Relmu Ñamku: “Muchas luchas están lideradas por mujeres”

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Julia Muriel Dominzain – Cosecha Roja.-

El jurado que decidió que Relmu Ñamku es inocente era multicultural: seis de ellos eran mapuches. La dirigente de la comunidad Winkul Newen estaba acusada de tentativa de homicidio por un piedrazo que dio en la cabeza de una oficial de justicia. Piedras era lo único que tenían en la comunidad para enfrentar las topadoras de una petrolera con las que quisieron desalojarlos de sus casas en 2012. “Muchas luchas están lideradas por mujeres porque cuando se pone en riesgo la vida de nuestros hijos, somos nosotras las que salimos a defenderlos. A mí me acusaron por pobre, por india y por mujer”, dijo a Cosecha Roja Relmu.

En el juicio, que se hizo en la localidad neuquina de Zapala, también estaban imputados otros dos miembros de la comunidad mapuche Winkul Newen (Martín Maliqueo y Mauricio Raín). “Yo estaba acusada junto a dos hermanos más, pero a mí me pusieron la carátula más dura”, contó la líder.

El 28 de diciembre de 2012, a días de que empezara la feria judicial, la jueza Ivonne San Martín dictó una medida pedida por la fiscalía para facilitar el ingreso de la petrolera Apache con la policía al territorio en el paraje Portezuelo Chico, a unos 30 kilómetros de Zapala. El día anterior, la comunidad había velado a una nena. “Nació y falleció producto de la contaminación”, contó Relmu. Cuando llegaron las topadoras las diez familias estaban de duelo, en “un proceso cultural como pueblo” y resistieron a las máquinas con piedras.

En ese momento se lesionó la auxiliar de justicia Verónica Pelayes: sufrió la fractura del tabique nasal y una herida en el pómulo. Ninguno de los testigos presentados por la fiscalía y la querella identificó a Ñamku como la persona de arrojó esa piedra.

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“La lucha por los jurados populares empezó hace muchísimo tiempo y no es una pelea sólo formal -está incluído en la Constitución Nacional-: significa que el poder está en el pueblo, significa ser una democracia que se anima a darle el poder punitivo al pueblo”, explicó a Cosecha Roja Andrés Harfuch, de la Asociación Juicios por Jurados y del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip).

El debate no queda restringido al debate sobre si el “pueblo” debe o no participar de las decisiones de la Justicia. Las preguntas son muchas más: ¿cómo se compone el jurado?, ¿qué puede saber un juez varón cuando juzga una mujer?, ¿qué sabe un juez de clase media sobre cómo viven los pobres?, ¿cómo un hombre urbano sabe entender a quien vive en medio del campo?

Cuando empezó la discusión para incluir los jurados en algunas provincias del país, se tuvo en cuenta incluir el requisito de que estén integrados por seis mujeres y seis varones. Eso causó un gran impacto en el mundo y, según Harfuch, “Argentina cortó de cuajo con la discriminación por género”.

Los jurados se eligen por sorteo tomando como base el padrón electoral. Uno de los problemas que puede haber es que haya poca representación de las minorías étnicas y religiosas. Para resolverlo en dos provincias del país se incluyó el jurado intercultural.

En Chaco la ley dice: “Cuando el acusado pertenezca a los Pueblos Originarios Qom, Wichi o Mocoví, la mitad del jurado de doce miembros estará integrado obligatoriamente por hombres y mujeres de su misma comunidad originaria (…) Cuando se juzgue un hecho en donde el acusado y la víctima pertenezcan al mismo Pueblo Originario Qom, Wichi o Mocoví, el panel de doce jurados titulares y suplentes estará obligatoriamente integrado en su totalidad por hombres y mujeres de su misma comunidad de pertenencia”.

En el caso de Neuquén, el artículo 19 de la ley 2784 especifica: “En los procedimientos se tendrá en cuenta la diversidad étnica y cultural”. Luego, en el 198 -en el que se determina la forma de selección del jurado” dice: “El jurado deberá quedar integrado, incluyendo los suplentes, por hombres y mujeres en partes iguales. Se tratará de que, como mínimo, la mitad del jurado pertenezca al mismo entorno social y cultural del imputado”.

La comunidad tiró piedras contra topadoras y Relmu quedó acusada de “tentativa de homicidio”. La fiscalía solicitó 15 años. “La calificación fue irracional y desproporcionada y resultó un boomerang”, explicó a Cosecha Roja el abogado de Relmu Darío Kosovsky. Al pedir esa pena, y según la regulación de la provincia, la causa debía tener un jurado popular. “Fueron soberbios, consideraron peyorativamente al pueblo, creyeron que sería más violento que los propios jueces y menospreciaron su capacidad de comprensión de la totalidad del conflicto”, dijo.

El abogado califica la sentencia como “histórica”. En esa decisión se jugaba “si la comunidad se seguía poniendo de rodillas frente a las petroleras”. El jurado popular entendió perfectamente de qué se trataba. “La fiscalía les presentó el caso sólo como si fuera ‘una mujer tirando una piedra’ y les dijo que no se estaban discutiendo los derechos indígenas. Pero nosotros evitamos que les pusieran las anteojeras y les contamos la película completa, la de la esclavitud, la que empezó en 1492”, explicó Kosovsky.

Los sorteos de jurados populares son anuales y luego, para cada juicio, se hace una audiencia de selección. En este caso, al precisar que la mitad fuera mapuche, en vez de llamar a 30 para elegir a 12, convocaron a 48 (de los cuales 24 eran mapuches). La reunión duró 8  horas y cada una de las partes hizo preguntas y recusó a aquellos que demostraban que podían tener algún interés en juego en la causa.

“¿Quiénes de ustedes no estarían nunca de acuerdo con usar la violencia para defenderse?” y “¿quiénes de ustedes trabajan o tienen familiares que trabajen en empresas petroleras?” fueron algunas de las preguntas que hizo la defensa de Relmu. Como la estrategia del abogado era enfocarse en la legítima defensa del territorio y atacar a las petroleras, la información resultaba clave.

Finalmente, el jurado de 12 que juzgó a Relmu quedó conformado por empleados administrativos y de empresas, crianceros, amas de casa, una estudiante universitaria, una mujer que trabajaba en una escribanía, empleados de la municipalidad y del Ente Provincial de Energía.

Los integrantes del jurado reciben instrucciones precisas, se les explica qué es prueba y qué no, qué dice la ley, qué es un homicidio y qué es el daño. Después de los testimonios y los alegatos, deliberan hasta que llegan a una decisión. Y es el juez el que impone la pena. “Nunca pasó que haya gente que se haya rehusado a ser jurado. De hecho, a veces la gente se pone mal cuando no la convocan”, contó el integrante de Inecip. En el caso de Relmu, los suplentes estaban ‘tan copados’ que aunque no participaron, se quedaron como público.

Relmu contó: “El jurado estaba compuesto por gente par nuestra y por criollos que eran gente trabajadora, humilde, pobre. El pueblo es mucho más racional y centrado a la hora de tomar decisiones”.

Las experiencias que hay hasta el momento en el país de juicios por jurados demuestran varios efectos: los veredictos se aceptan con más naturalidad, los jueces, fiscales y abogados están obligados a hablar en términos más claros para que todos entiendan, quienes participan de los jurados mejoran su visión sobre la Justicia y los resultados son menos punitivistas. “De los 30 juicios que se han hecho en la provincia de Buenos Aires, 15 fueron absoluciones, algo muy alejado de lo que decían los que creían que el pueblo iba a linchar todo el mundo”, dijo Harfuch.

La discusión sobre los juicios por jurados sigue en cada una de las provincias. Ya existe legislación en Córdoba, Corrientes, Buenos Aires, Chubut y Río Negro.

El caso de la la líder mapuche era un combo perfecto: una gran empresa petrolera contra una mapuche que defiende los campos ancestrales de la contaminación del medio ambiente. Después de escuchar el veredicto del jurado multicultural, Relmu Ñamku se abrazó con sus compañeros. Para ella, “fue el triunfo del pueblo Mapuche”.

Fotos: Gustavo Figueroa

Nota publicada el 6/11/2015

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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