Imaginarios y miedos sobre las Inseguridades

tapa insegurosA continuación, el Primer texto del Capítulo 1 – Las inseguridades y los medios de comunicación del libro Inseguridades compilado por Roberto Samar, con prólogo de Raúl Zaffaroni y epílogo de Gregorio Kaminsky.

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1- Imaginarios y miedos

por Roberto Samar

Pensar la seguridad viene de la mano de pensar qué nos da inseguridad. Es decir, qué es lo que nos da miedo.

Cuando nos detenemos un segundo a pensar cómo percibimos estos fenómenos, nos encontramos que están en estrecha relación con la noción de imaginarios sociales. Estos imaginarios son los lentes con los cuales leemos la realidad.

Según Stella Martini y Gerardo Halpern, “el imaginario social es un modo (cultural) de interpretar e interpelar al mundo… Se puede decir que el imaginario es un conjunto de imágenes, la representación hecha de memoria, experiencias y proyectos y/o utopías de que se vale un grupo social para explicar, organizar, ordenar el mundo social, situarse y actuar en él. Es una construcción tanto consciente como inconsciente.” [1]

Este imaginario es el que define nuestros sueños y expectativas, mientras que paralelamente define al otro. Al que nos da miedo, rechazamos y estigmatizamos. En palabras de Martini y Halpern, “el imaginario permite que se hable de un nosotros (por ende de un ‘los otros’) y definir conductas en función a esas definiciones”.

Para ilustrar claramente cómo desde la primera infancia interpretamos la realidad atravesada por relaciones de poder y por patrones culturales e ideológicos, podemos tomar el estudio que realizó en México, el grupo 11.11 Cambio Social como parte de la campaña “Racismo en México”, el cual dejó en evidencia cierta dominación cultural. El informe replicó el experimento con niños/as y muñecos diseñado por Kenneth y Mammie Clark en los años treinta en Estados Unidos. [2]

En dicho estudio les dieron a niños de entre seis y diez años un muñeco de tez blanca, rubio y de ojos claros y otro de tez morena y de ojos de marrones. Todos los chicos dijeron lo mismo: les gustaba el muñeco blanco, mientras que le atribuyeron características negativas al juguete morocho; ese era el malo.

Cuando le preguntaron a un niño a cuál se parecía, él señaló al muñeco blanco. Pero tuvo que hacer un gran esfuerzo para explicar en qué se asemejaba. Finalmente dijo, “me parezco en la forma de la oreja”.

¿Qué es lo que hace que un niño asocie ser feo y malo a ser morocho?

Evidentemente, los mensajes que circulan en publicidades, dibujitos, juguetes, remeras, series y películas asocian lo bello y lo bueno a una determinada estética. Luego, esta forma de ver el mundo nos atraviesa y se constituye como parte de nuestra identidad, la cual naturalizamos y es una parte de los cimientos de nuestro sentido común.

Asimismo, estos imaginarios tienen que ver con nuestra historia. La cual también incide en nuestra forma de percibir el mundo. En ese sentido, en nuestra región se asoció la idea de progreso a la población europea y a Estados Unidos. Ya la expresaba Domingo Faustino Sarmiento en la dicotomía “civilización y barbarie”. La civilización era la forma de vida europea, con su gente, cultura, modelo y sistema. La barbarie era lo nativo, los gauchos, los pueblos originarios, lo distinto al pensamiento hegemónico.

Estos discursos circulan e inciden en nuestras miradas. Luego son naturalizadas y se plasman en nuestras normativas.

Como evidencia, el INADI “en el año 1853 se sancionó la Constitución de la Nación Argentina, cuyo artículo 25 expresaba (y aún hoy lo hace): “El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea”. “La letra constitucional indica la clara intención de sus redactores de poblar el país con inmigrantes europeos. La concepción eurocéntrica tiende a considerar despectivamente a las migraciones provenientes de países no europeos, e indeseable toda influencia cultural de poblaciones no blancas.” [3]

En el mismo camino, durante años se invisibilizaron nuestras características identitarias, para ilustrarlo podemos tomar la expresión “los argentinos descendemos de los barcos”. Sin embargo, el 56% de los argentinos tiene antepasados indígenas. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires. Según Daniel Corach, director del servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del CONICET, “lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser”[4].

Estas construcciones de sentido teñirán nuestra forma de interpretar qué nos da seguridad y placer; y qué nos produce miedo y rechazo. Probablemente una persona rubia, de tez blanca y de origen europeo tenga menos posibilidades de ser demorada por averiguación de antecedentes que un morocho latinoamericano.

[1] MARTINI, Stella y HALPERN, Gerardo. (1998) “Imaginarios Sociales”. Buenos Aires. Documento de la Cátedra.

[2] Viral Racismo en México – http://www.youtube.com/ watch?v=Z341bBS7oj0

[3] CONTRERAS, Julia. (2012). Documentos temáticos INADI. “Migrantes y discriminación” – http://inadi.gob.ar/promocion-y-desarrollo/publicaciones/ documentos-tematicos/migrantes/marco-general-documento-migrantes/

[4] Clarín 16/01/05 http://old.clarin.com/diario/2005/01/16/sociedad/s-03415.htm

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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