Pichetto también se bajó del barco

pichettoxxEl primero de los Pichetto llegó a la Argentina en 1883. Según los registros, era un jornalero italiano, se llamaba Andrea, tenía 24 años y zarpó del puerto de Génova. Luego de él vinieron muchos más. Entre 1880 y 1950 llegaron a la Argentina un total 17 Pichettos. Lo hicieron en 13 barcos diferentes que navegaron, la mayoría de las veces, desde el puerto de Génova.

“¿Cuánta miseria puede aguantar Argentina recibiendo inmigrantes pobres?”, se preguntó hace poco el senador por Rio Negro Miguel Angel Pichetto, acaso descendiente de alguno de esos barcos. “Funcionamos como ajuste social de Bolivia y delictivo de Perú. Las principales villas del país están tomadas por peruanos. La Argentina incorpora toda esta resaca”, siguió.

Pichetto se sumó a una ola que ya estaba instalada. El 16 de octubre el programa que conduce Jorge Lanata, emitió un informe sobre los extranjeros que estudian en la UBA y se atienden en hospitales públicos bonaerenses.

“Es una estrategia clásica a nivel mundial: hablar de ciertos temas para tapar otros. Se tergiversa la información con falsedades, se genera violencia y se crean focos que ocultan discusiones políticas, sociales, de seguridad”, dijo a Cosecha Roja Pablo Ceriani Cernadas, coordinador del Programa de Migraciones y Asilo de la Universidad de Lanús y vicepresidente del Comité de Protección de los derechos de los migrantes y sus familias de Naciones Unidas. “Desde la Huelga de Inquilinos en 1905, hasta la toma del Parque Indoamericano en 2010, pasando por el acceso de inmigrantes a las universidades, se usan esos temas para evitar hablar de políticas habitacionales, educacionales o de seguridad. Lo cierto es que hablar de inmigrantes es hablar de una minoría que construye la Argentina”, explicó.

Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo para la Argentina en 2015, desde hace muchas décadas la población migrante tiene una muy baja incidencia sobre el total. En 2010 representaban al 4,5%. La principal corriente inmigratoria que recibe procede de los países sudamericanos, en particular, de Paraguay, Bolivia y de Perú.

Qué hacen los inmigrantes

Entre los Pichetto que llegaron al país hasta 1950, la mayoría eran jornaleros y agricultores. En los registros del CEMLA -la biblioteca que registra la llegada de inmigrantes al país- figura que también hubo un tejedor, un abogado, un rentista y al menos tres personas sin profesión conocida.

Si bien los inmigrantes siguen teniendo peso en la agricultura, el crecimiento de las ciudades los volcó a oficios urbanos. Según el infome de la OIT, en 2007 unos 100.000 trabajadores procedentes de Bolivia trabajaban en talleres textiles y que, hacia 2009, se calculaba que existían 5000 talleres en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 10.000 en todo el país.

En relación con la construcción, el informe señala que “representa una fuente importante de empleo para los migrantes recién arribados al país, en particular para los bolivianos, ya que la construcción da empleo a casi el 30 por ciento de los trabajadores de ese país, mientras que en el caso de los paraguayos el sector contrata a poco menos del 23 por ciento de los ocupados. Esta última colectividad es la más numerosa, ya que constituye casi el 30 por ciento del total, seguida por los bolivianos (con poco menos del 26%) y los peruanos, con alrededor del 20 por ciento”.

Para Ceriani Cernadas, la ley argentina es positiva porque promueve el permiso a la residencia y al trabajo. “La Ley de Migraciones está vigente tal cual se sancionó en 2003 y es modelo reconocido por la ONU, por la OEA. La anterior, la de Videla, dio suficientes pruebas de ilegitimidad e ineficacia. Además de que los movimientos migratorios no se dan por las leyes sino por causas estructurales”, dijo.

El investigador explicó que cuanto más restrictivas son las leyes, más inciden en el aumento de la violencia, de la explotación, de la clandestinización hasta de la trata de personas en ámbitos tales como el rural y el textil . “La ley argentina, en cambio, favorece la inclusión social, mejora las condiciones de vida. Hasta a los liberales les conviene porque genera mayores efectos de consumo y favorece la economía. Es una ley ejemplo que fue seguido por Uruguay, Bolivia y Perú”, contó.

Respecto del Centro de Detención de Migrantes, Ceriani dijo que el modelo no funciona en ningún lugar del mundo: “Es el Estado el que debe resolver la informalidad en lugar de responder con una privación de la libertad”.

Deportados sin salida

“Hace cinco meses, un muchacho fue al supermercado. No tenía documentos encima y lo detuvieron. Llamó a su mujer dos días después desde Paraguay: lo deportaron. Ahora una jueza tomó el caso e intimó al Director Nacional de Migraciones a que lo reingrese”, contó a Cosecha Roja Yefri Mosquera Solís, representante del Frente Argentina Migrante. La preocupación de las comunidades que integran ese movimiento creció aunque no desde los dichos desafortunados de Pichetto. “Estamos en alerta desde que el gobierno empezó a hablar de la casa de detención que en realidad es una cárcel. Sentimos que hay un retroceso”, dijo.

Todos los que llegan de países de Latinoamérica pueden permanecer en el país 90 días como turistas. A partir de ese lapso, si quieren permanecer deben sacar un permiso especial que tiene tres instancias: residencia precaria, con la que pueden trabajar, temporal y permanente. “El tema es que antes había programas de Acceso a la Justicia y de Migraciones, donde ellos se acercaban a los barrios para explicarle a la gente cómo hacer para obtener las residencias, los documentos o lo que necesitaran. Hoy esos programas no existen. En Migraciones dan 20 números por día y la tasa para el DNI aumentó un 300%”, explicó el joven peruano de 25 años que vino a la Argentina a los 19 en busca de una universidad. “Mi tía vive acá desde hace 20 años. Ella me ofreció su casa, en la Villa Rodrigo Bueno. Viendo los problemas de la gente de las diferentes comunidades y de compañeros de la universidad, armamos el Frente Argentina Migrante. Desde entonces hacemos charlas de orientación dos veces por semana y hay cinco abogados que nos ayudan”.

El pasado 16 de mayo, invitado por el gobierno argentino, llegó al país Mutuma Ruteere, relator especial sobre el racismo de las Naciones Unidas. Tras visitar varias provincias y hablar con organizaciones sociales y no gubernamentales, el experto reconoció que el país cuenta con un marco jurídico amplio para la igualdad de derechos para todos sus habitantes, sean argentinos o extranjeros. Sin embargo dijo que la aplicación de las leyes es deficiente y que persisten importantes desafíos. “Hay impunidad por parte de las fuerzas de seguridad públicas en los pasos de discriminación por perfil racial. Hay ausencia de una política eficaz de integración de los migrantes contribuye aún más a la marginalización y la estigmatización de este grupo”.

Por sus declaraciones, Pichetto fue denunciado por representantes diplomáticos de Perú y Bolivia ante el Instituto contra la Discriminación (Inadi). Pero el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio Avruj, salió a sostener su postura: “Estamos de acuerdo con las declaraciones de Pichetto sobre la inmigración. En los últimos años la Argentina fue muy permisiva. Llegó al país mucha gente con antecedentes no chequeados, que no estaba debidamente en regla”.

El último de los Pichetto que llegó en barco se llamaba Guido, tenía 56 años y llegó a las costas argentinas el 18 de octubre 1950, una semana antes del nacimiento del ahora senador. Aquel último inmigrante era tejedor y  llegó en el barco Castel Verde, casi un mito para las familias de inmigrantes italianos. En los cuatro años que prestó servicio, dicen los registros, transportó 10.893 pasajeros en 21 viajes entre las costas italianas y Argentina.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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