La diferencia entre ser punk y ser un lumpen

Foto: Gentileza El Día de Gualeguaychú
Foto: Gentileza El Día de Gualeguaychú

“Todxs los chicxs tienen remeras rockeras/ yo solo tengo una remera toda negra/ desesperado voy mirando las vidrieras/ voy preguntando: tiene remeras rockeras?”
Remeras rockeras/ Superuva

Los 90´s fueron en parte los años en que muchos jóvenes del conurbano bonaerense salían de sus piezas y se venían a Capital a tocar en antros y no tanto. Con Los Brujos , Babasónicos, EOY, Paoletti, liderando la movida desde zona sur –y bien oídos por Ceratti, por ejemplo que los incluyó en algunos shows- se comienza a generar una división finita pero patente: los “sónicos” (Nuevo Rock Argentino) habían accedido a la educación, tenían presupuesto para instrumentos y vestuario y mucho no trabajaban. Pero el conurbano sur es grande, y desde Valentín Alsina surgían tres bandas que eran el ejemplo de porque Ramones fueron más punks que Sex Pistols: Ricki de Flema, el Mosca de 2 minutos y Checha de Superuva. Los tres eran muy amigos, muy poco estudiosos, muy de la calle, el alcohol y sus acompañantes.

Fue una fiesta que algunxs pudimos vivir: “Ya no sos igual” de 2 Minutos, “Si yo soy así” de Flema y “Remeras rockeras” de Superuva eran una trilogía insuperable. La poesía de las letras era directa: el amigo que se vuelve policía, el alcohol y las drogas, y la burla a que cualquiera se colgara una remera sin saber siquiera de qué banda era.

Las letras eran Valentín Alsina, novias que se transformaban en ex novias, fábricas cerradas, drogas y alcohol, padres desocupados, madres y abuelas trabajando afuera todo el día. Sus shows eran un disparate y por eso inolvidables: donde Babasónicos le cantaba a las montañas de agua, Ricki gritaba que “Nunca seré policía de provincia ni de capital”, el Mosca se asumía de “barrio obrero, Valentín Alsina” y Superuva anunciaba “Con mi guitarra mataré a tu mamá”, porque me imagino la cara que pondría la familia de la novia al verla con él. Igual aclaro que no la mató: no podrían haber comprado otra guitarra. Eran pobres.

Checha, el cantante de Superuva, vino a la Heavy Rock & Pop muchas veces, junto con el Chino, el primer baterista. Amé siempre que su banda paralela se llamara Contrabando de palitos salados, aunque luego lo redujeron a Contrabando. Como Ricki Espinoza, como el Mosca, a veces venían caminando porque en los 90´s de Menem o escabiabas o viajabas.

Superuva nunca fue tan convocante como 2 Minutos o Flema, y claramente tampoco como Babasónicos y los Brujos. Pero pregunten a cualquiera de la movida de los 90´s quien es Checha y todxs sabíamos de él. Estaba en todos lados, viendo bandas, compartiendo.

Y si el proyecto de la banda siguió adelante fue por su tenacidad. Actualmente es un cuarentón que se va a tocar en un bar de Quilmes un sábado cualquiera, como el año pasado logró armar una gira e irse a México, que tiene público para todo.

Sigue viajando en bondi, va a buscar medicamentos al Hospital Materno Infantil de Solano, y tiene el mismo pantalón a cuadros de hace 20 años.

Me enteré temprano que su baterista, Juan Ledesma, había muerto apuñalado y que Checha estaba en el Hospital Iriarte. Absurdo episodio tras tocar en un bar chiquito, seguramente por las birras y alguna moneda para el flete.

No escribí nada en ese momento porque todo era muy confuso, y la banda estuvo muy bien en preservar la investigación. Cuando se difundió la imagen del asesino –Cristian Ariel Geren, más de treinta, boludo importante- la red se llenó de sesudos informes acerca de los “Obelos”, un agrupamiento supuestamente punk llamado así porque paraban en el Obelisco.

Y así, como si nada, el significante “punk” agrupaba nuevamente a una sarta de imbéciles escupidores, matones, prepotentes e inservibles. Porque ni Cristian ni sus tres amigas-que patearon a un moribundo en el piso- han utilizado ser punks para cambiar el mundo, para el Hazlo tu Mismo, o siquiera para leer a Bakunin. Son lumpenes que “ocupan” una casa de una anciana y no generan nada. Son violentxs, nomás. Antes de los Obelos ya existían: una cresta y armar bardo. Luego huir como ratas, sea en el Parakultural, en Die Schule o en la plaza de Monte Grande.

Una cresta no te hace punk ni anarquista. Estafar a una viejita y ocuparle la casa no te hace punk. Andar con una navaja no te hace punk.

Osvaldo Bayer es anarquista, ponele. Estxs violentxs apañadxs por sus familias no llegan siquiera a tener una ideología.

Por eso debo decir que me alegré enormemente que hayan apresado al Obelo en Gualeguaychú, durmiendo en una alcantarilla. Y espero que el trío de chicas que pateó a un indefenso en la calle mientras chorreaba sangre también lo sea.

¿Creo en la policía y la Justicia? No y poco. Pero Superuva y Checha lograron que en 48 horas la Red amorosa, afectiva, musical, difundiera y los acompañe en su dolor. Así que espero que pasen varios años presos. Porque el efecto Violencia/s nos atraviesa también: los comentarios que van desde la violación hasta el sometimiento no me parecen necesarios. Juan no volverá a la vida por eso. Y nosotrxs debemos ser mejores que estxs asesinxs.

Porque punk es un movimiento y una identificación que no tiene nada que ver con agredir, matar, bravuconear.

Y menos que menos a lxs nuestrxs.

El punk permitió que miles y miles de personas accedieran a una formación, a una mirada contracultural sobre lo establecido. Permitió también que miles y miles de pibitos en vez de mirar la vida pasar en sus barriadas pobres encontrara un canal para ganar algo de plata y sostener el deseo de ser músicos, de tener una banda, de escaparle al hastío y a la fábrica, y de pagarse un alquiler y la birra.

Mi mayor respeto a Superuva, que se va a reponer y volverá a alternar barsuchos de mala muerte con giras por Latinoamérica.

Mi mayor respeto al movimiento punk.

Mi profundo desprecio a un asesino.

Mi asco a que mujeres puedan patear a un moribundo en el piso.

Capaz en la cárcel puedan leer a Bakunin, los provos, las comunas.

Okupar la casa de una anciana no es punk: es abuso de poder.

 

Miriam Maidana
Miriam Maidana

Psicoanalista, investigadora UBACyT en Consumos Problemáticos.

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