La extraña saga del testigo E

En lugar de hablar de la investigación del caso Maldonado, el juez Gustavo Lleral tuvo que dar sus primeras dos entrevistas a dos diarios nacionales para desmentir a un tercero. “El testigo E no existe, nunca declaró”, tituló La Nación. “No declaró ningún testigo E”, publicó Página 12. Los dos desmintieron así la cobertura de Clarín de los últimos cuatro días, que afirmaba que un mapuche arrepentido había cambiado su testimonio, entregado el dato para encontrar a Santiago y que quería cobrar los dos millones de recompensa. Y que, temeroso por las represalias, se había escondido en las montañas.

No es la primera vez que las informaciones de Clarín son desmentidas por la realidad. Pero sí la primera que el propio juez es quien tiene que hacerlo público. Esas prácticas, extendidas desde la desaparición del joven a comienzos de agosto, hablan de la cantidad de operaciones que cruzaron una causa judicial compleja, pero sobre todo de la manera en que hoy se hace periodismo en los grandes medios.

No declaró ningún testigo E ni de ninguna otra letra del abecedario. Tampoco recibí ningún dato certero para hacer el rastrillaje. Si hubiese tenido un dato certero, no habría puesto en riesgo a los bomberos ni los prefectos, lo habría ido a buscar directamente”, dijo Lleral. Y explicó que la resolución del rastrillaje se tomó en base a la recomendación del prefecto Leandro Ruata y que él la firmó el 13 de octubre.

Según se pudo reconstruir, el llamado ‘testigo E’ es un joven mapuche que habló de manera informal con abogados de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y ellos llevaron el testimonio a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Esa declaración no fue incorporada nunca a la causa. El joven mapuche contó que intentó cruzar el río con Santiago y que a mitad del cauce Maldonado le dijo que “no podía más” y volvió a la orilla. Él habría sido quien aseguró que luego un grupo de gendarmes golpeó y arrastró al artesano. Según publicó Clarín, y ahora fue desmentido por Lleral, ese testigo fue la clave para hallar el cuerpo. También el diario sostuvo que el testigo resultó víctima de mapuches radicalizados, fue amenazado y ahora se escondió en las montañas.

Para entender mejor por qué Lleral -que no es precisamente afecto a las entrevistas- sale a desmentir a Clarín hay que repasar el seguimiento del caso a manos de los periodistas del diario. Es la acumulación de versiones que luego quedaron en la nada lo que hace que el nuevo juez haya salido a marcar la cancha.

Los primeros días de agosto los enviados del diario arrancaron con coberturas más balanceadas, donde aparecían voces de amigos de Maldonado y referentes de la comunidad de Cushamen. Esa postura fue mutando a medida que transcurrían las semanas. El 31 de agosto apareció la primera operación con aroma oficial. La versión de que Santiago Maldonado “estaría” en Chile y la noticia de un puestero del campo de Benetton que había sido atacado por mapuches y que sospechaba que podía haber herido a Santiago. “Necesito saber si la sangre que quedó en mi camisa es de Maldonado”, declaraba el puestero Evaristo Jones. Así sugirieron que Santiago simpatizaba con la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) y mostraron páginas de Facebook en las que supuestamente aparecía mencionando a un líder duro de la resistencia.

Apenas unos días después, el 3 de septiembre, en una entrevista sin preguntas al jefe del operativo Juan Pablo Escola, el corresponsal en Bariloche Claudio Andrade transcribió la versión de la Gendarmería sin cuestionamientos. “Nunca estuvimos a menos de 40 metros. Ningún arma de guerra fue usada”, fueron algunas de las frases. Dos semanas más tarde, en llamadas de miembros de Gendarmería se escucha la voz de Escola avisándoles a sus subalternos: “Ahí estamos haciendo fuego, escopeta y ahí avanzamos, mi primer alférez”.

Un día más tarde Clarín publicó una nota en la que se mencionaba una hipótesis bautizada “El Sacrificio”: sugerían que Santiago había decidido pasar a la clandestinidad para beneficiar a la causa Mapuche y al líder Jones Huala.

El mayor endurecimiento de la cobertura fue la semana pasada, en la previa a las elecciones. El día del hallazgo del cuerpo, en una nota firmada por Andrade, el periodista decía que el cuerpo había aparecido en una zona que no había sido rastrillada. A pesar de que los abogados y la fiscal lo contradecían, la nota tomaba información de un solo rastrillaje y afirmaba que los tres operativos habían sido hacia Esquel y ninguno hacia El Bolsón.

También ese día escribieron que una pelea interna Mapuche había sido clave para encontrar el cuerpo en el río Chubut: según esa versión, un sector más moderado decidió avisarle al juez que lo habían visto en el agua.

El viernes 20 apareció la publicación del testigo E. “Uno de los testigos clave del caso de Santiago Maldonado habría reconocido que mintió respecto de su primera versión en la que indicaba como responsables de la desaparición del joven a Gendarmería Nacional. Se trataría del testigo E, a quien el 2 de octubre el juez Gustavo Lleral, le habría tomado testimonio en su primera visita al Pu Lof en el interior de una camioneta”, escribió Andrade.

La saga continuó los días siguientes con títulos como “El ‘testigo E’: un mapuche que cambió su testimonio y habría dado el dato para encontrar a Santiago” y “Asustado, el testigo que dijo dónde estaba Santiago Maldonado se escondió en la montaña”. En estas notas aparecen precisiones de horarios en que los RAM supuestamente pasaron por pasos clandestinos para ir a Chile. ¿Cómo accedió el periodista a esta información? ¿Hay alguien haciendo espionaje ilegal a los Mapuches? También mencionó un policía que estaría infiltrado en el grupo, una situación que también es ilegal. 

Ahora, con la desmentida del juez Lleral, cambió la estrategia: aceptaron que el testimonio no está en el expediente. El testigo E nunca declaró ante el juez (por miedo a represalias) ni cambió su testimonio. Esta tarde publicaron que la declaración que el joven mapuche hizo ante la CIDH fue enviada por Cancillería al juez.

En medio de la sucesión de nuevos datos que sorprendían a las distintas partes -todas con acceso al expediente-, se conoció un episodio que contó a Página 12 el abogado de la APDH Carlos González Quintana: Andrade lo llamó para preguntarle si él era quien le había tomado declaración al ‘testigo E’. Según el abogado, cuando le dijo que él personalmente no lo había hecho, Andrade subió el tono de la conversación. “Él quería que yo le afirme que el relato del testigo E, que nosotros efectivamente presentamos ante la CIDH, fue tomado por mí, algo que en ningún lado figura que haya sido así. Ante mi negativa a afirmar eso, me dijo que yo estaba ocultando información e incluso mintiendo. Le respondí que lo que estaba haciendo era una extorsión, que no me puede exigir a mí que le responda lo que él quiere que le responda”, dijo González Quintana. El abogado dijo que Andrade lo amenazó con subir una nota en la que iba a decir que González Quintana ocultaba información sobre el ‘testigo E’. Antes de colgarle, González Quintana le dijo que lo denunciaría por coacción.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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