La Casa Diversa que abre las puertas para evitar crímenes de odio

La Casa Diversa que abre las puertas para evitar crímenes de odio

El Colectivo LGTBI de la comuna 8 de Medellín, Colombia, logró un hito en el país: la reparación como víctima del conflicto armado.

11/09/2019

Por Mateo Isaza Giraldo en El colombiano

Foto: Julio César Herrera

El día en que lo iban a matar, Jhon Restrepo se demoró más de la cuenta por fuera del barrio y no alcanzó a llegar a su casa.

Por una jugada del azar, este líder juvenil amaneció donde un amigo y evadió, sin saberlo, una cita con la muerte que venía en forma de siete hombres miembros de un grupo armado. La vida ganó ese día una batalla en uno de los sectores con nombre más pacífico de los que se tenga registro: Esfuerzos de Paz No. 1.

Ocurrió en Medellín, en el año 2011, cuando Jhon lideraba un grupo juvenil en la comuna 8 con miembros de diversas orientaciones sexuales.

“A mi hermano Jhon lo vinieron a buscar a las cuatro de la mañana con el objetivo de mocharle la cabeza. Cuando llegaron a la casa donde vivíamos le preguntaron a mi mamá por él, pero por cosas del destino no estaba. Después nos dimos cuenta que lo habían amenazado”, cuenta Lorena Restrepo, quien también hace parte ahora del grupo que antes era la Mesa LGBT de la comuna 8 y ahora es Casa Diversa.

El origen del colectivo

Lo que comenzó como un grupo de amigos que se juntaron en 2007 sin mayores pretensiones, en las instalaciones de la iglesia del barrio Sol de Oriente, se convirtió en un movimiento juvenil que fue evolucionando hasta ser una agrupación que lucha por visibilizar a la población diversa de las comunas 8 y 9.

Primero fue el MCJ (Movimiento Cultural Juvenil) y luego se tomaron confianza para ser la Mesa LGBT con jóvenes de barrios de la comuna como Villatina, La Sierra, Villa Turbay, Los Mangos, Llanadas, El Trece, La Torre y Enciso parte alta. Siempre con la amenaza latente de los grupos armados que los intimidaban por ser o parecer diferentes.

“Nos tocó desde muy pequeños vivir la violencia, oír los disparos, ver morir vecinos, escuchar los lamentos y eso nos acostumbró a estar encerrados”, relata Lorena desde la sede social que ha sido el espacio del colectivo por varias temporadas.

Esa casa, hoy llena de colores y con mensajes que invitan a la diversidad y la inclusión, era un sitio abandonado y sin vida del que ellos se apropiaron para beneficio de toda la comunidad.

Para sostener esta y las otras sedes que han tenido hicieron bingos, vendieron reciclaje, cocinaron arroz con leche y rifaron todo lo que les pudiera dar dinero para no dejar sin casa al colectivo.

Realizaron, además, una marcha y un carnaval por la diversidad sexual en la Cancha de Los Mangos en el 2010 por lo que fueron objeto de presiones y amenazas.

Muestras de violencia

La intimidación de los combos de la zona a Jhon Restrepo en 2011 no pasó del susto, pero motivó a que el líder barrial dejara el sector por más de dos años. En ese tiempo los reencuentros con su mamá y su hermana se convirtieron en una odisea y en una prueba de amor infinito porque la semilla del miedo ya estaba sembrada.

Otros integrantes del colectivo LGBTI también sufrieron las consecuencias de la guerra. A Antonio Marulanda le dieron 17 puñaladas y Santiago, que estaba en su proceso de tránsito para ser mujer, fue violado y empalado en pleno camposanto del barrio Villatina. Ambos llevan sobre sí las huellas de la violencia.

Los hermanos Andrés y Yuli Gutiérrez también tuvieron que salir desplazados por el asedio de los violentos.

El retorno y la reparación

Dos años después de abandonar el territorio, Jhon Restrepo reunió fuerzas y decidió volver al barrio de donde había sido expulsado. De 32 miembros que llegaron a conformar la Mesa, solo ocho se juntaron para volver a trabajar con la comunidad y mostrar que la orientación sexual no tenía por qué ser un impedimento para desarrollar la labor social que tanto necesitaba un asentamiento con mayoría de población de origen afro.

 En 2016, la Mesa LGBT (o Casa Diversa) de la Comuna 8 de Medellín recibió la notificación de su inclusión en el Registro Único de Víctimas (RUV) y dos años después, luego del diagnóstico y del estudio del caso de las entidades gubernamentales, salió la sentencia que declaraba a La Mesa como sujeto de reparación colectiva por la persecución sistemática de la que había sido víctima.

“Cuando salió la resolución no creíamos. Nunca a un colectivo y mucho menos LGBT había sido reconocido y nos convertimos en el primer grupo que logra esto. Desde ese momento fue casi un año de discusión sobre cómo ser reparados porque queríamos algo más que talleres con psicólogos”, explicó Lorena.

Esa reparación de la que hablan se cristalizó el pasado 2 de agosto cuando representantes de la Unidad de Víctimas, la Personería, la OEA y la ONU acompañaron el acto público de la firma que tuvo lugar en la sede de Casa Diversa.

El plan contempla tres años de trabajo que incluirán una nueva sede para el colectivo en el barrio Los Mangos donde se impartirán talleres de música, baile, teatro y una escuela de género para quienes hacen el tránsito de cambio de género.

El gran logro, más allá del acompañamiento del Estado, es el respeto que se ganó Casa Diversa. En otras palabras, la comunidad LGBTI de la comuna 8 ya puede ser y parecer y no tiene que huir por eso. Amar para ellos ya no es una condena.