Otra vez el sueño de la picana portátil

A raíz del asesinato del policía Juan Pablo Roldán, sectores con portavoces como Patricia Bullrich y Sergio Berni volvieron a instalar la necesidad del uso de las TASER. ¿Qué hay detrás de esa insistencia?

Otra vez el sueño de la picana portátil

Por Cosecha Roja
29/09/2020

Ayer a la tarde Rodrigo Roza, de 51 años, salió de su departamento en un edificio de la calle Salguero, en el barrio porteño de Palermo, caminó unas cuadras y cuando pasó por la puerta del cuartel de Montada de la Policía Federal, se paró, les mostró un cuchillo y les dijo: 

-A ver a quién le toca morir ahora.

Roza siguió unas cuadras más hasta la esquina de avenida Figueroa Alcorta al 3300. Allí, las mesas en la vereda del restaurante Dashi estaban llenas de gente. 

Se paró frente a dos de ellos con un atrapasueños y empezó un monólogo que, hasta ahora, nadie reprodujo. Un grupo de la división de la Montada, que había salido a buscarlo, llegó al lugar. 

Cuchillo en mano, Roza enfrentó a los policías y acuchilló al inspector Juan Pablo Roldán, de 34 años. Roldán le disparó a las piernas, pero ya era tarde. El inspector de la policía fue trasladado al Sanatorio Mater Dei, donde poco después murió. Roza fue detenido y trasladado al hospital Fernández, donde quedó internado en terapia intensiva y murió horas después. 

Los vecinos de Roza contaron después que era un hombre que solía tener episodios violentos y que estaba medicado.

*** 

Al difundirse la muerte del policía Roldán, la ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se apuró a tuitear: “Lamento profundamente el asesinato del inspector de la @PFAOficial Juan Roldán. La muerte se podría haber evitado si el policía sentía el respaldo para actuar. Un cuchillo es mortal; no siempre se interpreta de esa forma. Mis condolencias a sus seres queridos y a la Institución”. 

Más tarde, en un programa radial, Bullrich dijo que “la derogación del protocolo de armas de fuego y el no uso de las armas Taser dejan a la policía en una situación de incertidumbre. Cada vez que un policía tiene que tomar una decisión, sabe que esa decisión lo puede llevar a la cárcel y que va a perder su carrera”. 

El actual ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, no se quedó atrás: “Lo que pasó ayer vale la revisión de ciertas cuestiones ideológicas que no valoran la vida de la yuta y tienen a la policía como moneda de cambio”, dijo. “La Taser es fundamental para situaciones de las características de lo que pasó ayer en Palermo”.

¿Por qué vuelve la discusión sobre el uso de las TASER en este momento? Para Tomás Bover, antropólogo del Grupo de Estudio en Policías y Fuerzas de Seguridad UNQ- IDES, tanto Bullrich como Berni encontraron el “caso perfecto” para justificar la vuelta de las TASER.

En mayo de 2019, el Ministerio de Seguridad de la Nación aprobó la Resolución N° 395/2019 que autorizó el uso de estas armas electrónicas por parte de las Fuerzas Federales de Seguridad. 

Si bien son nombradas como “no letales”, estas armas de electrochoque son también consideradas elementos de tortura por la ONU y organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y tienen una letalidad encubierta: en Estados Unidos más de 500 personas murieron después de recibir descargas eléctricas. 

En diciembre de 2019, la nueva ministra de Seguridad, Sabina Frederic derogó aquella resolución que autorizaba su uso. 

No evita muertes

Si Roldán hubiera tenido una TASER y la hubiese utilizado contra Roza ¿se hubieran evitado ambas muertes? No lo sabemos. Como ya contamos en esta página, en noviembre de 2007 un policía le ordenó a Jarrel Gray -un afroamericano de 20 años- que mostrara las manos y que se tirara al suelo. Según la versión oficial, Jarrel se negó y el agente le aplicó dos descargas en el pecho con una pistola Taser. 

El joven cayó al piso boca abajo y recibió una nueva descarga aunque ya no podía moverse. Murió dos horas después en un hospital. Los amigos contaron que sufría de sordera parcial y que pudo no haber escuchado las órdenes de la policía. Un año después, un tribunal justificó el uso de la Taser.

Andrew Meyer quería hacerle una pregunta al senador John Kerry en la Universidad de Florida, en septiembre de 2007. La policía del campus intentó sacarlo del salón, lo tiró al piso y le aplicó una descarga con una Taser por “resistencia física”.

Baron Pikes estaba en el suelo, esposado y rodeado de policías. Como desoyó la orden de levantarse, recibió seis descargas con una Taser. Después lo subieron al patrullero y le dieron una vez más, directo en el pecho. Cuando recibió las últimas dos descargas ya estaba muerto: tuvo un paro cardíaco por las nueve descargas de 50.000 voltios.

Keith Graff estaba en el suelo cuando la policía de Phoenix, Arizona le aplicó la pistola Taser durante 84 segundos a corta distancia, sobre el pecho desnudo. Murió por un “delirio con excitación”. El gobierno local tuvo que pagar dos millones de dólares por la demanda que impuso la familia del joven de 24 años.

En las recomendaciones que hace el Comité contra la tortura sobre la situación de cada país, advierte preocupación cuando se trata de las armas Taser porque su uso puede llevar al abuso de la fuerza. En el informe de diciembre de 2014 se refirió al caso de Estados Unidos y se mostró “consternado por el número de muertes ocurridas supuestamente como consecuencia del uso de armas de descarga eléctrica”. Además señaló los “numerosos y coherentes”testimonios sobre la utilización contra personas no armadas que se resisten a la detención o no cumplen inmediatamente las órdenes, sospechosos de delitos de poca gravedad e incluso menores de edad.

El sueño de la picana propia

Hoy se viralizó un video de hace 10 años en el que el entonces jefe de Gobierno Mauricio Macri, hablaba con el periodista Ernesto Tenenbaum de los beneficios de las Taser: “Lo más peligroso es cuando entrenás un policía y le das un arma que dispara balas, porque se equivoca, mata y no hay oportunidad. Esto (las Taser) que usan 300 policías es justamente para disuadir y evitar un daño terminal”.

Tenembaum le preguntaba: “¿Pero cuántas peleas con un ladrón con un cuchillo contra un policía hay en los últimos 10 años?”. “Con que haya una, alcanza”, contestó el entonces jefe de Gobierno porteño. En las redes sociales, lxs adeptos del ex presidente lo vieron como un visionario: excepto por el ‘detalle’ de que Roza no era un ladrón, sino un paciente psiquiátrico.

Ahora bien: ¿vale este caso fortuito y aislado (y no por eso menos trágico) para considerar el uso de estas picanas portátiles? ¿Son éstas las situaciones habituales con las que se encuentran diariamente los policías de calle? “Las rutinas policiales no están hechas de este caso: no es un policía en una esquina cheta frente a un enfermo psiquiátrico y seguido por las cámaras de un barrio hiper vigilado donde creemos que podría hacerse un uso inadecuado de un arma TASER”, responde Bover. 

“Y tampoco creemos que un miembro del cuerpo de Policía Montada, como Roldán, tendría una TASER. El uso estaría pensado para quienes hacen tareas de patrulla y seguridad ciudadana”, agrega.

Pero si no es efectiva ni salva vidas, ¿Para qué sirven? 

Repitamos lo que ya sabemos. 

Las Taser están consideradas un arma no letal,  pero en la práctica pueden matar.

Su uso va en contra del tratado de la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de Naciones Unidas. 

Más de 600 personas murieron en Estados Unidos por descargas de pistolas Taser en manos de policías, entre 2001 y 2014.

La Organización para las Naciones Unidas las cataloga como un instrumento de tortura. 

Detrás de la insistencia con su uso está el sueño de la picana móvil. 

Una variante más del ‘hay que matarlos a todos’.  

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales
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