La familia lo buscó ocho meses, estaba enterrado como NN

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Juliana Mendoza – Cosecha Roja.-

-No puede ser su hijo, lleva muy poco tiempo desaparecido.

La policía del Partido de la Costa le dijo que no a Osvaldo Luquez: el cadáver que apareció en la playa entre Las Toninas y San Clemente no era de Darío. Hacía 20 días que el papá lo buscaba pero no lo reconoció porque el cuerpo estaba hinchado y los oficiales descartaron que fuera él. Otra familia lo reclamó, pero cuando el ADN dio negativo dejaron de buscar a los parientes y lo enterraron como NN en el cementerio de Mar de Ajó. Después de ocho meses, la fiscalía Nº1 de Mar del Tuyú dio con el paradero del joven de 19 años. “Si nosotros no nos enterábamos del cuerpo ni de la otra familia, podríamos haber estado buscando a mi hijo por años”, dijo a Cosecha Roja Luquez.

El cuerpo de Darío apareció el 25 de agosto de 2014, pero los familiares de Leonardo Ríos lo reclamaron: pensaron que se trataba del joven que en marzo del año pasado se había ahogado en Punta Rasa. El ADN salió negativo y el cuerpo estuvo un mes en la morgue, hasta que lo enterraron sin nombre, igual que a Luciano Arruga. Nadie le avisó a la familia de Darío que ese cadáver no había sido reclamado hasta que un policía les contó la verdad: el resultado del examen genético no coincidió con los Ríos. El oficial les aconsejó que fueran a pedir una orden a la Fiscalía.

“Vení la semana que viene” fue lo que más escuchó Osvaldo Luquez en la Fiscalía Nº1 de Mar del Tuyú. La primera vez, el secretario le dijo que le iba a preguntar al fiscal por la orden de ADN. Cuando volvieron, la orden todavía no estaba: la aprobación la tenía que dar el juzgado de Dolores. La semana siguiente le dijeron que habían muchos casos y que todavía no la tenían. Pocos días después, conocieron al intendente del Partido de la Costa, Juan Pablo de Jesús: “Le dije que nunca le había visto la cara al fiscal y que necesitábamos hacer el ADN”. Después de un mes y en octubre del año pasado, consiguieron la orden, pero no pudieron identificar el cuerpo. “Nunca nos dijeron si era o no Darío porque no encontraban el registro. No le dieron los huevos para decirnos que no lo buscaron y que al fiscal Martín Prieto no le importó mi hijo”, dijo.

“Cuando te desaparece un hijo estás de luto todo los días. Estábamos pendientes de los llamados que llegaban: si nos decían que lo habían visto, dejábamos todo y salíamos corriendo”, contó Luquez. A fines de septiembre, cuando el cuerpo que habían encontrado en la playa estaba en la morgue e iba a ser enterrado, la familia tuvo una renovada esperanza de que Darío estuviera vivo. Una señora de Villa Gesell aseguró que cuidó a un joven y que su ropa era parecida a la de Darío. La mujer llamó al 911 y la policía lo llevó a la Comisaría Segunda de Villa Gesell. No lo encontraron en el registro de personas perdidas y tampoco tenía antecedentes para retenerlo, por eso lo soltaron. “Todo indicaba que era él pero nunca me llamaron para reconocerlo”, dijo. En ese momento Darío ya estaba muerto pero Osvaldo siguió buscando.

Durante ocho meses muchas personas dijeron haberlo visto en Dolores con una mochila al costado de la ruta y en las calles de Mar del Tuyú. Osvaldo lo buscó allí y también en Buenos Aires: pegó carteles en los hospitales. Siempre contó con ayuda de sus familiares, amigos y vecinos.“No tuve apoyo del municipio, de la policía ni de la justicia”, dijo.

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Darío tenía 19 cuando desapareció. Estaba terminando el secundario en el colegio nocturno, trabajaba como albañil en la municipalidad y en una obra en construcción con uno de sus tres hermanos. Era el menor de la familia y el más mimado. Le gustaba rapear. Cuando tenía cuatro se mudaron de Morón a Las Toninas porque Osvaldo consiguió trabajo como destapador cloacal en una cooperativa de obras y servicios públicos. Nunca más se iría del hogar paterno: cuando los papás se separaron, se quedaba con la mamá por un par de días y siempre volvía. La nueva casa estaba pegada a un campo, en la última calle que dividía la localidad de San Clemente y cerca de donde encontraron el cuerpo en agosto del año pasado.

La primera crisis esquizofrénica fue el 12 de octubre de 2013. Darío se escapó de la casa. La policía y el papá lo encontraron en la calle ese mismo día. La familia lo internó en el hospital de Santa Teresita en diciembre de 2013: dejó el trabajo, los estudios y la novia para empezar un tratamiento médico. Después de dos meses volvió a la casa con la condición de que cumpliera con las visitas médicas. “Se fue a la casa de la mamá en abril y se quedó hasta julio. Empezó a salir de nuevo, no tomaba las pastillas y entró en crisis”, contó Luquez. La primera semana de agosto, cuando desapareció, un doctor tenía que hacer la revisión de rutina. Darío ya no estaba.

Osvaldo cree que el joven pudo haber muerto ahogado en el mar en medio de una crisis esquizofrénica. Pero no descarta que la policía o alguien más lo haya lastimado. “Siento que perdí la posibilidad de controlar a mi hijo. La autopsia la hizo un forense del estado, yo no tuve poder de decisión en nada”, dijo. Algo lo guió a ese cuerpo que encontraron en la playa: “¿Y si es mi hijo? Preguntarme eso me llevó a exigir el ADN”.

La semana pasada lo velaron y lo enterraron. Para su papá Darío ahora descansa en paz: “Logramos encontrarlo, pasó de ser nadie a tener un nombre y un apellido, tiene una familia de Las Toninas que está con él. Ahora tengo donde llevarle una flor”.

Foto: Indymedia

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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