Caso Malvino: muerte, alta sociedad y burocracia judicial

malvino-2Cosecha Roja-. Ariel Malvino tenía 23 años la mañana del 19 de enero de 2006. Había decidido que antes de recibirse de abogado se tomaría unas vacaciones en el sur de Brasil. Y ahí estaba ese último día en la playa de Ferrugem, donde tres jóvenes correntinos le pegaron hasta matarlo.

Andrés Gallino empezó a golpearlo. Horacio Pozo, hijo del secretario de Turismo de la provincia de Corrientes,  le dio una trompada desde atrás que lo hizo caer al suelo. La cabeza de Ariel golpeó contra una loza de cemento. Cuando estaba convulsionando en el piso, Eduardo Braun Billinghurst le tiró una piedra de 17 kilos.

A las pocas horas, los amigos de la alta sociedad correntina se fueron de Brasil. Hasta ahora nunca estuvieron detenidos. El encargado del bar y el dueño de la posada donde se estaban hospedando aportaron rápidamente los nombres y números de patente de dos autos.

Ariel Malvino era el hijo único de una familia de Palermo. Un día antes de su muerte, un grupo de argentinos estaban buscando a sus amigos para pelear. El 19, a las cinco de la mañana, se cruzaron en un bar de la playa. El lugar estaba lleno de fanáticos del surf.

Los dos grupos empezaron a discutir por fútbol. Ariel trató de calmarlos, pero le dieron un golpe que lo dejó tirado en el piso. Según los datos de la autopsia, la causa de la muerte fue el traumatismo craneoencefálico que le provocó el golpe en la caída. Pasaron 45 minutos hasta que llegó la ambulancia a esa playa a la que sólo se llega atravesando morros, por caminos de tierra. En Garopaba nadie podía atenderlo, así que lo llevaron a 30 kilómetros al sur, a Imbatuba. Murió 45 minutos después, de un paro cardíaco.

En enero de 2007, la jueza de Garopaba, Elianne Alfredo Cardoso, hizo lugar a la acusación que el fiscal Fabio Fernández de Oliveira Lyrio formuló contra los tres correntinos, pero no los detuvo.
Cuando se supo quiénes eran los sospechosos identificados por la justicia brasileña, varios jueces y fiscales correntinos pidieron no intervenir en la causa. Conocían a las familias de los acusados.
Los tres –Gallino, Pozo y Braun Billinghurst- fueron indagados en octubre de 2007 en Corrientes luego de responder un cuestionario por escrito. Braun Billinghurst acusado de tentativa de homicidio agravado por el estado de indefensión de la víctima, y los otros dos por lesiones corporales seguidas de muerte.
La investigación estuvo paralizada durante dos años porque no se traducían las declaraciones de los acusados del castellano al portugués. La demora en la investigación se acentuó aún más cuando, por medio de la ley 11.689/08, en Brasil se modificó el Código de Procedimiento Penal en los denominados delitos contra la vida.

“Los testigos declararon allá, pero los acusados no fueron a esa audiencia, entonces los testigos tuvieron que declarar otra vez en Argentina. Son 70 fojas que ahora hay que traducir otra vez al portugués pero por burocracia judicial nadie lo hace”, dijo el padre de Ariel Malvino.

Esos fueron sólo algunos de los contratiempos: cambios de fiscal y de juez por estar relacionados con las familias de los acusados, la demora de la justicia local en contratar un traductor, y las modificaciones en la legislación procesal penal brasilera.

El juez federal 2 de la capital correntina, Juan Carlos Vallejos, fijó las nuevas indagatorias para el 26, 27 y 28 de noviembre próximos. Fue a partir de un requerimiento vía exhorto del Juzgado de la Vara Única de Garopaba, Estado de Santa Catarina, Brasil.

El subsecretario de Turismo de Corrientes y padre de uno de los principales imputados por el crimen de Ariel Malvino, Horacio Vicente Pozo, tuvo que renunciar a su cargo. Cuando las primeras investigaciones apuntaban a su hijo, Pozo padre había dicho que no pensaba renunciar a su cargo. Pero tras la llegada del exhorto que envió la Justicia de Brasil, las cosas cambiaron.

El padre de Ariel Malvino estuvo dos veces en esa playa después de la muerte de su hijo. Parado en el mismo lugar donde lo mataron, le prometió justicia.

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