DJ proxeneta: condenado por prostituir adolescentes en Salta

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Estaba tomando un trago con Charly cuando me empecé a sentir mal. No me acuerdo que pasó a partir de ese momento. Me desperté unas horas después en una casa del barrio Santa Anta, en Salta. Estaba desnuda y había un hombre al lado mío. Cuando le pregunté quién era me dijo que se llamaba Carlos, tenía más o menos 60 años. “Charly me dijo que esto es lo que te corresponde”, y me dio 300 pesos. Después me di cuenta de que tenía moretones en las entrepiernas.

Charly es Carlos David Cachagua, el disc jockey del boliche Castillo Mao-Mao. El hombre de 35 años contrataba a adolescentes como promotoras de eventos, fiestas y bailes para locales nocturnos. Cuando las chicas llegaban a su primer día de trabajo, las tareas que tenían que cumplir no eran las prometidas. El Tribunal Oral en lo Criminal Nº1 salteño lo condenó a once años de prisión por drogar y explotar sexualmente a adolescentes.

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“Se busca promotoras para Castillo Mao-Mao, para hoy sin falta, buena presencia, responsable. Llamar o mandar mensaje”. Así atraían a las chicas por Facebook para la “exclusive-night” que se hacía los sábados en el boliche salteño.

Las “promotoras” adolescentes de Castillo Mao-Mao tenía que desfilar en ropa interior, dar shows eróticos como strippers, participar de concursos de “remeras mojadas” o bodypainting. Al final de la jornada las obligaban a tener relaciones sexuales con amigos de Cachagua a cambio de plata. Si ellas se negaban, él les ponía somníferos en los tragos sin que se dieran cuenta. Las jóvenes se despertaban desnudas al lado de hombres desconocidos que les daban plata por “los servicios nocturnos recibidos”. Toda la transacción era pactada por Cachagua.

“ESTE VIERNES CONCURSO DE LA REMERA MOJADA. SI QUERÉS PARTICIPAR DEJÁ TUS DATOS POR PRIVADO, PREMIO SORPRESA A LA MAS MOJADITA!”, decía un posteo en la página de Facebook del boliche que todavía sigue funcionando.

Durante la audiencia, una de las testigos contó que la primera vez que Cachagua la prostituyó ella tenía 15 años. Era el mismo mecanismo: él le dio de tomar algo y ella perdió el conocimiento. Al día siguiente se despertó desnuda al lado de un desconocido de 56 años en una casa de la localidad de General Güemes. “Charly ya viene”, le dijo el hombre. Ella se levantó y se volvió sola a la ciudad en colectivo. Otra de las adolescentes contó que Cachagua la obligó a abortar. “Me vas a hacer perder plata en los shows”, le dijo.

En los allanamientos y las vigilancias en la casa de Cachagua, la policía secuestró varias computadoras y celulares que tenían fotos y filmaciones pornográficas en las que aparecían las chicas. En las escuchas telefónicas, él trataba de “contratar” a una adolescente “flaquita, linda con buena cola y lolas”. A otra le ofreció comprarle lencería.

La investigación empezó por la denuncia que hizo la mamá de una de las adolescentes ante la División de Lucha contra la Trata de Personas en junio de 2012. Su hija salía casi todos los días de la semana en horarios nocturnos, la veía manejarse con dinero que ella nunca le había dado y sabía que frecuentaba el “Castillo Mao-Mao” donde trabajaba un tal “Charly”.

La mujer contó en el juicio que una amiga de la hija la invitó a viajar a Jujuy para participar de un desfile de modelos con Cachagua. La mamá le revisó la cuenta de Facebook y vio que las modelos eran su hija y la amiga en ropa interior. Una vez se encontró a Cachagua y le pidió que dejara de “molestarla”. “Tu hija me dio muchos problemas”, le respondió.

El juez federal 1 Julio Bavio lo consideró autor material del delito de captación de chicas menores de 18 años con fines de explotación y lo condenó a once años de prisión, según el sitio Fiscales.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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