La historia del #Nieto121

nieto 121Una hermana le pide un favor a otra. “Si me llega a pasar algo a mí, por favor, hacete cargo de Ramiro”, le dice Ana María Lanzillotto a Quela (Nidia Lanzillotto). Ramiro era -es- el hijo mayor de “Ani”, como la llamaba su familia, y Domingo Menna, militantes del PRT-ERP, el sobrino de una serie de tías y tíos cruciales en esta historia.

El 19 de julio de 1976, pasó ese algo que su madre temía. Ramiro tenía 2 años cuando el edificio de Villa Martelli fue arrasado por un operativo del ejército que hizo desaparecer -además de a la cúpula del PRT-ERP – a sus padres y a un hermano en camino, porque Ani ya tenía una panza de ocho meses. Cuarenta años después, ese hijo robado, que creció lejos de los ritos militantes y de la tragedia familiar del terrorismo de Estado, aceptó hacerse un análisis. Estaba seguro de que era hijo biológico de la familia de crianza, pero alguien lo empujó a dudar primero, y a despejar la incógnita después. Aceptó y se presentó ante la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad.

El lunes a la tarde, Estela de Carlotto tenía que presentar el libro Guardianas de la memoria colectiva en la Casa de Abuelas por la Identidad en la Ex ESMA. Otro nieto, Leonardo Fossati, se disculpó en nombre de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: “Tiene un compromiso ineludible”, dijo al auditorio, sonriente.

Los que trabajan con Abuelas conocen el código: se espera religiosamente la palabra oficial antes de comunicar. Es el procedimiento mientras sucede lo que debe suceder: las personas involucradas deberían poder enterarse antes. La primicia es de ellos. Horas después, Estela contaba los detalles mínimos y necesarios: no hubo necesidad de que interviniera la Justicia, tiene un hermano y otros familiares.”Por lo visto, quienes lo criaron no le habían dicho nada” dijo de su origen.

Los primeros en enterarse de la noticia fueron su hermano Ramiro, de 42 años, que vive en Chepes, La Rioja, provincia donde buena parte de la familia tiene su corazón. Y las tías: Quela, la que lo crió en Carmen de Patagones, donde vive. Alba Lanzilloto, militante de la iglesia de Angelelli, activista de Abuelas –fue secretaria de la institución- y el gran motor de la búsqueda en una familia que sufrió el terrorismo de Estado en muchos frentes. La hermana de Ani, Cristina, su melliza, también fue secuestrada con su marido, Carlos Santillán, el 17 de noviembre de 1976. Los restos de Cristina fueron identificados por el EAAF. Carlos Alberto Lanzillotto, el hermano mayor, estuvo preso en Sierra Chica. Alba se exilió y volvió al país con la democracia. La hermana de Menna, Raquel, fue desaparecida por la dictadura.

Después de conocer la noticia, Ramiro también se comunicó con su primo hermano, Delfor Brizuela, secretario de Derechos Humanos de La Rioja. Brizuela había salido de la sentencia de un juicio en Catamarca. Estaba con un grupo de abogados que lo miraron hablar y lagrimear, y creyeron se trataba de malas noticias. “Fue impactante, se me quemaron todos los libros. Estoy acostumbrado a informar sobre estos temas pero fue un cimbronazo. Se me vino a la cabeza lo que pasamos como familia, y lo que llevamos de orgullo como militancia hace años. En momentos en que no soplan los mismos vientos, que el Estado no acompaña tanto, es un momento de sentido afectivo, familiar y político, un empujón para creer: la lucha tiene pequeños y grandes triunfos”, dijo Brizuela a Cosecha Roja.

Al atardecer del lunes, un amigo condujo a Ramiro 220 km hasta el aeropuerto de San Juan para tomar un avión a Buenos Aires. El hermano mayor del nieto 121 volvió a los Llanos de La Rioja, los pagos de Chacho Peñaloza, después de cinco años como misionero salesiano en Etiopía. Hoy vive allí con su esposa, a la que conoció en África, y cuatro hijos, es educador de jóvenes y adultos, y milita en el Frente Riojano de Organización Popular Victoria Romero.

Desde el día del secuestro hasta dos semanas después, Ramiro también estuvo en un lugar incierto. Fue rescatado por otro tío, el Cholo Lanzilloto, abogado de presos políticos. A medida que iba creciendo, sus tíos le iban administrando la información, hasta revelarle, a los 16 años, que también tenía un hermano. “Denle los datos que vaya pidiendo” decían los psicólogos.

“Si mi hermano lee o escucha”
En cada nota que dio, Ramiro dejó picando: “Si mi hermano lee o escucha, puede que sienta la inquietud de acercarse a Abuelas, encontrar su verdadera identidad, hacer justicia”. “Es pelado y con barba, como yo”, dijo en una entrevista con Reinaldo Sietecase en Vorterix, y aportó más detalles sobre la historia familiar. “Mi mamá era de La Rioja, terminó la secundaria, se fue a estudiar a Tucumán, empezó a militar en el PRT. La detuvieron en el gobierno de Lanusse. Estuvo presa en Devoto y fue liberada con la amnistía de Cámpora. Volvió a La Rioja y en la clandestinidad conoció a mi papá, que era italiano pero había crecido en Tres Arroyos”.

De Ani se sabe además que escribía poesía y había publicado un libro en Tucumán. Domingo era un líder nato, un marxista y sindicalista muy de los ´60, revolucionario de sangre italiana, en perpetua ebullición. En 1969 participó en las barricadas del Cordobazo. Marchó preso en 1971 y desde la cárcel de encausados alentó las movilizaciones previas a un segundo Cordobazo. Pero también discusiones encendidas sobre el rol de Perón. En Vorterix, su hijo recordó: “Estudió Medicina en la Universidad de Córdoba. Fue uno de los seis que se fugaron del penal de Rawson”. Los que lograron subir al avión rumbo al Chile de Allende en 1972, eran, además de Menna, otros jefes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros: Santucho, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Narvaja.

Casi cuatro años después, en 1976 y antes del operativo en Villa Martelli, algunos de esos jefes planeaban volver a reunirse: Santucho, desde el PRT, estaba viendo cómo encontrarse con el de Montoneros, Firmenich para discutir estrategias defensivas. No llegaron a concretarlo. Santucho estaba en el mismo departamento de Villa Martelli. Cuentan los periódicos de la estrella roja que el 19 de julio de 1976, las noticias difundieron a todo volumen la muerte de Santucho y Benito Urteaga, pero en cambio no mencionaron la captura de otro jefazo, Domingo Menna, ni de su compañera Ana María Lanzillotto, menos aún su embarazo.

Todavía no está del todo claro dónde fue el parto. La partida de nacimiento del nieto 121, como en otros casos, puede aportar pistas. “A Ana María Lanzilloto, una sobreviviente dijo que la vio en Puente 12, cuando estaba embarazada. Justamente, este juicio por Puente 12 debía comenzar ahora y se postergó para el año que viene”, dice el abogado Pablo Llonto.
A Menna lo vieron en Campo de Mayo, engrillado y torturado, alentando a los compañeros de cautiverio con sus relatos sobre la guerra de Vietnam. Algunos deducen que su mujer también fue llevada ahí, porque ahí vieron a algunos de quienes salieron con vida del departamento de Martelli.

La conferencia donde se darán más detalles, se postergó para el hoy a las 13. En Abuelas la alegría se mezcló con la tristeza al conocerse que en un accidente en La Plata, falleció Bruno Huck,  hijo de la ex diputada nacional Marcela Bordenave y ex marido de Claudia Carlotto, directora de CONADI.

En la conferencia en Abuelas, estará buen parte del clan Lanzilloto- Menna: Ramiro y la tía Alba, entre tantos. A él lo conmociona pensar el proceso que atraviesa su hermano. Pero celebra el afecto que la noticia despertó en la provincia donde vive y en el país: “Es un nieto de La Rioja, el hijo de una mujer de Los Llanos, nieto de Nicolás Lanzilloto, educador destacado. Es mi hermano, pero es nuestro nieto recuperado”.

María Eugenia Ludueña
María Eugenia Ludueña

Periodista y escritora, autora de Laura. Vida y militancia de Laura Carlotto.

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