El cuerpo de Nicolás estuvo 42 días en un placard

Cuarenta y dos días después de la última vez que se lo vio con vida, apareció muerto el arbolito Nicolás Silva. Su cuerpo estaba adentro de una valija. La valija colocada debajo de otras, adentro de un ropero, en un departamento de la calle Venezuela al 1200, en el barrio porteño de Monserrat. El cadáver estaba envuelto en un plástico transparente. La cabeza con dos bolsas de residuos negras. La ropa intacta en un cadáver en descomposición fue el primer indicio de que se trataba de Silva: chaleco azul, una remera a rayas, pantalón de jean y zapatillas Nike.

El cuerpo fue encontrado el domingo a la tarde. Hoy, su familia confirmó la identidad. La autopsia preliminar habría arrojado que Nicolás fue asesinado a puñaladas.

“Es la peor de las noticias”, dijo a Cosecha Roja el abogado de la financiera Mariano Lizardo. “Hay muchas hipótesis pero estoy convencido de que lo timaron. Lo llevaron a hacer una operación, y otra y otra. Y la policía se equivocó. Debería haber allanado el departamento de Venezuela, que fue en el que se registró el último impacto del celular de Nicolás”.

Por el crimen, la policía busca a Pablo Reyes, de 34 años, empleado de una agencia de seguridad llamada Gruspa y asignado a la custodia del edificio de la Agencia de Noticias Télam, en cuya casa se encontró el cadáver.

La esposa de Reyes, Brenda Blanco Rondón y su padre, Antonio Reyes, fueron quienes llamaron a la policía luego de encontrar el cadáver en el ropero. Pablo a esa hora ya no estaba en su casa. Más temprano había discutido con Brenda. Se fue enojado y dejó el celular. La mujer, según fuentes policiales, se puso a limpiar porque había un olor muy fuerte en toda la casa. Fue entonces cuando abrió el ropero, empezó a sacar las valijas y en la última encontró el cuerpo.

En la calle Venezuela se instalaron efectivos de la División Homicidios de la Policía Federal. Por orden del juez de Instrucción 3, Guillermo Carvajal, Blanco Rondón y Antonio Reyes quedaron demorados.

El abogado de la financiera, Mariano Lizardo no entiende qué pasó. “No había nada en Nico que indicara que iba a terminar de esa manera. Imaginate que en cada cueva trabajan entre 30 y 40 arbolitos. Se conocen todos. Y Nico no tenía ningún problema. No era un tipo nervioso”, contó.

El negocio de los arbolitos es la intermediación por eso “las cuevas y los clientes nunca se conocen. Esto quiere decir que la financiera no sabía dónde estaba Nicolás”, dijo Lizardo. Los arbolitos están en el medio y se llevan la diferencia, que suelen ser de centavos. Ellos ganan entre 700 y 1000 pesos por día. Viven al día. “Algo se habrá salido de su lugar. Lo extraño es que Nicolás era lo suficientemente lúcido como para saber si estaba en una situación de peligro”, explicó el abogado.

Cosecha Roja
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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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