Lo que dejó el gigoló: culpar a las mujeres tiene rating

javierbazterricagigolóCosecha Roja.-

Javier Bazterrica entró al prime time como ‘el gigoló’, tuvo 4800 minutos de fama y salió por la puerta de atrás cuando se enteró de que lo buscaba la Justicia. Si el culpable es él pero la critican a ella, el delito queda en segundo plano: pasó cuando mataron a Daiana y hablaron del short, cuando la policía buscaba a Melina y la noticia era que le gustaban los boliches. Ahora a Fernanda, Adriana y Marianela las critican porque se engancharon con el estafador del momento. “Hay una triple victimización de las mujeres: la estafa económica y afectiva, la opinión pública que las señala por enamorarse y la acusación de que se merecen lo que les pasó”, dijo a Cosecha Roja la periodista Mariana Carbajal.

Algunos de los comentarios de lectores en el diario La Capital apuntan a las víctimas:

“Sinceramente tienen que estar desahuciadas en el amor para andar con este adefesio de la naturaleza, supongo que lo que les paso ellas mismas se lo buscaron”.

“Que el flaco es un chanta y garca no hay dudas… Ahora, ¿cómo deberíamos llamar a ese enorme grupo de mujeres que en cuanto ven la posibilidad de enganchar a un tipo con guita se hacen las enamoradas y no les importa más nada excepto vivir bien a costa de otro?”.

“Las mujeres que chatearon con este flaco, bastante desesperaditas y necesitadas. Lo único que les importaba era la imagen externa”.

– Si una mujer es seducida y engañada por esta comadreja fea, dientuda y que no sabe ni hablar, indica el bajísimo coeficiente intelectual de la damnificada. No busquen otra explicación porque no la hay. Seducía a retardadas.

– Estás subestimando a toda la gente que ha sido estafada en algún momento. Es el típico discurso del que dice la habrán violado porque andaba sueltita de ropa. Con estos comentarios ¿cómo pretenden que las víctimas salgan a hablar?

El ‘gigoló’ estafó a más de una veintena de mujeres, tres de ellas lo denunciaron ante la Justicia. Gastaba plata, les hacía “vivir la buena vida” y les prometía amor y lujos eternos. Se ponía “Nazar”, “Anchorena” o “Baigorria” de apellido para simular que venía de la aristocracia, empezaba el contacto por Facebook, les decía que jugaba al polo y se jactaba de usar ropa de La Martina. “Les prometía ser el príncipe azul y las dejaba en la lona”, dijo Carbajal.

El caso de la semana en los medios expone “los mitos sociales creados por el patriarcado y el capitalismo en los que hay un hombre que salva y provee”, explicó a Cosecha Roja el psiquiatra Enrique Stola. “Las mujeres no tienen la culpa, los mitos son fuertes y se reactualizan desde los medios de comunicación masiva”, dijo.

“Genio, vengador de los buenos. Yo lo aplaudo, un gran vendedor de ilusiones a mujer con popó en la cabeza que sólo buscan y no la esencia de una persona a las asquerositas y altaneras que sólo ven el dinero, el status y el qué dirán. Javi, sos un groso, un cazador de materialistas”

“Las mujeres caen en su propia trampa. Se dicen interesadas en el romanticismo y la bondad de su galán, pero jamás es así. Si este pibe se presentaba como mozo de un bar, por muy excelente persona que fuese, esta Fernanda no le daba ni cinco de bola”.

La triple victimización, el boom mediático, la presencia constante en la televisión, el trending topic en Twitter y la consagración de ser -en tiempo récord- imitado en el programa Tinelli corrieron el foco. Bazterrica está acusado por la Justicia de estafa, hurto y abuso de confianza. Además, una de sus ex novias denuncia que le pegó y que intentó abusarla cuando ella descubrió que él no era quien decía ser. “¿Quién está exento de ser estafado afectivamente?”, dijo Carbajal.

Eso le pasó a Fernanda, la joven rosarina. “Confíe en el. Le creí todo. Uno nunca piensa que se va a cruzar con este tipo de personas”, escribió en un comentario en La Capital. Para Stola, “cuando un hombre estafa a otro es sólo eso, en cambio cuando la víctima es a una mujer también es estafada en lo afectivo y lo sexual como un instrumento para despojarla de otros bienes”.

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La primera en denunciarlo formalmente había sido Fernanda Vergara en 2013. El caso salió publicado en los medios locales de Rosario pero no llegó al prime time de las cadenas nacionales de televisión. En aquel momento ella tenía 24 años, estudiaba derecho en la Universidad Católica Argentina (UCA) y lo conoció por Facebook. Él le dijo que jugaba al polo y que era contador. Chatearon unos quince días y cuando ella volvió de un viaje él la esperaba en el aeropuerto. Así comenzó la historia.

Días más tarde la pasó a buscar por Rosario con un auto lujoso. Le dijo que es era de su papá, “un empresario millonario porteño”. A principios de julio empezaron a vivir juntos. Él invitaba todo: los viajes, las cenas, los remises, los tragos y hasta le decía que pondría campos a nombre de ella “para evitar controles de la AFIP”.

Cuando Fernanda descubrió que la fecha de nacimiento del documento no coincidía con lo que le había dicho, empezó a sospechar. Él se enredó en versiones: que era porque tenía una causa en Estados Unidos, que había nacido en Inglaterra pero el padre lo anotó en Argentina para darle una herencia y otras más.

El punto final fue cuando la familia de la joven descubrió que faltaban 80 mil pesos de los ahorros. Lo encararon y no supo qué decir. Esos últimos días la golpeó e intentó abusar de ella. “El delito de cuello blanco se caracteriza por atacar lo económico. Al principio carece de violencia, pero puede aparecer después, al momento de ser descubierto”, dijo a Cosecha Roja Laura Quiñones Urquiza, perfiladora criminal.

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El primer contacto con Adriana -la hermana de Flavio Mendoza, quien mediatizó el caso- también fue por Facebook. Un mes más tarde de la primera charla tuvieron una cita. “Él jugaba como que era de una familia muy importante, hasta parecía que él me investigaba a mí. ‘¿De verdad sos la hermana de Flavio Mendoza?’, me decía y se hacía el que dudaba. Fue muy intempestiva la relación. A los 15 días, de alguna manera, estaba viviendo en mi casa. Tiene esa habilidad”, le contó Adriana al periodista Ricardo Canaletti.

A los tres meses de vivir juntos la estafó: le pidió dinero para invertir y ella le dio todos sus ahorros. La mujer lo denunció en el Juzgado de Instrucción 31 y en la tele. En el programa de Mariana Fabbiani Flavio Mendoza lo increpó y lo escupió. Twitter estalló y el gigoló se robó el prime time.

Para Quiñones, de comprobarse su culpabilidad, sería “un estafador a gran escala” porque se le imputan un montón de delitos: robo de identidad, fraude, falsificación, hurto, estafa, golpes, abuso. La perfiladora criminal contó que el año pasado, en Estados Unidos, el delito de “estafas por noviazgos” superó en el monto económico al de phishing (robo de claves bancarias).

Con Marianela convivió cuatro meses. En aquel entonces se llamaba “Máximo”. Ella lo denunció en el Juzgado de Instrucción 34 por robarle un Honda Fit. Él lo niega: dice que ella se lo había prestado y que cuando descubrió que su nombre no era real lo denunció por despecho. Bazterrica estuvo detenido tres días: uno en una comisaría y dos en Tribunales.

Bazterrica deberá declarar mañana ante la Justicia rosarina por el caso de Fernanda. Se enteró del pedido de captura del Juzgado de Delia Paleari mientras estaba en el estudio de Chiche Gelblum. En vivo, se fugó de la escena mediática. Quedó la estela de los hashtags que lo recuerdan, la opinión de Guido Suller desde el sillón de un estudio de TV y el anhelo de los productores de poder tipear en el zócalo: “Reapareció el gigoló”.

Foto: Adrián Escandar (Infobae)

Nota publicada el 20 de agosto de 2015

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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