La marcha de la bronca

 

marcha 3El camión que lleva a las Madres de Plaza de Mayo avanza por la avenida rumbo a la plaza. Antes de llegar a la esquina de Perú, un nene de cuatro años con una remera que dice “Las Malvinas son argentinas” se sube sobre los hombros del papá y las saluda. Hebe de Bonafini hace la v y la gente que marcha para conmemorar los 40 años del golpe cívico militar aplaude. De a poco aumenta el volumen del canto que marcó toda la caminata desde el Congreso: el “vamos a volver” que se oye en cada cuadra, entre el “Presente, ahora y siempre” y los nombres de los 30 mil desaparecidos.

Más de 250 mil personas desbordaron la Plaza de Mayo. Eran los organismos de Derechos Humanos, partidos políticos, movimientos sociales, sindicatos, centros de estudiantes, compañías de teatro y danza y muchísimos manifestantes sueltos. Esta no era una marcha más. El aniversario de número redondo y la nostalgia de la última década se escuchaban en los diálogos de los manifestantes. Qué loco cuarenta años, no puedo creer que pasó tanto tiempo, qué lástima que en la Casa Rosada ya no está Cristina, yo no había nacido pero hoy estoy acá, los 30 mil están en la plaza, se siente. Las multitudes hablan, caóticas, y se dejan escuchar mientras se mueven.

Pero más allá de la conmemoración por los 40 años y la tristeza por lo perdido en las últimas elecciones, los que fueron a la plaza cargaban con las noticias de los primeros cien días de gobierno.

En los carteles y banderas se repetía el rechazo a la visita del presidente de Estados Unidos Barack Obama y al gobierno de Mauricio Macri, fortalecido después de conseguir el apoyo del Congreso para pagarle a los fondos buitres. Los buitres de goma y lana, enormes marionetas que se mezclaban con la gente, agitaban las alas a lo largo de la Avenida de Mayo. Y luego, esa escena simbólica se plasmó en el discurso de los organismos, leído poco después de las 17:  “los miles de despidos, la persecución a la militancia, los planes sociales desarmados, las leyes del Congreso en contra del pueblo y la represión, son algunos de los hechos de los primeros 100 días de gobierno que nos convocan a defender la democracia”, leyó Estela de Carloto, la presidenta de Abuelas.

Laura es médica, trabaja en el Hospital Fernández y siempre participa de las marchas. “No podía no venir. Es una oportunidad para mostrar una correlación de fuerzas, una forma de medir cuánto somos capaces de convocar después del cambio de gobierno”. La acompaña Verónica, una psicóloga que trabaja en la UBA y atiende su propio consultorio. “No esperaba que la política de Macri fuera tan brutal en relación a los Derechos Humanos. Tenemos que preguntarnos cómo seguir, salir a la calle no es la única forma”, dice. Mientras se ponen protector solar -a esa hora todavía parecía una tarde de verano- cuentan a Cosecha Roja que estuvieron el 9 de diciembre en la despedida de Cristina Fernández de Kirchner y en la marcha contra la censura  a Víctor Hugo Morales.

El periodista y relator fue una de las estrellas de la marcha. Vendió ejemplares del especial de Tiempo Argentino que prepararon los trabajadores (hace cuatro meses que no les pagan los sueldos), charló con el público, se sacó fotos y firmó autógrafos en la esquina de Diagonal Norte y Florida. Lo rodeaban y aplaudían decenas de personas.

Alrededor de las tres, mientras Avenida de Mayo se poblaba y el sol pegaba de lleno, Diagonal Norte era el escenario para las performances de los artistas. Una compañía de mujeres vestidas de blanco bailaba afro al ritmo de los tambores y movía energías entre el público con un apretón de manos y cabezas. Un grupo vestido de rojo reclamaba justicia por las víctimas de trata, las “desaparecidas de la democracia”. Entre los carteles que llevaban en la espalda se veía la cara de Marita Verón. Una cuadra más atrás quince mujeres y varones vestidos de negro caminaban en círculo con paraguas, simulando las rondas de las Madres y Abuelas de la plaza.

A las cinco de la tarde la plaza estaba llena. Apenas se podía avanzar por los costados, a paso de hombre, donde no estaba vallado ni había vendedores ambulantes de vinchas, choripanes y remeras. La locutora pedía por altoparlante que dejaran espacio para que terminaran de llegar los organismos de Derechos Humanos al escenario. Estela de Carlotto, Taty Almeida, Carlos Pisoni, Amy Rice, Lita Boitano, Claudio Morresi, Haydee Gastelu y Manuel Goncalvez leyeron el discurso: “Hoy estamos en esta Plaza con el miedo nuevamente entre nosotros. Porque semanas atrás fue baleado un local partidario y dos militantes fueron heridas; porque semanas antes Gendarmería tiró con balas de goma contra una murga, mayoritariamente integrada por niños y niñas; y porque Milagro Sala es una presa política de este Gobierno, al que le molesta la militancia”.

No todos pudieron llegar a la plaza. Natalia caminó con su hijo de tres años a upa bien arriba de la vereda, donde la multitud dejaba espacio para respirar. El nene iba abrazado a la mamá cual oso panda. Ella va siempre a la marcha y esta fue la cuarta vez que trajo a los chicos. “Repudio la visita de Obama. Me parece importante que nos juntemos especialmente este año para manifestarnos contra el gobierno, que está violando los Derechos Humanos”, dijo a Cosecha Roja.

Por la mañana Macri y Obama visitaron el Parque de la Memoria. En su discurso, el presidente no habló de terrorismo de Estado ni de genocidio: “Hoy se cumplen 40 años del golpe militar que consolidó la época más oscura de nuestra historia. Y, como lo propuse el 1 de marzo en el Congreso, hoy es una oportunidad para que todos los argentinos gritemos juntos ‘Nunca más a la violencia política e institucional’, dijo. La declaración cayó mal entre los líderes de los organismos.

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– ¿En qué canal pasan esto? -preguntó una mujer con anteojos de sol.

– En C5N, seguro.

Un grupo de cuatro señoras sentadas en las mesas de la confitería London, sobre Avenida de Mayo, tomaban el té. Todas tenían cámaras de fotos colgando de sus cuellos, como viajeros japoneses en un museo. Delante de ellas, cientos de personas se apretujaban para pasar rumbo a la Plaza de Mayo y en sentido contrario intentando no tirar los vasos de jugo de naranja y los platos con masitas. Los mozos miraban desde adentro, donde algunos turistas terminaban de almorzar.

La multitud ya se extendía hasta el Congreso y doblaba durante diez cuadras por la 9 de Julio. Rita de 63 años encabezaba una columna bajo la bandera de “sobrevivientes de la dictadura”, justo detrás de los trabajadores desaparecidos del Hospital Posadas y delante de los gremios docentes. Su esposo Carlos Magariños desapareció en Cipoletti en 1978. Desde que se lo llevaron, ella empezó a militar por los Derechos Humanos y hasta se reunió con el entonces ministro del Interior, Albano Harguindeguy. Cada 24 de marzo llega a la marcha con un cartel en el que exhibe la foto del día en que se casó con Carlos en una capilla de Bahía Blanca. Él tenía 22, ella 21 y de luna de miel viajaron a Buenos Aires.

Casi llegando a la calle Moreno marchaba Adriana Cristina Lizaso. En la mano, entre las banderas de La Cámpora y la JP, sostenía el mismo cartel  de cada 24. Ella es sobreviviente de una familia diezmada por las dictaduras, en plural. El marido, el padre y los cuñados desaparecieron entre 1976 y 1977 y al cuñado mayor lo fusilaron en la masacre de José León Suárez el 16 de junio de 1956. Es un de los personajes de Operación Masacre. “El gobierno de Macri se ha valido de los grupos económicos y de los medios de comunicación para llegar al poder. Por eso es importantísimo venir hoy, para que sepan que no somos los choriplaneros y que ellos no nos representan”.

La columna de La Cámpora, una de las más largas junto con la de Patria Grande,  Nuevo Encuentro y el Movimiento Evita, fue de las últimas en llegar, detrás de las murgas, los gremios y las agrupaciones estudiantiles. Los hijos de desaparecidos entraron abriéndose paso en la multitud. La locutora convenció a la masa para que hicieran un camino entre los 250 mil que desbordaban hacia cada una de las calles laterales. Dos pibes se habían trepado a la pirámide de mayo, uno con una bandera argentina gigantesca, otro con una pequeña bandera amarilla de un sindicato. Desde allí escucharon el largo y duro discurso de los organismos, y agitaron los trapos en los tramos más críticos con el gobierno de Macri. “Macri, basura, vos sos la dictadura”, tronaba la plaza llena. Y otra vez, el “vamos a volver”, que le dio pie a Taty Almeyda para cerrar el acto con una confesión llena de optimismo: “no digo que vamos a volver… porque creo que nunca nos fuimos”.

Leila Mesyngier
Leila Mesyngier

Periodista. Editora de Cosecha Roja.

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