lindera semi abandonada.

A los gritos exigió plata y joyas. Cristina es humilde, labura limpiando casas ajenas. Plata no había y joyas menos. Le ofreció a Axel el celular, un tv Led 32 pulgadas y el ciclomotor nuevo que usa la familia y que todavía está pagando en cuotas.

Las amenazas verbales aumentaron en intensidad. La mujer conservó la calma pero sus hijos estaban petrificados. Lograron juntar cerca de 250 pesos que no conformaron al agresor. Y le insistieron para que se llevara el celular y la moto, ellos no harían hacer la denuncia. Esto tampoco lo conformó.

– Ahora tengo hambre, dijo.

– Hay carne en la heladera, le ofreció Cristina.

– Yo quiero otro tipo de carne.

Los ojos de Axel adquirieron una claridad prístina, aún siendo de un negro profundo. Se acercó y le dijo al oído a la jefa del hogar

– Si no me dejas que haga con vos lo que quiero se lo hago a tu hija. Calladita andá a encerrarlos en la habitación del fondo.

Presa de la coacción más dura, una dura mujer cumplió con la orden. Axel la tomó de la mano y la llevó hasta el baño. Ahí la obligó a practicarle sexo oral, siempre con el arma apuntándole en la cabeza, bajo la amenaza de dañarla a ella y a los hijos.

Después se la llevó a otra habitación y la violó: Axel se sacó la bufanda, le mostró su rostro aniñado y no dejó de gritar su propio nombre. El ego lo engañó, se creyó dueño de una impunidad eterna.

La policía lo detuvo y la justicia le ordenó la preventiva. Después de unos meses encerrado en una comisaría, le dieron la prisión domiciliaria. La causa está para elevarse a juicio. Las pruebas de la instrucción son determinantes: el ADN recolectado coincide con el del agresor y los testimonios de las víctimas son verosímiles y contundentes. Pareciera que la suerte está echada.

***

Daño colateral es un término que empezó a utilizar el gobierno de los Estados Unidos cuando su ejército asesinaba civiles como consecuencia de un ataque a “objetivos militares”. Con esta frase intentaban justificar de una manera elegante, por lo menos a criterio de ellos, las atrocidades contra poblaciones inocentes en pos de salvaguardar las libertades del mundo civilizado. El término se “viralizó” y hoy se usa en ámbitos extraños y diversos. Como este.

El drama que vivió esta familia salió en los medios y se hizo público. Pero los vecinos del barrio, los compañeros del colegio de los chicos, los amigos y familiares se habían enterado ese mismo día. Todos los protagonistas son conocidos y del mismo entorno. Cristina siempre se mantuvo entera, con una fortaleza emocional y anímica envidiable, aún ante los  chismes que rápidamente comenzaron a circular.

El problema es Pablo, “el daño colateral” de este caso. Los amigos y compañeros opinaron sobre su comportamiento, juzgaron, dieron sentencia sobre su “valentía” en aquella mañana de agosto. “Es un cagón”, “no hizo nada para defender a la mamá”, “Axel es un sorete que lo cagas a palos re fácil”: todos opinaron sobre cómo habrían reaccionado ese día.

Hoy Pablo todavía lleva el estigma de una sentencia popular sobre su carácter y personalidad. Va todos los días a terapia para superar el trauma y bancarse las voces acusadoras. Lo único importante es que ni la mamá y la hermana pusieron en duda su amor por ellas.
*Abogado Litigante, Especialista en Derecho Penal, Integrante de la Asociación Pensamiento Penal.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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