León Arslanian: “Es esencial que al policía se lo trate como a un sujeto laboral”

arslanianJulia Varela. Cosecha Roja-. El ex Ministro de Seguridad de Felipe Solá y creador de la Policía Buenos Aires 2 sostuvo que es necesaria la sindicalización de la policía, y agregó: “si esa mesa de negociación estuviese habilitada y expedita, estos desmanes que hoy estamos viendo no existirían”. En diálogo con Cosecha Roja dijo: “no se la puede seguir manejando con pactos, hay que reformar a la policía. Son fuerzas autogobernadas y que  tienen un esquema de conducción y de mando centralizado y vertical.”

 ¿En qué situación se encuentra hoy la policía de la Provincia de Buenos Aires?

Está en un proceso complejo. Porque la policía fue sometida a una reforma intensa, que comenzó en diciembre de 1997 con una intervención primero dispuesta por el entonces gobernador Duhalde y por una liquidación lisa y llana de lo que era la vieja policía de la Provincia de Buenos Aires. Ese proceso de reestructuración y de purga terminó en septiembre 1998. En abril del ’98 se creó el ministerio de seguridad, asumí en el 98. A partir de que se crea el ministerio, se cambia la ley orgánica policial y empezó con un proceso de descentralización policial importante. Este proceso de reforma sufre un retroceso muy grande con la asunción de Ruckauf y luego se retoma recién en 2004 con la gobernación de Felipe Solá, y hasta fines de 2007. Esa reforma, que estaba acabada, es duramente  atacada por la administración Scioli, que empieza un proceso de contrarreforma bastante seria. A causa de ello la policía hoy presenta la fisionomía de una reforma mutilada que tiene trazos de lo que fue la reforma y tiene aspectos centrales de haber sufrido una contrarreforma seria.

¿Por qué piensa que se dan los acuartelamientos de policías en diferentes provincias?

Yo creo que hay un fenómeno común a las policías de todas las provincias de Argentina, y es que ninguna de ellas, salvo alguna que otra excepción, no sufrieron ninguna reforma. Y el hecho de no haber sufrido ninguna reforma hace que todas esas policías adolezcan del mismo problema: que son fuerzas que se gobiernan a sí mismas. Son fuerzas autogobernadas y que además tienen un esquema de conducción y de mando centralizado y vertical que las hace similares o parecidas a la policía de modelo napoleónico, una policía de modelo concentrado de mando.

El problema de ser policías autogobernadas es que la capacidad que tienen los gobiernos de poder intervenir en esas fuerzas, controlarlas y disciplinar a su personal es muy limitado. Porque lo que ha venido pasando en Argentina es que en lugar de hacer esas reformas tendientes al gobierno democrático de la seguridad, a través de elencos gubernamentales políticos que gobiernan las fuerzas de seguridad, lo que se ha hecho han sido pactos políticos-policiales que han significado conceder poderes absolutos a las cúpulas policiales de gobierno, autodisciplina, a condición de que puedan garantizar un cierto orden público, que de algún modo no ponga en riesgo la gobernabilidad.

Lo que hoy estamos viviendo es el fruto de la ausencia de decisiones políticas que reivindiquen la gobernabilidad democrática de las fuerzas policiales y que lleven adelante los procesos de cambio  y de reforma estructurales que deben ser realizados.

¿Qué opina el sobre la sindicalización de la policía?

Estoy totalmente de acuerdo con la sindicalización. Parte de la problemática que hoy estamos viendo tiene que ver con haber considerado al trabajador policial, al recurso humano policial, como un sujeto por fuera del sistema de leyes laborales. Esa es una función propia de las monarquías absolutas, y no de las repúblicas democráticas.

Hay que tener en consideración la misión y la función que tiene la policía; de preservar la vida, la propiedad y la seguridad de las personas, por lo que no es dable que no hagan paros ni huelgas, pero esto no implica que no puedan serle reconocidos otra serie de derechos laborales entre los cuales está sindicalizarse y discutir en una mesa de negociación sus condiciones generales de trabajo.

Lamentablemente por esta modalidad napoleónica que tiene la organización policial, nadie conoce sus problemáticas públicamente. No es un tema salarial solamente. Hay problemas con el cumplimiento de horarios de trabajo, de 24 por 48; hay condiciones laborales que afectan la salud que no están debidamente controladas o contenidas, como los exámenes periódicos, la demanda de lugares apropiados para la atención psicológica y física policial; tiene que ver con el reconocimiento de otros derechos sociales, como el hábitat o la vivienda. Lo cierto es que es esencial que al policía se lo trate como un sujeto laboral y no como otra cosa y se le permita plantear de esta manera este tipo de necesidades alternativas.  Si esa mesa de negociación estuviese habilitada y expedita, estos desmanes que hoy estamos viendo no existirían. No hubiesen ocurrido.

Algunos sectores opinan que las reivindicaciones por aumentos de salarios y el acuartelamiento de las últimas semanas ponen de manifiesto disputas de poder hacia el ejecutivo provincial y/o nacional. ¿Qué opina de eso?

Si eso fuese así, denunciaría mucho más este fenómeno que yo estoy explicando de no gobernabilidad de la fuerza policial. Porque si la fuerza policial está gobernada según el Acuerdo para la Seguridad Democrática, que integré junto a organizaciones no gubernamentales y fuerzas políticas en diciembre del 2009, si los gobiernos controlaran a sus fuerzas policiales, ¿de qué disputa de poder estaríamos hablando? De ninguna. Si hay una disputa de poder es por esta falencia que yo señalo.

Es más, es realmente escandaloso y preocupante que no terminen de tomar nota de la necesidad de llevar adelante las reformas. No se puede seguir manejando a la policía con pactos. No se puede hacer eso. Es impropio de la democracia y del régimen democrático. Hay que reformar a la policía y hay que hacerse cargo de su conducción, capacitando elencos gubernamentales a esos fines. Hay que tener personal idóneo y técnico. No basta con crear un simple Ministerio de Seguridad que tiene un valor puramente nominal si no se lo dota delos recursos necesarios y se pone al frente de ellos a gente que sepa de qué se trata.

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