Ferdinand von Schirach: una culpa bien narrada

culpaMartin Cortes – Cosecha Roja.-

Ferdinand von Schirach es uno de los abogados más reconocidos de Alemania. Intervino en algunos casos que tomaron alto vuelo mediático, como la puja por la revelación del historial médico de Klaus Kinski. Se desempeña exclusivamente en el derecho penal y, en su experiencia como letrado desde 1994, recopiló casos que convierte en historias con fuerte impronta literaria en dos libros que se convirtieron en best seller: Crímenes (Ed. Salandra)  fue el primero. El segundo, Culpa, apareció en 2010 y fue traducido a varios idiomas.

¿Por qué escribe von Schirach? Su estilo ahorrativo y seco, aún cuando da los detalles más escabrosos, nos hace imaginárnoslo contando sus casos con expresión inmutable y un tono monocorde, las manos apoyadas en el escritorio de una lujosa oficina alemana. La experiencia del autor, que tuvo en sus manos más de 700 casos, parece impulsarlo a realizar una catarsis. Von Schirach maneja sin problemas el ser parte del sistema judicial y exponer, al mismo tiempo, que éste no sólo no es perfecto sino que, además, llega a engendrar injusticia.

Ésa es otra de las cuestiones que propone Culpa. ¿Dónde se tocan lo justo y lo legítimo? ¿Es posible llegar siempre a un fallo justo y a la vez legítimo? O, más inquietante aún: ¿se puede alcanzar un fallo legítimo en que no se haya llegado a la verdad? El autor hace gala de un ojo clínico para escoger los casos que convierten a Culpa en una disección de todas las fibras que componen la miseria humana. Muestra, también, cómo quienes se encargan de administrar justicia, lejos de poseer conciencias elevadas que los aíslan en una nube esponjosa de imparcialidad, son seres humanos que generan empatía con quienes deben juzgar.

Los relatos, breves y concisos, suelen seguir siempre la misma fórmula, que no llega a ser repetitiva por su contenido y la economía en las palabras. Von Schirach presenta los personajes y sus contextos y escoge, hábil, los detalles que mejor mapean el territorio. Filtra  pinceladas de la realidad y las traduce a lenguaje jurídico, explicando al lector tecnicismos y consideraciones propias. Quien escribe esta reseña, lejos de las aulas polvorientas donde se imparten clases de derecho, considera que éste es un libro jugoso tanto para un estudiante, que encuentra en él una colección de casos narrados de forma llevadera, como para un lector de novelas. Von Schirach ingresa a los relatos con una tímida primera persona, un personaje más en la tarea de restaurar la armonía social luego de un crimen. O entorpecer ese proceso y escribir para expiar la culpa.

Von Schirach también hace gala de una sensibilidad social muy entrenada. Uno de los relatos más extensos, “La llave”, mezcla de Pulp Fiction y Rock’N’Rolla, introduce personajes que hacen pensar en qué tan calientes están los fantasmas de la Guerra Fría y sus consecuencias. Conviven un soldado soviético reconvertido en mafioso, obsesionado con asesinar chechenos (“Son como las papas fritas: cuando empiezas a matarlos, no puedes parar hasta que has acabado con todos. Tienes que cargártelos a todos. A todos y cada uno de ellos”) con un turco alemán, ese extraño producto de la posguerra que se convirtió en primera minoría étnica. El autor también se ubica en el centro de la cuestión de género, al presentar a una adolescente violada (“Bajo el escenario estaba oscuro y húmedo. Allí encontraron a la chica, desnuda, en el barro, embadurnada de esperma, embadurnada de orina, embadurnada de sangre. No podía hablar, y no se movía”) y a una mujer golpeada y su justiciero (¿qué hacer con él?). También esboza críticas al estado de bienestar con personajes que sobreviven gracias a la seguridad en medio de una decadencia espiritual digna de cualquier bajo fondo.

El autor no tiene problema en comenzar el cuento  “Los iluminados” a fines del siglo XVIII en la ciudad de Ingolstadt,  donde se creó la secta de los Illuminati y tuvo su hogar Frankenstein. Allí, narra la historia de un joven retraído que ama la pintura y es asfixiado en un ritual medieval por sus compañeros. Y es que Von Schirach tira una bomba: la moral occidental y los sistemas institucionales y psicológicos que la regulan pueden girar en falso. Desde su columna en Der Spiegel, la mayor revista semanal de Europa, denunció casos de abuso sexual en el colegio al que él había asistido, el jesuita Kollege St. Blassien. Sin embargo, relata desde una posición algo desesperanzada que puede volverse incómoda. En una entrevista que le hizó Ariel Magnus el año pasado para Página 12, dice que “vivimos en un gran momento. No hay guerra en Europa, y podemos almorzar en un buen restaurante italiano. Eso ya es más que lo que tuvieron la mayoría de las generaciones anteriores”. Además, todo lo que él diga se verá tamizado por su genealogía: es el nieto de Baldur von Schirach, jerarca nazi, líder de las Juventudes Hitlerianas desde 1933 y luego jefe territorial de Viena. El abuelo recibió una condena de 20 años de prisión por los tribunales de Nüremberg. Fue uno de los 7 reclusos de la cárcel de Spandau (con capacidad para 500), además de escribir Yo creí en Hitler. Allí dice: “es culpa mía, que asumo ante Dios y nuestra nación, haber educado a la juventud alemana en la fe en Hitler, el hombre que juzgué intachable y que resultó ser un asesino de millones de seres humanos”.

Ferdinand von Schirach y Culpa aportan a la reflexión sobre algunas de las cuestiones más candentes de toda la sociedad occidental actual. En 170 páginas en las que no sobra una coma, despliega facetas de las relaciones humanas cuando éstas llegan a su punto más dramático: la comisión de un crimen. Y en definitiva, al observar y reconstruir sin juzgar, no hace más que volcar su trabajo a la literatura: quizás por eso lo único que necesitó de inspiración para escribir fue el aburrimiento por las noches. De esa manga salieron su primer libro, Crímenes, que fue best-seller en Alemania durante 45 semanas, y Culpa, cuyos derechos fueron vendidos a veintiún países.

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