Nahir Galarza y el fantasma del #NadieMenos

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¿Quién es Agustín Laje?

Suele escribir contra el feminismo, intentando ser provocador. Sigue la lógica de un troll: solo consigue atención cuando alguien le responde. Su última polémica empezó con este tuit: “Una chica de Gualeguaychú mató a balazos a su novio de 21 años. Fue presa? No, fue al área psiquiátrica de un hospital. Si hubiera sido al revés, el chico estaría ya mismo con perpetua. El feminismo no es igualdad; es privilegio”.

Se refería al crimen de Fernando Pastorizzo, de 20 años, asesinado por su novia de 19 años, Nahir Galarza. Al tuit de Laje le respondió la propia hermana de la víctima:

“Ojalá te llames a silencio antes de hablar del asesinato de mi hermano sin saber nada de la causa. Soy feminista y mañana voy a marchar para que se haga justicia”, tuiteó la joven.

El columnista no se llamó a silencio a tiempo. Y le respondió:

“No sé si te diste cuenta, pero el caso de tu hermano revienta gran parte del relato feminista. Hace falta estudiar un poco más antes de definirse”.

El machismo no conoce de empatía. Ni de respeto.

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Es una tradición. Ni bien empieza enero los medios buscan el ‘caso del verano’: el hecho sangriento que permitirá sobrellevar el calor, la falta de noticias y las redacciones reducidas en personal. La mayoría de los casos se nombran por sus víctimas. Este no: los medios lo bautizaron “Caso Nahir Galarza”. Las declaraciones, lo que llegaron a capturar de sus redes sociales, sus fotos de figura y pose adolescente inundan las pantallas.

Unos días antes del crimen, una estudiante de 25 años con dos hijos terminó con la mitad del cuerpo quemado por un ataque de su ex pareja en Berazategui. Ella está en coma. Los padres de la chica son desempleados y pidieron ayuda para cuidarlos.

¿Por qué ese caso no tiene la difusión que tiene el de Nahir Galarza? ¿Es solo porque los femicidios están normalizados y ya no llaman la atención de las audiencias?

Al morbo de la imagen de la chica y los detalles escabrosos, se suma un componente ideológico. El subtexto es ‘las mujeres también matan’ y ‘hay violencia de los dos lados’.  

Los medios son como el joven Laje, pero -a veces- tienen un poco más de pudor.

¿Hay que explicarlo una vez más? Se habla de femicidio cuando se mata a una mujer por el hecho de ser mujer: a la que dijo no, a la que se reveló contra la dominación masculina, a la que intentó romper el círculo de la violencia.

¿Significa eso que no mueran hombres? ¿Que las mujeres no asesinen a sus parejas? Nadie nunca dijo eso. El femicido es un asunto de asimetría de poder: según las Mumalá, en 2016 322 mujeres fueron asesinadas en manos de varones simplemente por ser mujeres.

 

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¿El Caso Nahir Galarza da por tierra con las ideas de #NiUnaMenos, o nos tiene que ayudar a pensar en cómo se construyen las parejas? ¿Estamos educando a nuestras jóvenes para que sean sanas y libres, o les estamos enseñando que la única forma de vivir es al lado de un varón?

El “te amo para siempre” que la chica escribió en las redes sociales y que los medios leyeron como un acto de psicopatía puede entenderse como un ejemplo de cómo el machismo atraviesa toda las relaciones.

El crimen cometido por Nahir está dentro de las lógica del patriarcado. La lógica de la simbiosis, de no poder ser unx mismx sin otro que me sostenga, del ‘juntxs para toda la vida’, es el reverso del “te amo y por eso te mato”.

Esa lógica atraviesa todas las relaciones y los géneros, y sin embargo la violencia sigue siendo violencia de género: de hombre contra mujer, ¿Por qué? Según la ley 26.485, “se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal”. La violencia de género funciona como una estrategia de reproducción de un régimen de status: no es anomalía ni un hecho aislado sino una situación de normalidad.

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Nahir mató a su novio con el arma de su padre policía. Después la dejó en el mismo lugar donde la había encontrado. Los medios hicieron eco en otros aspectos: dijeron, por ejemplo, que la chica se fue a dormir. La pregunta es otra ¿Cómo accedió al arma? ¿Por qué sabía donde estaba? ¿Por qué sabía usarla?

Un estudio del Instituto de Estudio Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), que publicamos en estas páginas, señala el 97 por ciento de los pedidos para convertirse en usuarios de armas son de varones.

La tenencia de armas de fuego, dice el estudio, está justificada a partir del modelo de masculinidad hegemónico: la pistola como representación de la potencia sexual y el hombre armado como garante de la seguridad de su familia. Este modelo tiene una doble connotación: el poder de protección se convierte en un poder de dominación.

Que el arma homicida haya sido la del padre policía, que ese arma haya estado a la vista y al alcance de la adolescente, que el vocero de la familia sea él, que se refiera a su hija en términos judiciales habla de una situación concreta. No se trata de si ella gritaba, si el novio le había pegado a ella, si ella lo andaba buscando por los boliches: la dominación machista tiene una raíz mucho más profunda. Y hace falta correrse de lo sensacional para empezar a pensar.

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La hermana del joven asesinado -adolescente igual que él y que Nahir, que confesó el crimen- además de poner en su lugar a Laje, demostró tener mucho más sentido común que varios periodistas. En su muro de facebook, escribió:

“La lucha feminista contra la violencia de género busca también visibilizar la violencia de mujeres hacia hombres, situaciones que no son denunciadas por las burlas impuestas por el patriarcado. Hoy le tocó a mi familia, y voy a luchar con más fuerzas que nunca porque nunca más pase algo así, que se genere conciencia acerca de las relaciones tóxicas y cuán importante es alejarse de ellas. Infinitas gracias a todos por estar conmigo, hoy dimensioné que estoy rodeada de gente hermosa que me quiere mucho. Ahora solo espero que se haga justicia así hay paz en mi familia”.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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