Asesinatos en México: el duro oficio de ser periodista en Veracruz

 Hace un año, la organización Periodistas de a Pie difundió estos testimonios de periodistas de Veracruz. A la situación que ellos narraban hay que sumarle las muertes de esta semana.  La voz de estos cinco periodistas -que por motivos de seguridad permanecen en el anonimato- merece seguir siendo escuchada: lo que denuncian no sólo no caducó. También se volvió más grave.

I. Puerto: Los periodistas en Veracruz estamos enfrentado una situación de temor, inseguridad, falta de mecanismos para hacer nuestro trabajo, cerrazón del gobierno, hostigamiento de las autoridades, presiones de los jefes e incertidumbre por no saber dónde está el enemigo.

A raíz del asesinato de la periodista de Notiver –Yolanda Ordaz, el 26 de julio del 2011–,  10 compañeros de la fuente policiaca huyeron del estado. Así que ahora somos periodistas de política o de temas sociales quienes cubrimos la nota roja. Pero por el miedo los compañeros ya no salen a la calle a cubrir la nota policiaca y las páginas se llenan con boletines de las autoridades.

Otra complicación que tenemos es la falta de información oficial. Hay autoridades que de plano te dicen “si quieres te digo qué paso pero, por favor, no me cites, me metes en pedos”. ¿Qué puedes hacer? Es mejor algo extraoficial a no informar nada.

Ahora el reto para nosotros es tan sólo saber cuántas personas son ejecutadas al día. El día de la nota de los 14 muertos, que se publicó en la prensa nacional (Xalapa, 14 enero 2011), después el gobernador desmintió, no había fuente oficial. A mí me consta de 11 muertos, pero no hubo manera oficial de comprobarlo.

Luego sucedió lo de los 35 cuerpos (Boca del Río, 21 septiembre), y a mí me tocó tomar fotografías, habíamos pocos medios, dos, acaso. Tuve que compartirles las fotos a los medios y agencias nacionales e internacionales.

 

II. Veracruz: La psicosis se ha apoderado del periodismo en Veracruz. Fue en junio, desde que asesinaron al periodista  Miguel Ángel López Velasco –conocido como Milo Vela– y a la reportera Yolanda Ordaz (a él en su propia casa y el cuerpo de ella lo abandonaron frente a las instalaciones del periódico Imagen), cuando veo que empezó este miedo.

Desde entonces, los compañeros tanto de la fuente policiaca como de información general no quieren cubrir ni siquiera las protestas que jóvenes estudiantes de la Universidad Veracruzana realizaron para condenar el asesinato del catedrático José Luis Martínez Aguilar.

Luego de la muerte de Milo Vela y Yolanda reinó un caos. La amenaza al gremio se sintió real, cercana.

La fuga de aquellos que cubrían la fuente policiaca fue casi tan rápida como llena de rumores. Ante el éxodo masivo de reporteros policiacos, las mesas de redacción se quedaron con el problema de cómo llenar esa sección por muchos leída, pero que ahora no tenía a nadie que se atreviera a escribirla.

Además, el nuevo gobierno estableció la política de censura “sutil”, la cual significa que, casi inmediatamente de subir una nota que hable sobre la violencia en el estado, los medios reciben una llamada de parte de Comunicación Social pidiendo que la eliminen o que sólo dejen el boletín de prensa publicado.

Estos factores hicieron que, los que se animaron a publicar algo sobre delincuencia organizada, buscaran en las redes sociales, sobre todo en Twitter con el “hashtag” #Verfollow, su mejor fuente y en los boletines de prensa los rellenos para la nota.

Nadie sale a informar desde aquel 26 de julio, día en que se encontró el cuerpo decapitado de Yolanda Ordaz. De por sí el compromiso por buscar un buen reportaje en Veracruz se mantenía de bajo perfil. La investigación y el quehacer periodístico han quedado en segundo plano.

 

III. Xalapa. La situación para el periodismo en Veracruz ahora es la peor de la que he vivido en los últimos diez años. Con los gobiernos de Patricio Chirinos y Miguel Ángel Yunes había mucha represión, persecuciones, amenazas de desalojo a periódicos, presiones a los reporteros. Algo parecido ocurrió en el gobierno de Fidel Herrera, quien controlaba a la prensa con regalos como camionetas de lujo, casas, dinero, el pago de colegiaturas de los hijos de los reporteros o columnistas. Pero ahora se vive con miedo y terror.

Ahora la situación es completamente represiva con el gobierno de Javier Duarte, es directa contra toda la prensa, contra directivos y reporteros. Como el gobierno no da dinero, está censurando a periódicos, paginas de internet, columnistas y periodistas.  A los periodistas incómodos los están corriendo de sus medios.

En medio de la violencia, en este gobierno han sido asesinados 3 reporteros: Miguel López Velasco (subdirector de Notiver) Yolanda Ordaz (reportera de Notiver) Leonel López (del Diario Noticias en Acayucan). El clima es más complicado, la prensa veracruzana vive sus momentos más difíciles, de represión, desapariciones, asesinatos, amenazas de muerte, despidos y censura.
El clima de terror en el medio periodístico es en todo Veracruz, no sólo en Xalapa o el puerto. La autocensura se ha extendido a raíz de los asesinatos, hay pánico en los reporteros y fotógrafos que ya no salen a cubrir accidentes o las notas policiacas.

A los fotógrafos, la misma policía les ordena desaparecer imágenes. “Qué hacemos, tenemos familia, por eso lo aceptamos”, dicen los compañeros. Otros reporteros tienen amenazas de secuestro.

Ahora yo vivo el peor clima de terror, cierro con llave toda la casa, no duermo y salgo a la calle viendo a un lado y otro para ver si no hay peligro.

 

IV. Veracruz: Imaginen que un día, de pronto, descubren que el periodismo se sumerge en un mar de versiones oficiales y se convierte en la más grande oficina de Comunicación Social del estado. Que en los periódicos la declaracionitis abunda y que muchos colegas ya no reportean por temor a ser despedidos. Los pactos millonarios entre empresas informativas –ya no periódicos– y el gobierno se multiplican a tal grado que cualquier funcionario, cualquiera, llama para que te jalen las orejas, ya sea por una pregunta abrupta o por el simple hecho de que te quieren joder.

En Veracruz ya había crimen organizado, balaceras, extorsiones, pero ¿cómo desnudarlos si los que se supone deberían hacerlo ya estaban cooptados?

Ahora, con el gobierno de Javier Duarte ya casi nadie quiere la fuente policiaca, que porque está “muy feo”. A un reportero del Órale, suplemento estilo notiveriano (de Notiver) del Imagen, por escribir sobre un asesinato y publicarlo, lo levantaron (secuestraron) unos días. El director editorial nunca dio su nombre y tampoco explicó el por qué a fondo. Esto fue por marzo, si no mal recuerdo.

Un experimentado ex reportero de XEU me comentó que una vez fue levantado por el Zeta 40, pues estaba tratando de pedirles favores a algunos periodistas. Como él ya no trabajaba, no le entró, a diferencia de unos reporteros de policiaca que sí empezaron a recibir favores.

Hay que tener algo bien claro: en Veracruz, un reportero gana a lo mucho seis mil pesos al mes. Un profesor me dijo: “Los dueños de los diarios, están casados con la idea de que tú puedes sobrevivir pidiendo dinero o favores a políticos”.

Como freelance, regularmente no acudo al lugar de los hechos, porque no me siento seguro de ir. Nadie te garantiza que puedas salir vivo. No tienes garantías para ejercer tu trabajo. No sabes quién puede ponerte el dedo. Un policía, un funcionario, una oreja –personas contratadas por el gobierno para ver qué reportero hace cuestionamientos “indebidos”–, incluso los mismos reporteros te ponen el dedo, también.

En Veracruz ya no hay reporteros de policiaca. Ahora todos los periódicos retoman la versión oficial, comunicados del Ejército o la Marina, o sin crédito. Cuando Notiver dejó de informar de las balaceras, los ciudadanos empezaron a crear sus propias redes. Entre ellas Balaceras Veracruz, Reportes de Veracruz, páginas en Facebook y cuentas como @balacerasver en Twitter.

El problema con estas páginas es que muchas veces los ciudadanos reportaban cosas que no pasaban, informaban con datos de tercera mano.

Dice un colega: “Todo está muy mal, todos te ponen, hasta los mismos compañeros”. Entonces, la desconfianza aflora, ya no sabes en quién confiar.

 

V. Acayucan: Desde agosto los reporteros de Acayucan trabajamos de manera cautelosa porque hay temor, miedo, de todos los periodistas que estamos acá. No esperábamos tanta violencia. Ahora, a cualquier hora, puedes estar en una esquina y ves que se llevan a la gente. Así nomás, la suben a camionetas y se van.

Al rato, cuando llegamos a nuestras redacciones a escribir la noticia te llaman para decirte que no publiques nada, que no te metas porque si lo haces te va a ir mal.  No sé cómo le hacen, pero consiguen tu teléfono, incluso el celular, para localizarte.
El problema es que a veces nuestros jefes nos piden las notas y nos presionan para que las escribamos. No quieren entender el peligro, piensan que a lo mejor ya recibiste dinero del narco, pero creo que con lo que pasó con el asesinato de Leonel López, del Diario Noticias en Acayucan, las cosas van a cambiar.

La verdad es que ya bajó mucho el perfil de las noticias, ya no se publican tantas de “nota roja”. Es que hay mucho temor entre los reporteros porque ya no puedes andar tranquilo para salir, ya no puedes ir por una nota, y a veces ya no van a los actos porque les llaman los narcos para que no vayan.
Esto no es sólo en Acayucan, donde ya hay retenes militares en todas las carreteras, el miedo de los reporteros está en todo Veracruz.

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