La violencia obstétrica es violencia de género: el caso de Nina

embarazoMiriam Maidana* – Cosecha Roja.-

“Los niños cantan en el funeral / los niños ríen, mientras lloras…” – El Otro Yo – Alegría

Nina llegó a un hospital del conurbano con contracciones. Todavía le faltaba un mes para parir: le dieron ibupirac, la dejaron sentada un rato y la mandaron a la casa. “J. se había ido por ahí, seguro que a fumar, yo estaba sola y me puse a gritar. ¿A dónde iba a ir? ¿Cómo me iba a ir?”. Tras un rato de escándalo, la acostaron en una cama y la ataron.

“Sí, me ataron. Y una enfermera rubia mal teñida horrenda me dijo: ‘¿así que te gusta hacer bardo? Seguí gritando, negrita, y te ponemos una mordaza. Acá estamos acostumbradas a tratar con ustedes: abrirse de piernas no les cuesta nada, pero después vienen con exigencias’”.

Los dolores seguían, el ibupirac era insuficiente y una médica de guardia determinó que había que inducir el parto: no escuchaba bien los latidos del bebé. El goteo no hizo efecto y otra enfermera, también rubia a fuerza de agua oxigenada, se abrió de piernas y se le sentó encima del comienzo de la panza, justo por debajo de las tetas. Nina pensó que no había sentido un dolor igual en toda su vida. “Para que parara de gritar me pusieron algodón y gasas en la boca. Entre las enfermeras comentaban: ‘estas negritas son todas iguales: bien que cuando se abren de piernas no les duele nada, y acá tenemos que aguantar escenitas’”.

En eso cayó un médico viejo, de los de antes, de recorrida con residentes: cuando vio la escena echó a todo el equipo “profesional” a los gritos. Le soltaron las manos y le sacaron la mordaza casera. Nina fue a cesarea y B. nació con menos de dos kilos, morochito, casi violeta. Sobrevivió porque los chiquitos del conurbano vienen golpeados pero suelen dar importantes batallas a la muerte.

***

Nina tenía 8 años cuando descubrió el asco: las manos de su papá encima de ella y el aliento a alcohol cerca de su cuerpo. Poco tiempo después él murió –el alcoholismo no perdona, sobre todo si el vino es tetrabrick y el fernet Fernandito- y otro ocupó ese lugar. Ya no sintió asco sino enojo.

“Le dije a mi mamá lo que pasaba, que el tipo nos quería coger a mí y a mis dos hermanitas más chicas. Y mi mamá me dijo: ‘Yo estoy enferma, necesito un hombre que me proteja, ustedes son unas egoístas’”.

Nina se fue a los 12. Vivió con diferentes familiares hasta que aparecían situaciones similares y se volvía a ir. “A mí no me tocó nadie más que yo no quisiera, eso se lo puedo asegurar”.

A los 17 se enamoró de J. Fue simultáneo: el primer embarazo y el ingreso al consumo de Paco. J. tenía 15.

“Llegamos a ahogarnos de fumar. A veces pienso que fue porque no tomábamos alcohol, no sé, usted sabrá decirme”.

No tomaban alcohol por su recuerdo infantil, el aliento del padre, el asco. Ella es mandona, bajita y exuberante. El casi no habla: las pocas veces que lo ví tuve la sensación de que lo único que quería era salir corriendo. “Él no está convencido de hacer tratamiento. Quiere ser padre, recuperar a los chicos, pero le gusta la esquina, estar fumando toda la noche, se escapa. Ya desde chiquito dice la madre que fue así”.

***

El primer niño fue varón y nació a los ocho meses. “Yo sentía un dolor abajo, sentía que se me iba a caer el bebé. J. me llevó al hospital de mi zona, pero no había cama. Me mandaron a otro, fuimos en remise y como no teníamos plata para pagar tuve que salir corriendo: el tipo alcanzó a pegarnos unas patadas pero bueno, creo que le dio pena mi estado: yo era una panza. Gorda, gordísima”.

J. apareció dos días después del parto: se peleó con el personal administrativo porque estaba intoxicado y no le dejaron verla. Uno de los concurrentes avisó a la madre de Nina –se excusó por estar “descompuesta”-, a dos hermanas y a una tía. La única que fue a verla y le llevó algo de ropa fue una vecina: “Cuando éramos chicos con mis hermanitos andábamos todo el día en la calle sucios y con hambre. Ella y el marido a veces nos llevaba a la casa y nos lavaban, nos daban mate cocido y, si tenían, pan o galletitas”.

El niño permaneció en Neonatología un par de semanas. Los generosos senos de Nina produjeron leche suficiente para amamantarlo por casi dos años, cuando se lo sacaron.

B. tiene su apellido: J. nunca tuvo documentos.

El médico “viejo” le pidió a Nina que no cuente lo que le pasó en el hospital. “Pobre, me dijo que lo estaban amenazando con jubilarlo porque era “blando”. Igual yo pensé que nadie me iba a creer lo que contaba, ¿no?”

¿No?

*Psicoanalista

 

Notas:

1- La violencia obstétrica, en aumento en nuestro país, está considerada por la Unesco como una forma de violencia de género y de violación a los derechos humanos.

2- Suelen ser “enfrentamientos de clase”: generalmente los equipos de enfermería y administración viven en las mismas barriadas que las parturientas, y han ingresado a la maternidad a edades adolescentes. La mirada “moral” las diferencia, y algo de “portar un uniforme” también.

3- El crecimiento de los casos determinó que el Ministerio de Salud tuviera que tomar intervención:http://www.telam.com.ar/notas/201406/65920-habilitaron-una-linea-para-denunciar-casos-de-violencia-obstetrica.html

4- En esta serie de notas, saldrá a la luz que no es una cuestión solo de pobreza y vulnerabilidad: la violencia obstétrica atraviesa todas las clases sociales y sistemas de salud (tanto privados cuanto públicos).

5- Por más leyes y reglamentaciones que haya sobre el tema, creemos que la cuestión a poner en debate es la capacitación y el trabajo con los sectores no profesionalizados de salud: desde enfermería hasta administrativos, cocina, limpieza, camilleros, etc. En esto Argentina tiene antecedentes fuertes: desde lo realizado por el Dr. Goldenberg en las barriadas de Lanús en la década del cincuenta hasta el trabajo de médicos comunitarios en la actualidad.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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