Víctor Truviano, el gurú que no come: lo denunciaron por violencia

Cinco mujeres de diferentes países se conectaron a través de Facebook y reconstruyeron sus historias como víctimas del “maestro de la sanación pranica”. Tres de ellas dan su testimonio en esta nota y una lo denunció en la justicia y pidió una restricción de acercamiento. Las otras dos prefirieron no hablar, tienen miedo.

Víctor Truviano, el gurú que no come: lo denunciaron por violencia

Por Florencia Pessarini
28/11/2019

Nació en Mar del Plata. En un bote. O quizás en Gerli, un barrio obrero que comparte jurisdicción con Avellaneda y Lanús. Pudo haber tenido padres concertistas, lo pudieron haber dado en adopción. Pudo haber tenido un autismo que -mágicamente- se le curó cuando aprendió a tocar el violín y -mágicamente- le regresó cuando sus padres le exigieron tanto en la materia. Tocaba el violín, eso seguro. No sabemos si en bares de Capilla del Monte, en la orquesta de Lanús o en el Teatro Colón, suponiendo que una fuera excluyente de la otra. 

En 2006, supuestamente dejó de comer. Un tiempo más tarde habría dejado también de beber. Víctor asegura que se alimenta exclusivamente del prana, la energía vital del universo. El hecho de que no necesite comer como el resto de nosotros sería una prueba de una conciencia iluminada que usufructúa a través de charlas, talleres y meditaciones que cotizan en dólares. Víctor es pránico. Víctor ha visto el rostro de Babaji. Víctor es superior. 

Después de meses de investigarlo, su historia se presenta como un rompecabezas para armar. Ninguna de las combinaciones será del todo verdadera.

Algunas cosas sí: en Buenos Aires -mientras recibía subrepticias manifestaciones de Babaji- practicaba el amor libre. Cuando se fue de Buenos Aires ya no comía -¿o sí?- y, alrededor del mundo, el amor libre se convirtió en compulsivo, tóxico, abusivo.

Rusia, Finlandia, Corea, Indonesia, Brasil, Francia, Eslovenia, Italia, Uruguay. Tuvo parejas sexuales en cada país que visitó para hablar sobre su estado de supraconciencia.

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Irina habla en modo selfie desde el porche de su casa. Vive con sus padres, en las afueras de Moscú. Cuenta que investigando sobre pranismo llegó a uno de los cientos de videos en los que Víctor Truviano aparece hablando despacio, a veces impostando un acento.

Dio algunos likes en su perfil de Facebook y recibió una solicitud de amistad. De las vidas pasadas pasaron al universo y de allí a Skype: él le propuso enseñarle español a cambio de que ella le enseñara ruso. Dos meses después, Irina estaba viajando a España para conocerlo. Tenía 22 años.

Sobre cómo empezó una relación con él, Irina prefiere no hablar demasiado. Tiene el pelo largo y el costado de la cabeza rapada. Suspira y dice:

Me contó una historia larguísima de nuestras vidas pasadas que transcurría en Egipto. Yo le dije que quería tener una relación normal. Me dijo que quería exactamente lo mismo.  

Tan normal Irina no lo habrá visto, porque volvió a Moscú pensando que quizás sería mejor dejar las cosas ahí. Él lo percibió y le rogó que no lo olvidara.

Era agotador. Jugaba diferentes juegos. Manipulaba mucho. Por momentos dejaba de hablarme. Cuando sentía que no quería estar con él, hacía de todo para que yo cambiara de opinión. Pero cuando todo iba bien, hacía cosas para hacerme sentir mal cuenta sin mirar a la cámaraTambién me decía que era gorda y me hacía diferentes chistes con eso.

Para ese momento, Víctor ya vivía en la cocina de los padres de Irina, espacio que ella usaba como dormitorio.

***

Olesya conoció a Víctor en una meditación del Arte de Vivir en Buenos Aires. Era 2015 y ella comulgaba con toda filosofía new age que se le cruzara. Lo consideraba un gran maestro y le había pintado una mandala. A modo de agradecimiento, él la invitó a dar un paseo por el parque. 

En mi mundo, Víctor es una persona mágica. Todo el mundo quiere estar con él, ser tocado por él, escuchar sus palabras, recibir una instruccióndice en un español porteño. 

Olesya también es rusa, pero vive hace más de dieciocho años en Buenos Aires. Tiene ojos claros, pómulos fuertes y la boca naturalmente recta, aunque sonríe bastante y ahí todo se transforma. Habla en un bar de Palermo y aunque pide agua, la moza trae una mini ensalada para picar.

—A pesar de que lo traté con un psicólogo, el tema todavía me da taquicardia. Por eso no como —se excusa.

Dos años después de aquel paseo por el parque, Olesya volvió a verlo. Era el último proceso de ayuno colectivo que Víctor Truviano coordinaba en Buenos Aires.  Once días en una quinta, casi todos sin comer ni beber, en los que él daba algunas charlas cada día. De una forma u otra, Olesya tenía que conseguir los mil dólares que costaba la vivencia.

Llegó tarde, cuando el resto de los asistentes estaba a punto de tener su última cena.

—El maestro te quiere ver —le dijo la organizadora.

Nos quedamos una hora charlando abrazados en su habitación cuenta Olesya––. Yo estaba en éxtasis por el hecho de que mi amigo pránico me recibiera tan bien. Me dijo que fuera a comer y que, si quería, volviera más tarde. 

De los abrazos pasaron a las caricias y de las caricias al sexo. Al tercer día sin beber ni comer, Olesya estaba tan débil que se levantaba de la cama y se mareaba.

No podía encontrar una posición en la que no me doliera el estómago. Él me había dicho que durante los tres días de seco no me iba a tocar un pelo, porque yo tenía que disfrutar de mi viaje. Nos la pasamos cogiendo. 

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Ching-Yun conoció a Víctor en un encuentro de meditación de dos días en Corea. Desde Taiwán, su país natal, lo había contactado por Facebook para asistir a uno de sus talleres. Siento que el universo fluye a través tuyo, escribió él. Ella tenía 25 años y nunca había estado con un hombre. Su primera vez fue grabada sin consentimiento. 

Después del evento, la organizadora nos llevó a Víctor y a mí al templo. Solo a nosotros dos. En ese momento pensé que podía confiar en él, lo consideraba un maestro. Hablamos primero en el jardín pero como el clima estaba fresco, me invitó a pasar a su habitación. 

En el jardín Víctor le había contado de sus ganas de poner un Áshram en Taiwán: Ching-Yun le dijo que podía ayudarlo a encontrar un lugar y él se puso muy contento. Cuando entraron, la besó y tuvieron sexo.

¿Le dijiste que te estaba doliendo? 

Sí, le dije que fuera más despacio pero él estaba en su mundo. Él estaba disfrutando. 

¿Él sabía que era tu primera vez? 

Sí, me preguntó si alguna vez había tenido relaciones y le dije que no. 

***

En el camino de la iluminación, a los grandes yoguis de la tradición india se les han presentado muchas facultades. El poder de la clarividencia, la levitación. Del gran yogui del Tibbet se decía hasta que volaba. Víctor dice que comenzó a recibir manifestaciones silenciosas durante su infancia: sensaciones internas en su cuerpo. No fue de un día para el otro, pero en algún momento -asegura él- dejó de comer.

En una entrevista que da para uno de sus amigos yoguis, Víctor afirma que un día despertó sin hambre. En otra que dio para Supreme Master Television, dijo que había pasado cuatro días inconsciente y luego se había despertado sin la necesidad de alimento. A Irina le contó que fue a raíz de un cáncer. En el libro El Estado Babaji (Letrame, 2019) está la versión más repetida:

—Llegó a tener una tendinitis en el hombro de tantas horas de ensayo de violín, porque era un concertista super considerado, tenía giras y todo —cuenta Vicente Tiburcio, co-escritor y editor de El Estado Babaji.

Habla desde España. Por el ángulo de la cámara, desde su ordenador portátil.

—Tuvo que dejar el violín y dedicarse al canto. Bueno, es que él es un fuera de serie. Pero unos amigos bailarines le recomendaron un ayuno de 21 días que le podía mejorar mucho su tendinitis. Se fue con ellos a un sitio cerca del mar y terminó el ayuno con el impulso de seguir tomando líquido y no comer más.

Vicente tiene el pelo decolorado, abultado, un bronceado de verano europeo. Lentes de marco grueso blanco ocultan casi todo lo que la cámara enfoca de su cara. Es amigo de Víctor hace muchos años, incluso ha organizado alguno de sus talleres en España. Ahora, es su socio editorial.

—Cuando se le presentó la facultad de no comer el cuerpo mejoró más todavía, porque es un cuerpo limpio. Cambió de dentición, dejó sus gafas, se recuperó de una calvicie prematura. Cuando un cuerpo lleva más de un mes de ayuno seco es capaz de renovarse completamente —explica con entusiasmo.

Irina, en cambio, recuerda los arreglos en las muelas que todavía tiene. He had another nose, escribió ella a modo de epígrafe de una foto que envió por Whatsapp de un Víctor joven, con el pelo largo y una nariz ganchuda. Aunque es el detalle que menos importa, es imposible no buscar su nariz en decenas de fotos. A veces se ve finita y larga, pero recta. 

Vicente, mientras tanto, sigue hablando:

—Su padre era pianista y su madre violinista. Su padre le inculcó el violín y eso le dio mucha disciplina. Ensayaba muchas, muchas horas y esas circunstancias de soledad fueron actualizando un estado en él.

—¿Víctor practica yoga? 

—Em… no. Em, bueno. Víctor ha hecho de todo. Aladelta… Pero yoga no. Ni falta que le hace. Es que… Víctor está más allá de cualquier práctica. El yoga que hace Víctor es un yoga superior. El yoga de Víctor es de alto vuelo, es alquimia pura. 

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Olesya piensa que a sus cuarenta años, Víctor no sabe coger. Debe ser eso, porque están juntos en la cama y él de pronto la penetra. Le pide que por favor deje de hacer eso, pero él sigue. Una vez lo empuja de la cama; después se siente mal y llora. Se pregunta si los semidioses cogerán así.

—Hablé de eso con las otras chicas y es siempre lo mismo. Siempre sexo con dolor. —dice Oleysa con sus brazos largos cruzados sobre la mesa.

La música tapa la conversación, aunque no es que haya nadie que pueda escuchar: son las cinco de la tarde y el restaurante está completamente vacío.

—Si es un chabón cualquiera lo mandás a cagar. Pero cuando es alguien así no sabés cómo tratarlo.

***

Un ayuno de 11 días comienza con dos días de jugos cuyo porcentaje de frutas se va reduciendo hasta convertirse en agua. Después siguen tres días de seco, en los que no se bebe ni se come. Durante esos días los discípulos de Víctor merodean cerca del agua, sin rumbo ni prisa. Pagaron 1000 dólares por una estadía que no incluye comida, bebida, ni camas, ya que la mayoría duerme en carpa.

Entre ellos comentan que Víctor es la reencarnación de Babaji y no ven la hora de preguntárselo personalmente. Pero el maestro no habla de eso, dice que ese conocimiento es para un nivel avanzado. Tampoco responde preguntas personales. Durante una hora por día, de un día amorfo y eterno sin el ritmo de las cuatro comidas, Víctor se limita a dar algunos consejos para lidiar con las molestias del hambre.

Olesya sí le hace preguntas personales. Pero él le dice que no, que nunca antes estuvo con una chica en un retiro. Le dice que la ama, que la esperó muchas vidas. Le cuenta que compró un departamento en las afueras de Moscú y le propone vivir la mitad del año allá. Que la plata la había juntado en sus épocas de violinista del Teatro Colón. Que el iPhone se lo había regalado un millonario en Rusia.

Yo que por poco pensaba que Víctor se comunicaba con telepatía, me sorprendí de ver que tenía el modelo que terminaba de salir. 

También usa el iPhone Watch y una base en donde apoya el teléfono para cargarlo, aunque no solo para eso.

***

/Jessica Buenos Aires
/Virgen Tamara 18
/Germany Greta
/Finlandia Kristina
/Moscow Nina
/Slovenia Agata
/Lituania Laima
/USA Atlantis
/Moscow Katia
/Ching-Yun Taiwan
/Yuna Seun Kora
/Germany Adagny 

Irina dice que fue en enero de 2018: que ese día abrió el Dropbox de Víctor y encontró su colección privada de videos. Más de 30 carpetas llamadas como sus parejas, un archivo minucioso de cada una de ellas: fragmentos de conversaciones, fotos de Facebook y videos sexuales grabados sin consentimiento.

—Estuve dos días en cama, temblando. No podía dormir ni comer. No sabía qué hacer— recuerda Irina —Encontré videos míos, videos con otras chicas…

Cotejando los nombres de las carpetas con los amigos de Facebook de Víctor, Irina empezó a contactarse con otras chicas. Todavía conservan el grupo de cinco que más tarde formarían.

***

Cuando Ching-Yun volvió a Taiwán, siguió en contacto con Víctor a la distancia. Él le preguntaba cómo era la gente de su país, insistía con el Áshram, que quería vivir con ella, le decía palabras de amor. 

Después se dio cuenta de que en mi país no era tan fácil conseguir una visa para poner un templo. Ahí se volvió frío y distante. 

Ching-Yun habla desde Taichung, la ciudad a la que se mudó hace dos años. Antes de eso, vivía en el campo, en el condado de Hualien. Empezó a interesarse en prácticas espirituales a los 15 años. Sus padres, maestros, nunca habían creído en nada. Pero peleaban mucho.

—No tenía paz en mi casa. Estaba buscando algo de paz para mi mente y mi alma —dice Ching-Yun.

A los 18 se sumó a un grupo espiritual de Taiwán. El maestro enseñaba Chi Kung, una práctica tradicional china que trabaja el cuerpo, la respiración y la mente, a través de la liberación de energía. Comían vegetariano y controlaban su apetito sexual. El maestro decía que si querían crecer espiritualmente debían mantenerse solteros. También trabajar para mantener los ingresos del grupo. Trabajaban mucho pero no les pagaban, así que también tenían que trabajar en su tiempo libre. Cuando conoció a Víctor, Ching-Yun estaba buscando una forma más fácil de vivir.

—El tema con los grupos espirituales es que siempre hay alguien que busca el dinero y el poder. Y ahí empiezan los problemas.

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Cuando Víctor visita Buenos Aires, rota entre las casas de sus amigos. Son los mismos que aquella vez le sugirieron el retiro que podría curarle la tendinitis. Empezaron siendo siete, después se sumaron, se restaron, pero el grupo mantuvo su nombre: Siete Cielos. En una casa en Caballito, bailaban contact y practicaban el poliamor. También cocinaban comida vegetariana. Víctor no comía, pero le encantaba cocinarles a todos. Se unía a las reuniones sin hablar demasiado, se deslizaba de un lado a otro. Bailando también se deslizaba sobre el cuerpo de sus compañeras. Una de ellas cuenta que Víctor siempre le generó algo extraño: la sensación de que podía atravesarla. Nunca entendía cómo había llegado esa mano a su rodilla, la cabeza a su hombro.

Quizás también visite a su madre, puede que aún viva, puede que aún habite esa casa de Gerli de una planta, separada del barrio por un tapial. La mamá, delantal calzado, aprovecha la visita de un fotoperiodista que fue a entrevistar a Víctor para lamentarse.

––Qué pena, a mí que me encanta hacer milanesas––dice––. Víctor está muy metido en el tema de la música, practica mucho. También medita.

Su cuarto es un espacio completamente vacío. En el suelo, nada más que almohadones y la luz que allí se proyecta desde la ventana.

***

Irina encuentra cosas en la valija de Víctor. A veces dulces, a veces quesos. Un paquete abierto de carne disecada. Víctor sabe que Irina está revisando su valija y un día le deja un mensaje: un paquete de salchichas con una notita dedicada.

––Una vez encontré muchos saquitos de té en el tacho de basura -cuenta Irina- Le pregunté y me dijo que lo usaba para lavarse los dientes. Pero no tiene sentido. Todo el mundo sabe que el té no es bueno para los dientes y, además, era uno con azúcar agregada.

A veces Irina lo veía tildado y le preguntaba en qué estaba pensando.

––Él no me podía responder, obvio. Ahora me doy cuenta de que todo el tiempo estaba pensando en cómo sostener sus mentiras.

***

Intento contactarme con Victor Truviano. En su nombre y desde uno vaya a saber qué lugar del mundo, me responde Lisa. Me informa que si tengo pensado preguntarle hace cuánto que no bebe y qué fue lo último que comió, mejor no pierda el tiempo. Dice:Por favor le pedír que vea algunos de estos vídeos para que usted saber un poco más de cómo ser los encuentros con el, y como estár el en estos últimos tiempos”  (sic)

Víctor pronuncia palabras huecas durante 21 minutos. Cuesta seguir el hilo. Escucho solo significantes.

Observarte es crearte y recrearte.
Y cuando te quieren devastar, observarte es construirte y reconstruirte.
Así como la creación realiza el universo.
Así como el universo crea el ruido y el silencio en el cosmos.
Es así también como el cosmos medita a través de ti. 

Habla despacio. Deforma las vocales, suaviza la ll: finge un acento de ningún lugar. También su expresión parece impostada. Su mirada fija de ojos bien abiertos y cejas arqueadas contrasta con su sonrisa, que eleva sus comisuras hasta donde comienzan sus orejas.

En el segundo video Víctor está envuelto en una túnica naranja en un bosque nevado de Rusia. De nuevo esa sonrisa. Los brazos extendidos con las palmas hacia arriba y un pájaro que se posa allí por una milésima de segundo y luego vuela. La edición del video, que compila uno tras otro esos breves instantes, me recuerda al de los videos que Irina encontró en su Dropbox.

***

[email protected] [email protected], estamos organizando el Retiro de Silencio con Victor Truviano para el 28/29 de Diciembre (Jueves-viernes).

Cada día habrá 3 sesiones, en ausencia de palabras, de 40/60 minutos de duración. Serán sesiones de silencio, meditación, respiración o como cada uno desee ya que Víctor no dará indicaciones a nadie de algo.

Él se limitará a entrar en silencio, como lo hace cada día.

La alimentación será exclusivamente de líquidos (Zumos de frutas, infusiones, agua, etc.).

Valor del encuentro: 340 euros. 

***

Irina, Olesya y Ching-Yun se conectaron por Facebook. Fue gracias a Irina, dice Oleysia. Junto a otras dos ex parejas de Víctor formaron un grupo de cinco en donde reconstruyeron algo de verdad a partir de las mentiras que les contaron. Las otras dos chicas no quieren hablar, tienen miedo.

Quienes contaron su historia recibieron agresiones y amenazas desde cuentas falsas de Facebook -en su mayoría- de corta vida: cuando las cuentas son eliminadas, se llevan consigo la evidencia. Pero una sigue activa: la de una nena rubia de nueve años llamada Marie Jacksom.

Marie Jacksom saca la lengua, Marie Jacksom posa envuelta en una toalla, Marie Jacksom abre mucho las piernas en una pose de ballet. Marie Jackson no es siempre la misma: son más de diez nenas rubias distintas.

Una cuenta similar  atacó a Irina en Facebook cuando ella decidió contar su historia. Otra identidad virtual publicó un video íntimo que ella le había mandado a Víctor cuando eran novios. Un mañana, Irina recibió un consolador por correo, pagado con su propia tarjeta de crédito. Y otra vez, un falso estudio de abogados de París le pidió que enviara toda la evidencia que tuviera sobre él. 

***

El maestro se conecta desde Lituana. Me concede dos preguntas; antes tuve que mandárselas a Lisa. Veo mi cara en la pantalla y pienso en el acoso virtual que recibieron otras. Mis preguntas las tiene escritas en un papel. Veo su enorme nariz mientras las lee. Por supuesto, sonríe. Y mientras piensa la respuesta, se masajea las comisuras con los dedos índice y meñique.

Finalmente, responde.

Esta charla entre tú y yo… Es… Imaginariamente real. Y realmente imaginaria. Y si estoy en tu pensamiento, soy… tan real como… lo es tu mente en este momento también.

En el espejo del fondo veo su túnica naranja, su asiento naranja, su alfombra naranja. El maestro me habla desde el templo. Solo tiene veinte minutos y una meditación abierta que dar.

Esta comprensión es decisiva para la evolución de la percepción ampliada. Por eso, en este momento. Creo yo que soy tan real. Inclusive más que tú. Porque puedo entrar y salir de tu mente a voluntad.

Esta vez hay algo de sentido en sus palabras. Busca hacerlas realidad al pronunciarlas despacio, hipnóticamente. La entrevista termina sin repregunta ni cuestionamiento posible.

***

“Le decían sopita porque hacía que vivía de ayuno y comía sopa a escondidas . vivía en carpa en capilla del monte y vendía yogur por la calle . sucio y poco carismático para mi . capilla está lleno de chantas así , por eso nos mudamos “.

(Comentarios en Facebook debajo de un escrache a Victor Truviano)

El 2 de octubre de 2018, la feminista Mariposa Blanca, sobreviviente de violencia machista y activista, publicó en su Facebook un escrache a Victor Truviano que fue compartido 1600 veces. Además del intercambio de aquí arriba, hay más de 600 comentarios de apoyo a las víctimas. Los que insultaron y amenazaron a Mariposa ya no están.

Olesya llegó a ella a través de un amigo en común. Mariposa estaba editando el libro sobre abuso infantil El Abrazo Conjunto (Miguitas de Amor, 2019) y hace tiempo que venía trabajando herramientas de sanación. Olesya tenía ciertos reparos con el movimiento, pero necesitaba sanar.

—Llegó súper vulnerable, con muchas dudas y mucha culpa —cuenta Mari Blanca—. Me contó su historia justificándose todo el tiempo, tratando de explicar por qué ella había sufrido esas violencias. Le dije: quedate tranqui, fuiste víctima de un machirulo de mierda, contame lo que quieras.

Hablaron durante horas. En un punto Olesya se relajó y empezó a contar su historia con más seguridad. Quería hacer algo, pero tenía mucho miedo. Todas tenían mucho miedo. Mariposa le propuso hacer un escrache y Olesya aceptó. En una hora, la publicación tenía más de 300 compartidos.

—Fue muy lindo porque ella pensaba que lo compartían porque eran “mis amigas” y yo le decía que no eran mis amigas, que eran compañeras feministas. Ella no podía creer que una persona la apoyara y le escribiera “yo te creo” sin conocerla.

Esa tarde rodaron lágrimas de validación: lo que te pasó está mal. Y no es tu culpa.

***

Hace cuatro meses, Olesya despertó con 100 comentarios en uno de sus videos de YouTube: que su culo, sus tetas, sus dedos, horribles, viejos, patéticos. Que saben dónde vive, que la van a matar. Olesya entró en otra dimensión. No estaba preparada para un bullying así.

—A mi con 30 años me costó horrores digerir todo lo que pasó. No me quiero imaginar si me pasaba cuando tenía la edad de otras de las chicas.

Al otro día, los 100 comentarios habían desaparecido.

—Acá el feminismo me apoyó muchísimo a través de Mari. Cuando otras chicas hicieron el mismo escrache en su país, no hubo quién la apoyara. Las feministas de Capilla del Monte organizaron un… No sé… me agarra como un… —dice Olesya y se toca los brazos largos — Y yo que decían que eran feminazis, mirá cómo nos apoyan cuando no hay nadie para defendernos.

***

Cuando Víctor dejó de comer -cuenta Vicente Tiburcio- se retiró a Capilla del Monte: el lugar obvio para alguien con pretensiones de gurú espiritual. Allí recibía gente de todo el mundo. Habían visto su cara en sueños y viajaban para conocerlo. Él les escribía mensajes en pedacitos de papel, porque en ese momento no hablaba. O vivía en carpa y vendía yogurt en tuppers enormes. Bailaba contact, daba cursos.

Víctor vivió allí de 2010 a 2012, pero en octubre de 2018 volvió para dar uno de sus talleres. El escrache de “las amigas” de Mariposa Blanca lo tomó por sorpresa.

Las mujeres del Movimiento Plurinacional de Mujeres de Capilla del Monte empapelaron el pueblo con afiches de advertencia. Llamaron a las radios y a los lugares donde se organizaba el evento diciendo que no querían otro abusador en su localidad. 

La respuesta al escrache no se hizo esperar. La organizadora del evento las agredió por redes sociales. Ese fin de semana, esquivó la vigilia que hicieron las militantes en el predio en donde iba a celebrarse el retiro de Víctor Truviano. Lo movió en secreto a otro lugar.

La violencia en el ámbito de la espiritualidad es moneda corriente. El acólito acude al gurú en busca de sanación; uno es vulnerable, el otro es poderoso. Muchos de los conceptos que de la espiritualidad se desprenden relativizan las violencias, las invisibilizan. La teoría del espejo, por ejemplo, dice que todo lo que sucede en tu entorno es un reflejo de tu interior. Si algo malo te está pasando, lo estás atrayendo energéticamente.

Una mujer del Movimiento Plurinacional cuenta que en Capilla está lleno de tipos así. Todos denunciados, todos libres. Las víctimas no tienen para pagar un abogado. Sin que se lo pida, vomita data. Quiere que el resto de los casos también se sepan.

***

Tengo que quedarme a cuidarla, es mi responsabilidad. Lo hizo por mí. Se me va todo al carajo, bancame un poquito. Irina no puede comer, se vomita todo. Estoy saliendo del hospital, estoy frente al hospital. 

Así le decía Víctor a Olesya cuando viajó de Buenos Aires a Rusia a ver a Irina. Antes, para irse a Argentina, le había dicho a Olesya que su hermano había tenido una sobredosis. Después volvió con Irina y viajó con ella a España. Por las mañanas, cuando salía a correr, llamaba a Olesya.

Un día Irina y Víctor viajaron a Estambul. Él se fue a comprar té para sus amigos, pero volvió a los cuarenta minutos con las manos vacías. Un tiempo después, ella encontró un resumen bancario con fecha de ese día. Figuraba una compra en un lugar llamado Bakes and Cakes.

—Yo sentía cosas, pero él me negaba todo. Me volvía loca. No podía confiar en mí misma.

***

—Dos días después de que Irina lo echara de la casa, Víctor me escribió diciéndome que había encontrado una forma de sacar la visa para venir a mi país, que quería verme —dice Ching-Yun.

En ese momento se enojó, pero ahora piensa que es afortunada. Víctor nunca tuvo una chance real de ir a Taiwán y por eso supone que Ching-Yun es la única en su país. Ha hablado con chicas de otras partes. Tienen miedo de contar su historia. Lo intentaron y nadie las escuchó.

Ching-Yun habla desde su cama. Se enteró de que existiría un video de ella teniendo relaciones con Víctor gracias a Irina y que pasó un tiempo largo hasta que pudo entrar en contacto con ella: alguien la había bloqueado desde su propia cuenta.

—En el fondo de mi corazón siento que lo perdoné. No debe ser bueno vivir esa vida. Debe ser terrible.

Ching-Yun nunca abandonó sus prácticas espirituales. Ahora tiene su propio estudio de sanación en Taichung.

—Siento un poco de lástima.

***

—Víctor me abrió mucho los ojos a este mundo —dice Olesya en un café de Belgrano —Seguí investigando y descubrí que, en el mundo de los maestros espirituales, hombres que no se realizaron materialmente en el mundo capitalista, se ponen una túnica naranja y a través de la palabra obtienen sexo, dinero y poder. Hay un montón.

—Ya basta de filosofías ancestrales que te dan la clave de la vida y te van cantando un mantra mientras te abren el tercer ojo a través de tu conexión con el centro de la galaxia… —sigue Olesya embalada —Nosotros los new ages le hemos dado demasiado poder a los profetas como Víctor. 

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A pedido de las víctimas, sus nombres en este relato han sido modificados. El pasado 8 de noviembre, una de ellas radicó en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) una denuncia contra Víctor Fabián Truviano Bogao por violencia y pidió una cautelar con restricción de acercamiento por maltrato físico y psíquico. La denuncia está actualmente en curso en el Juzgado Civil Nº 86 de la Ciudad de Buenos Aires. Otras lo intentaron, pero en sus países nadie las escuchó. 

Florencia Pessarini

Florencia Pessarini

Periodista egresada de TEA, trabaja hace diez años en medios digitales y gráficos. Trabajó también en radio y televisión y actualmente cursa una Maestría en Periodismo Narrativo en la UNSAM.
Florencia Pessarini

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