Millones escuchan el rap de Fuerte Apache

fuerte apacheEl video que juntó y consagró a los raperos de Fuerte Apache, el complejo de monoblocks más picante y estigmatizado del oeste, se llama En Mi Barrio y lo vieron 4.237.000 personas: algo así como un tercio de la población de la provincia de Buenos Aires. La historia que cuenta es compleja y empieza con una leyenda que tiene nombre: el Fena. No sabemos su apellido, y no importa saberlo: Fena hay uno solo y en los monoblocks lo conocen todos. Es el pibe que a principios de los 90′, cuando nadie en el conurbano sabía qué era el rap, escuchaba a Snoop, Tupac y cuanta banda hiciera sonar esos fraseos tan violentos como pegadizos. Era el que se vestía como rapero, y que tiraba rimas cuando nadie sospechaba lo que era la cultura hip hop y, menos que menos, el gangsta rap.

¿Cómo se hacía Fena de esas rarezas, en una época sin Internet? ¿Sabía que estaba dando el puntapié inicial de un fenómeno que iba a cambiar la vida de decenas de pibes? ¿Soñaba con que su barrio, con fama de ser el más peligroso de la Argentina, empezara a ser conocido por sus músicos? ¿Imaginaba que la cultura que nació como expresión de los negros y latinos del Bronx iba a ser tomada por las nuevas generaciones del conurbano? ¿Sospechaba que esas viseras grandes, las remeras largas y los pantalones caídos algún día iban a convertirse en el estilo de muchos pibes de la zona?

No sabemos las respuestas y no las vamos a saber, por lo menos no de su boca. El Fena, como toda leyenda que se precie, tiene la capacidad de estar en todos lados y en ninguno a la vez. No está ni en el quiosco que atiende, ni en su casa, ni en la barbería donde se juntan los raperos del barrio. Siempre hay alguien lo vio pasar, se lo encontró ayer o lo espera para mañana.

-Si los buscás -dice el Melly, uno de los cantantes más conocidos del momento- no lo encontrás. Y cuando te descuidas lo tenés al lado tuyo, de la nada.

El comienzo

3-ma-faDonde sí aparece es en ese video que logró reunir, por primera vez, a los principales raperos del Fuerte Apache.

-Soy el Fena -dice allí-. Represento el verdadero FA.

Y aquí el primer stop. FA, Fuerte Apache, es la banda que Fena, Maximiliano Ocampo -El Massi-, Esteban Rodriguez y Pattu Cardozo fundaron a fines de los 90′. Se conocían del barrio o de la escuela. En algún momento Fena se fue -los motivos reales solo él los sabe- y FA siguió adelante. Lo primero que circuló fue el cassette de un ensayo. Uno de los temas empezaba diciendo “Nadie sabe lo que en el fuerte la vida te cuesta” y contaba la vida en el barrio. El otro hablaba del Guacho Cabañas, a esta altura un mito: todas las crónicas que narran su historia dicen que jugaba mejor que Tevez, pero que la falta de una familia que lo contuviera y las balas de la bonaerense se lo llevaron antes de poder demostrarlo. El tema se llama “cuando un amigo se va”, y quizás haya sido el primer hit de la banda. Empezó a circular de penal en penal, de villa en villa: se usaba como himno para despedir al amigo muerto.

Cuando alguien pasó esa cinta a mp3 y lo subió a myspace FA se convirtió en un fenómeno viral. Diez años después de escribir esas rimas en el patio de una escuela firmaron con Pelo Music. Hubo disco, un video dirigido por Pablo Trapero, gira por los canales de televisión y hasta una denuncia por apología del delito; sus letras –decían– eran una alabanza a las drogas, el robo y la violencia contra la policía.

monoblocks-Éramos cuatro pibes de barrio- cuenta Pattu, uno de los miembros de FA- y nos metimos a tocar en todos lados. Nosotros abrimos las puertas. Le pusimos el pecho a cantar las cosas que pasaban el barrio.

Está sentado al borde de una de las canchas: piso sintético, alambrado, gradas para ver el partido. Los murales y las canchas parecen ser lo único cuidado del barrio. Una la mandó a hacer Carlos Tevez. Las otras, distintos políticos. El resto del lugar parece tierra arrasada: paredes grises por la humedad y el paso del tiempo, rincones llenos de basura, escombros, construcciones improvisadas para guardar autos entre edificio y edificio y una estructura de pasillos solo comprensible para los 35.000 habitantes del barrio. Los monoblocks tienen estructura de gueto: las ventanas de más de tres mil departamentos parecen mirar todo lo que se mueve abajo. Los puestos de la Gendarmería cuidan el perímetro: son más de cien y están distribuidos en varios retenes que se volvieron parte del paisaje.

Hasta que FA se convirtió en un fenómeno, lo que sabíamos del barrio Ejército de los Andes era más bien poco. Que había nacido y crecido como un proyecto de las distintas dictaduras para erradicar las villas de la capital. Que el nombre Fuerte Apache era un estigma de le puso el periodista José de Zer mientras trasmitía un tiroteo en vivo, allá a finales de los 80′. Que los tiroteos eran cosa cotidiana: que alguna vez, luego de que cayera el capo de una de las bandas más conocidas del barrio, la comisaría tuvo que ser custodiada por un grupo de elite. Y sabíamos que Fuerte Apache fue la cuna de Carlos Tevez.

Cuando apareció FA, se supo algo nuevo. Los pibes que habían sobrevivido a la metralla policial de los 90′ tenían algo que decir. Y si FA era el fenómeno, no era la única banda. En paralelo, antes o después surgieron otras: Mp3, Los Gansters, pibes más chicos que se grababan con los doble casetera que, como ellos, habían logrado salir vivos del cambio de época.

En 2011 FA se separó, pero la semilla ya estaba plantada. Había algo que fermentaba en los pasillos, algo por germinar. Los que antes tenían bandas, ahora eran solistas: porta estudio en la casa, computadora conectada a Internet, una foto sobre la pista y subirla a Youtube. Todavía se pueden encontrar algunos en la red: las mismas voces que ahora la están rompiendo sonaban adolescentes, con rimas más precarias, pero con la potencia de quien tiene mucho para decir.

yayiLa explosión

Yayi terminó de entender lo que significaba el rap mientras estaba preso. Sus compañeros de pabellón escuchaban FA a todo volumen y no le creía que esos raperos eran sus amigos del barrio. Lo vio en 2007 desde su departamento cuando le dieron arresto domiciliario y le pusieron una tobillera electrónica, esa que cuando te movés más allá del living de tu casa emite una señal y hace que un operator del servicio penitenciario llame para ver si está todo ok. Yayi se compró el teléfono inalámbrico más potente del mercado, y con eso le alcanzó para salir a la vereda o cruzarse al quiosco a charlar con pibes. Fuerte Apache estaba lleno de raperos, y él los conocía más o menos a todos. Él también rapeaba, pero su vocación era otra:

-Mientras estaba en cana -cuenta- empecé a cortar el pelo con el feite. Me llamaba siempre el degradé, usar navaja, dibujar.

Cuando le sacaron la tobillera intentó hacerse un lugar en el mundo. Iba a peluquerías, decía que sabía el oficio y trataba de que no lo descubrieran. Aprendió, incluso a dominar el arte de cortar barbas, el más complejo. De ese aprendizaje nació La Barbería, el local donde Yayi logra que cada uno de los pibes que hacen fila para cortarse salgan con una estética de barrio: rapados al costado, dibujos en la cabeza, cortes con onda.

En los últimos dos años La Barbería se convirtió en un lugar de encuentro y referencia. En las paredes presiden los principales próceres del rap. A toda hora suena música alta. El que quiere se pone a improvisar en un micrófono instalado para eso. Y en un rincón un cliente instaló un estudio portátil. Todas las semanas se graban temas, se improvisa, se plantean fechas. Yayi formó su banda partir de esos encuentros: la bautizó La Barbería. Y se dio un gusto: grabó temas con Junior MC, su hijo de doce años.

Yayi no para.  Quizás su pico fue idear el video En Mi Barrio, un portento.

-Yo los conocía a todos. Algunos estaban peleados entre ellos, pero yo no me subía a ningún bondi. Tenía el sueño de hacer algo así.

Sus historias son fragmentadas: cada uno o dos minutos lo interrumpe alguien. Un pibe que quiere cortarse el pelo, otro que se ofrece a comprar un cable para el micrófono, una piba que anda buscando papel para armarse un porro. Yayi escucha, contesta y sigue:

-Todo esto era un sueño que yo tenía. Lo soñé y lo cumplimos.

¿Qué significa soñar en un barrio marcado por el estigma? En el video hay algunas respuestas. Sobre la base y la letra que escribió Yayi, la idea era que cada uno pusiera su parte, su visión del barrio.

El día que iban a grabar, falló el camarógrafo. Nadie sabe por qué los dejó plantados. Y entonces apareció el Melly, rapero emergente, ex Los Gansters, que estaba haciendo un acuerdo con una productora para filmar videos. Esa misma productora grabó el video. Melly escribió su parte de la letra en el colectivo, mientras iban al rodaje

El video quedó así:

-Iba a ser un tema más -dice Massi- No esperábamos tanto, ninguno de los muchachos que participamos. Yo no estaba al cien por cien bien, al estar metido en vicios que no me dejaban ver los logros que iba consiguiendo. Pero dentro de todo en todo momento no me quedé quieto: siempre seguí siendo Massi.

El después

El video reveló lo que estaba en el ambiente, lo que había crecido en los pasillos los últimos diez años. No una moda, no un fenómeno inflado por los medios: el emergente de algo que se había gestado a espaldas de todos. Era el fruto de lo que comenzó con Fena consiguiendo discos de 2pac o Snoop Dogg y que terminó con los pibes del barrio tocando con Ñengo Flow en el Luna Park.

La red y sobre todo Youtube potenciaron el fenómeno, pero no lo crearon. Ya existía de antes.  Massi, por ejemplo, aparece unas 15.000 veces en Youtube. Hay temas solistas subidos por amigos y fans, pero también decenas de participaciones en videos de otros: además de trayectoria, tiene una forma de plantarse y frasear que hace que muchos lo quieran en su equipo. Y recién hace un mes abrió su propio canal:

 

El Melly ya tenía el suyo y le iba bien, pero no se llevaba mucho con la tecnología.

-Perdí tres canales de Youtube -dice- porque me olvidaba la contraseña. De terror. Una cosa es el celular, otra es perder tres canales, que encima tenían 50 mil suscriptores, 60, 70 mil suscriptores. Tampoco me hacía mala sangre: lo único que tenía eran fotos que sacaba yo. Subía los temas con una sola foto, así nomás.

Ahora aprendió: se anotó en SADAIC para cobrar derechos de autor, guardó sus contraseñas en un lugar seguro, y se propuso subir videos de forma regular. El primero de lo que explotó se llama Vos no sos un criminal, y tiene casi 4 millones de visitas:

 

Las letras son picantes porque la vida es picante, porque las calles son picantes. El rap en general parece tener esa impronta: pinta el paisaje tanto como el paisaje moldea a los que lo cantan. Desde los pioneros del Bronx hasta los raperos modernos de Guadalajara, los tópicos son recurrentes: armas, tatuajes, aparecer rodeados por gente del barrio y disputas territoriales. Lo que se construye en cada estrofa es una identidad, una forma de ver y relatar el mundo que desde afuera se puede ver repetitiva, pero que, vista de cerca, tiene muchos matices.

-El rap tiene identidad. -dice Massi-. Cada uno tiene su estilo, su identidad. Puede parecerse, pero no es el mismo rap de acá, de Ciudadela, que el rap de los pibes de otros barrios. Cada uno tiene su mambo, su manera de ver la vida y de expresarse. Es como la manera de ser cada uno: no somos todos iguales. Y los pibes se expresan con música. Y está re bueno.  

Por eso se rapea la violencia: porque se nació signado por ella.  Es algo que de a poco empieza a relaborarse: 

-Hay que ser real -dice Massi-. Lo pibes en su afán de parecer real terminan embarrándola, porque incluyo yo tengo videos armados, pero no se ve apendejado, se puede apreciar un arte. Una cosa es hacerlo a través del arte con el afán de que vean o de ser visto. Otra es tratar de aparentar una situación. Reconozco que uno ha sido joven y ha tenido esos arranques, pero hoy lo veo de otra manera.

La puerta de salida parece ser cantarle a la redención, a los valores que incluyen olvidar el lugar de origen. Su último video se llama Resurrección.

 

 

De la cuna hasta la tumba”, suele decir en sus temas. Es el mismo lema que lleva tatuados en los antebrazos. ¿Qué significa? La pertenencia al barrio tiene una naturaleza doble: es estigma, pero también fuerte apacheorgullo. Es el lugar que te marca, pero también el que da identidad, un lugar en el mundo. Es el barrio que te abre las puertas, no importa si te corre la policía, si venís de gira, si tenés hambre o te falta abrigo. Allí donde todavía existe eso -donde el paco no arrasó con el lazo social, donde todavía se tejen valores plebeyos -el que hace rap representa, toma el micrófono para que otros escuchen la voz de todos. “La voz del barrio, de la calle al escenario”, grita Melly en cada canción.

-Acá adentro -dice Melly- me siento libre. Si a las tres de la mañana o a las dos la tarde me dan ganas de salir, siempre me encuentro con alguien.

El afuera es distinto, hostil. Los pocos meses que Melly, hijo de inmigrantes chaqueños y cordobeses, vivió afuera del barrio  lo experimentó en carne propia. Se había juntado con la madre de su hija, y no conseguía alquiler. Terminó en Lomas del Mirador.

-Era un barrio de viejos -dice-. Sentía que me miraban mal. Y cuando caía el sol, en la calle no quedaba nadie.

Ni bien se separó, volvió a Fuerte Apache. Ya era una persona distinta, no por haber estado afuera, sino por haber sido padre. Lo supo la noche en que llegó borracho y su hija estaba despierta. La nena, que todavía no había cumplido los tres, lo miró y se asustó. Después corrió a abrazarlo, pero Melly ya tenía la imagen grabada. Estuvo un año y medio sin probar alcohol.

Tener gente atrás es una responsabilidad. Sean hijos o sean público.

-Antes -dice- eso de tirar berretines me encantaba. Pero me puse a pensar en la cantidad de gente que me sigue. Por ejemplo, hay un tema que publiqué en diciembre y en enero ya tenía un millón y medio de reproducciones y dije: es un millón y medio de personas que están escuchando lo que yo digo. Es una responsabilidad que tengo. Así que hicimos un tema con Picky 3P, un rapero de Mar del Plata. Se llama alcohol y pasó los dos millones de reproducciones. 

En el ambiente lo llama “temas conscientes”. El Melly hizo uno sobre la violencia de género, algo inédito en el mundo del rap, donde las mujeres suelen estar relegadas a ser o inspiración o coros. Y dice que habrá más, siempre a su estilo:

-No hay que hacer temas conscientes aburridos, sino esos temas que te dejan pensando como pibe de barrio. Hay muchísimos temas así, pero para decirte que tenés que dejar la droga te hablan de “dejar el poder de la galaxia” y no es así. Vos le tenés que hablar directo, porque si no hablás directo nunca te van a entender. Hay que ser crudos.

monkeySe escribe, diría Fogwill,  para no ser escritos por otros. Y cuando los pibes de Fuerte Apache dicen “contala como quieras”, le están dando la espalda a los discursos que se construyen sobre ellos. En sus canciones están escribiendo una historia propia, con las herramientas que tienen a mano. El Monkey -uno de los más aplaudidos en los comentarios del video En Mi Barrio- convirtió su participación en esa movida colectiva en un manifiesto: “Que sabe usted lo que se vive en el Fuerte/ que sabe usted lo que yo pasé/ Mienten, los diarios y periodistas mienten / es el barrio del guerrero que sueña y siente”, empieza. Y luego sigue con un flow épico, narrando la vida en las calles de los monoblocks con un ritmo arrollador.

Hace poco, el Monkey  volvió a hacerlo. Somos iguales, dice en un video donde áctua Yayi. La letra no necesita explicación. Es cruda y directa, como todo lo que se hace en Fuerte Apache.

 

 

El otro gran tema los monobloqueros es el amor. Si las rimas violentas y las peleas llaman la atención, mezclar eso con rapeos románticos es explosivo. El primer tema romántico que Melly subió a su canal ya tiene casi 9 millones de reproducciones.  

pattuEl rap salva

No hay un censo claro, pero los referentes de la movida calculan que en Fuerte Apache hay unos 30 pibes que rapean de verdad. Y hay muchos más que lo hacen en el patio de la escuela, sentados en una esquina, entre amigos. El freestyle -improvisar rimas para enfrentarse a otros en una especie de duelo de palabras- es lo más democrático y masivo de hip hop. El que sabe rimar -el que es rápido de mente y no se achica ante el insulto ajeno- puede salir adelante en freestaleo.

-Hoy por hoy todo el mundo quiere rapear -dice Pattu-. Es la manera más fácil que tenés de expresarte. No necesitás una re voz, no necesitás ir a estudiar para hacerlo. Te nace, rapeás. No hace falta ir a estudiar esto: le buscás la vuelta y encontrás tu estilo. El que se lo propone puede.

Los payadores -que podrían ser la versión gaucha del free style- dicen que cuando uno empieza a improvisar, el mundo se percibe en rima: se vive en la poesía, y eso genera una especie de amor por los versos. Lo mismo podría decirse del rap. El que crea cambia su mundo y se cambia a sí mismo.

En 2012, el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de EE.UU, encargó un estudio sobre varios raperos. El trabajo se puede leer completo en inglés aquí.  La conclusión que sacaron durante la improvisación se producen cambios en el cerebro que “podrían promover la libre expresión de pensamientos y palabras sin las limitaciones neuronales habituales”. Y que la improvisación “se acopla a una red cerebral que enlaza la motivación, el estado del lenguaje y la acción”.

En otras palabras: rapear hace bien al cerebro. Y te da un motivo para seguir adelante:

-A mi la música -dice Massi- me salvó la vida. De una. Estuvo en todo momento. La verdad es que no tengo palabras para decirlo. Hace muy bien al corazón y a la mente tener un modo de expresarte.

El informe de Ijóvenes, que investigó las estrategias para que los pibes se dan para zafar de los consumos problemáticos. Entre ellas está la música, y en especial el rap. En esos espacios, dice el informe, hay  una restitución del lazo social que les da la posibilidad de construir un proyecto de vida. Son lugares, “donde se construye referencia, intereses compartidos, redes vinculares y solidaridades y, por ende, mayores niveles de inclusión”.  El presidente de IJóvenes,  Fernando Chino Navarro, lo dijo esta semana en un encuentro a pocas cuadras del barrio, en la Universidad de Tres de Febrero: “investigando en cuarenta territorios de la provincia descubrimos que los pibes necesitan encontrar su voz, contar sus historias para que nadie las vaya a contar por ellos condenándolos de antemano”.

El Melly se prepara para un show nuevo. Su hermana lo ayuda: atienden el teléfono de contrataciones y arregla dos  presentaciones en La Pampa. Este mes van cinco shows, más el que hizo con otros raperos y la municipalidad de Tres de Febrero. El intendente Diego Valenzuela en persona lo fue a ver al barrio. Le preguntó qué necesitaba: hacer shows, respondió él. De ahí surgió el recital en Caseros, a beneficio de uno de los comedores del barrio.

En uno de sus temas dice: “me cruce a la fama, me contó de qué se trata /y le dije las cosas se hacen como se me da la gana/ que si quiere que pregunte que ahora todos de mi hablan/ y hasta llegue a la tele sin hacerme el Tony Montana”.

Lo que la red permitió en otros rubros – hacer una carrera sin una maquinaria industrial detrás- también vale para el rap. Que haya pibes de Fuerte Apache viviendo de la música despierta las mismas esperanzas que Tevez, pero más palpables. Las herramientas están ahí, al alcance de cualquiera:

-Lo bueno -dice Pattu- es que los pibes se dieron cuenta que hay otra manera de ganarse la vida. Antes los pibitos solo admiraban al que pasaba en una moto robada, con oro que se le sacaron a otro. Ahora te ven a vos y te toman como referencia. Y está bien, porque te ven  que vos cambiaste, sos un pibe que es del barrio, no es una mentira. Ellos pueden fabular con ser Daddy Yanqui, pero te miran a vos, que sos lo más cercano que tienen. Y es algo real.

El rap es real.

 

Sebastián Hacher
Sebastián Hacher

Periodista.

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