Tucumán: allanan empresas de la Chancha Ale, sospechado en el caso Marita Verón

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Cosecha Roja.- 

En Tucumán, en un operativo que incluyo el despliegue de más de 300 agentes, perros antidroga y un helicóptero, la Gendarmería Nacional hizo 15 allanamientos en una causa en la que se investiga al Mono y a la Chancha Ale por supuesto lavado de dinero. La Chancha, uno de los hombres fuertes de Tucumán, fue acusado por Susana Trimarco por la desaparición de su hija, Marita Verón, y por sobornar al tribunal que absolvió a los trece acusados.

La investigación la inició hace más de un año la UIF, la Unidad de Información Financiera, el organismo dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación encargado de investigar los posibles casos de lavado de dinero. Según explicaron fuentes de la UIF a Cosecha Roja, se detectaron movimientos sospechosos de dinero en las empresas pertenecientes a Rubén “La Chancha Ale” y su hermano, Ángel “El Mono” Ale. “Tienen una flota de más de 600 remises, hoteles y casinos. Además, estuvieron involucrados en causas por usurpación de tierras, tráfico de drogas e intento de homicidio”, indicaron en el orga
nismo.

La investigación de la UIF pasó al Ministerio Público Fiscal, que dio intervención al Juzgado Federal a cargo de Fernando Poviña. El juez ordenó 15 allanamientos en San Miguel de Tucumán y otras ciudades de la provincia. Entre ellos, una casa del Mono Ale, las instalaciones del club San Martín de Tucumán –del cual Rubén Ale fue presidente hasta 2011-, la remisería Cinco Estrellas y varios casinos electrónicos.

El abogado del Mono Ale, Víctor Hugo Taleb, explicó a Cosecha Roja que la causa tiene secreto de sumario. “Se trata de 15 allanamientos que responderían a una denuncia del director de la UIF por lavado de dinero”, dijo. Taleb contó que su cliente es dueño de la casa donde vive y que fue allanada hoy, en Rivadavia y Bolivia, en la capital provincial,  cuatro casinos electrónicos autorizados y propiedades agropecuarias destinadas a la explotación de la caña de azúcar (“todas declaradas ante la AFIP”). Con su hermano, la Chancha Ale, “no tiene ninguna relación comercial; nunca tuvieron relación comercial”, explicó el abogado, quien además indicó que su cliente tiene antecedentes penales en causas en las que fue sobreseído y que cumplió una condena por un caso de “exceso en legítima defensa”.

Los Ale son una familia conocida en San Miguel de Tucumán. El padre, Said Ale, tenía un puesto de frutas en el mercado de abasto. Durante la década del ’80, los hermanos comandaron la barrabrava de San Martín de Tucumán. Por esa época, fueron absueltos en varias causas por amenazas, lesiones en banda, asociación ilícita y por el asesinato de Los Gardelitos, el grupo con el que se disputaban la conducción de la barra. La Chancha había estado preso cuatro años por un intento de homicidio.

En el año 95, la Chancha y su esposa, María Jesús Rivero, acusada –y absuelta- de ser quién ordenó a su hermano Víctor el secuestro de Marita Verón, pusieron la remisería Cinco Estrellas, que arrancó con una flota de 400 vehículos no autorizados y llegó a tener más de 700. Desde esta empresa, la Chancha consolidó su poder y se convirtió en el hombre fuerte de Tucumán. La flota de remises se convirtió en una especie de fuerza policial puesta al servicio de los negocios familiares y del entonces gobernador Julio Miranda.

En 2008, la Chancha se convirtió en presidente del club San Martín de Tucumán, cargo que ocupó hasta 2011 cuando renunció alegando problemas de salud.

Durante el juicio por el secuestro y explotación sexual de su hija de María de los Ángeles Verón, la madre, Susana Trimarco, acusó a la Chancha Ale de ser el responsable de la desaparición de su hija. Después de más de diez meses de juicio, los trece acusados fueron absueltos. La Chancha Ale ni siquiera estuvo sentado en el banquillo. Ahora, una causa de la justicia federal por lavado de dinero pone en jaque el poder absoluto de los hermanos Ale en Tucumán y amaga con lograr lo que en los últimos veinte años la justicia provincial no pudo: llevarlos a la cárcel.

Foto: Gustavo Cobos

 

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