A tres años del asesinato del prefecto, ¿qué pasó con Tavo?

OctavioRomero

Oriane Fléchaire – Cosecha Roja.-

–Estoy listo. Te paso a buscar –le dijo Octavio por teléfono.

–Anda vos primero. Nos vemos allá –respondió Mariela.

Eran las 20.30 del sábado 11 de junio de 2011. Iban al cumpleaños de una amiga. Pero cuando Mariela llegó, una hora y media más tarde, su amigo todavía no estaba. En el departamento donde Octavio vivía con su novio Gabriel todo estaba igual: las luces y la tele prendidas, las bebidas para la fiesta en la heladera, su saco para salir en el armario y la plata en la mesa. Pero Tavo no aparecía.

El domingo Gabriel hizo la denuncia por la desaparición de su pareja. El lunes Mariela  consiguió una primera nota en televisión. Al día siguiente, el caso estaba en los informativos matutinos de la radio y para el miércoles, ya era noticia de la semana. El viernes hacía seis días que Octavio no daba señales de vida. Cientos de personas se habían sumado a la búsqueda a través de las redes sociales. De vuelta en la comisaría, Gabriel estaba con Joaquín, uno de su hermanos. Ahí se enteró por la televisión: “encontraron el cuerpo del prefecto desaparecido”.

–Tremendo. Un caos. Estábamos esperando en su casa. La familia, los amigos cercanos, todos llorando. Llegó Gaby. Recuerdo sus gritos desgarradores –dijo Mariela.

¿Qué pasó con Tavo? A tres años del asesinato del suboficial de Prefectura Naval Octavio “Tavo” Romero, hallado muerto el 17 de junio de 2011 en las orillas del Río de la Plata en Vicente López, la pregunta sigue sin respuesta.

***

Cuando se cumplió un año del crimen la justicia lo habilitó a Gabriel Gersbach como querellante. Hasta entonces, y a pesar de unos doce años de convivencia, le habían negado ese derecho por no tener un parentesco directo. Se consiguió con el apoyo de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) que a partir de entonces siguió con el caso. Pero llegó tarde.

­–En una investigación criminal, lo que no se hace los primeros días, no se puede hacer un año y medio después –dijo a Cosecha Roja el abogado de la ACIJ Nicolás Tauber.

Eso quedó demostrado en las autopsias: fueron dos y con resultados discordantes. Sólo una de ellas mencionaba alcohol en la sangre. Y a pesar de las diferencias la Justicia no solicitó otro peritaje. Ese dato llamó la atención de la ACIJ e interpeló también al entorno del prefecto respecto de las condiciones en las que su amigo fue asesinado.

–Hacía casi un año que le había agarrado un brote de cuidado personal. Tavo había dejado de tomar alcohol. Y cuando Gaby lo vio por última vez no estaba tomando ni con ánimos de tomar. ¿Lo habrán emborrachado? Uno se empieza a imaginar de todo –dijo a Cosecha Roja Mariela Lucero.

Desde el primer momento, la fiscal de la causa, Estela Andrades de Segura, privilegió la pista del mal llamado “crimen pasional”. Según el abogado de la ACIJ se puso el foco en que Octavio era homosexual y en su vida social “descuidada”. Para la justicia, Gabriel fue por mucho tiempo el sospechoso número uno. Esa hipótesis terminó finalmente descartada por la ausencia de toda prueba.

Los contactos que la víctima tenía en las redes sociales despertaron también el interés de la Justicia. Pero ese costado quedó en suspenso porque no se logró tramitar con Estados Unidos el acceso al contenido de las plataformas.

Mientras la atención de la Fiscalía estaba centrada en la vida personal de Octavio, quedó relegada la pista del crimen de odio que había movilizado a las organizaciones civiles y de Derechos Humanos. Poco antes de ser asesinado, Octavio había pedido permiso en su trabajo para casarse. Iba a ser el primer integrante de Prefectura en hacer uso de la Ley de Matrimonio Igualitario. Los superiores lo autorizaron siempre y cuando lo hiciera sin uniforme. A partir de ese momento, empezó a sufrir escraches y amenazas por parte de compañeros.

Las pocas pruebas jugaron en contra de esa línea de investigación. Ninguno de los testigos pudo decir concretamente lo que ahí estaba escrito. Y las puertas donde estaban los mensajes fueron pintadas. Aún así, la ACIJ insistió para que fueran amplificadas las declaraciones de los compañeros de trabajo de la víctima en base a lo que Tauber llamó “una duda seria y razonable”.

–Nos genera mucha inquietud la forma en la que Octavio fue asesinado (dos golpes en la cabeza), el hecho de que haya aparecido desnudo en el Río de la Plata y en una zona de jurisdicción exclusiva de la Prefectura –dijo el abogado.

También es llamativa la desaparición del arma de la víctima. Nunca la encontraron, ni siquiera en su casa.

En los próximos meses se terminarán de analizar los vídeos de las cámaras de seguridad. Seguirán declarando testigos e indagarán las llamadas telefónicas de distintos celulares. Y la ACIJ presentará ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) un informe sobre el caso.

–Es bastante decepcionante. Uno se siente en un punto muerto  –dijo Nicolás Tauber. Si no fuese por Gabriel que empuja, el caso no tendría ningún incentivo. No tiene rumbo.

***

Esta noche los amigos y familiares de Octavio Romero estarán en el puente de la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Colgarán una bandera inmensa con su rostro y su nombre. Prenderán velas, compartirán anécdotas y pedirán que se haga justicia.

Allí estará Mariela. Conoció a Tavo en la Universidad de San Salvador donde estudiaban juntos Relaciones Públicas. Ella tenía perfil bajo, era poco sociable. Tenía cinco o seis años más que sus compañeros y ponía distancia. Se sentaba en primera fila y no hablaba casi con nadie. Octavio, en cambio, era un “cascabel”, dice. Charlaba con todos, bromeaba con los profesores. El segundo día de clases ya tenía amigos y planes para salir. Le insistió medio año a Mariela para que participara de algún encuentro. Nunca se cansó de intentar romper el hielo. Hasta que tuvieron que hacer en grupo y se conocieron más a fondo. Al poco tiempo se volvieron inseparables.

–Todo era adrenalina. Los viajes en bondi se transformaban en una odisea. Sentarse en el parque a comer una mandarina. Ir a Lavalle a las seis de la tarde a mirar una película: éramos sólo nosotros y los jubilados. Octavio aportaba color a la vida y a la gente con la que estaba –dijo Mariela.

Además de ser el alma del grupo, todos los que lo trataron en la Universidad dicen que era un chico sobresaliente. Mariela estudiaba el triple de Tavo para sólo llegar a resultados menores.

Entrar en Prefectura le había dado un pasaporte para dejar su Curuzú Cuatiá natal, en Corrientes, donde le esperaba una vida de ciudad chica de Provincia y casarse con una novia que tuvo en el secundario. Aún a la distancia, Tavo encontraba la forma de seguir presente para su familia a la que amaba. Pagaba cuentas. Mandaba dinero. Más de una vez Mariela lo acompañó a Retiro a despachar cajas con medicamentos para su madre.

La carrera diplomática que iba a emprender le daría paso libre para viajar por el mundo. Ya se había ido dos veces a Europa y había vuelto fascinado. Octavio era curioso. No se conformaba con poco. Era de esa gente a quien todo parece quedarle chico.

–Me siento afortunada de haberlo tenido tan cerca tanto tiempo –dijo Mariela. A mí me dio la mano. Me dijo “vení que hay mundo para descubrir, vení que te lo muestro”.

 

Justicia para Octavio Romero

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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