Masacre de Quilmes: “Tenía miedo de que lo mataran en el hospital”

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Andar.-

Los familiares de las víctimas del incendio en la comisaría 1° de Quilmes en 2004 se vieron por primera vez aquella mañana del 20 de octubre, exigiendo saber qué había pasado con los chicos. Nadie los recibió ni les brindaron información oficial sobre los hechos hasta entrada la tarde. Tuvieron que correr hasta distintos hospitales y clínicas sin tener idea del estado de salud de sus hijos; en algunos casos, se encontraron con la peor de las noticias. Desde hace 11 años luchan para que se conozca la verdad acerca de la crueldad con la que fueron tratados sus hijos. Luego de pasar por momentos de dolor, incertidumbre y amenazas los familiares que se organizaron en la capilla de Don Bosco cuentan sus historias.

David López tenía 17 años y se encontraba alojado en el calabozo del incendio. Su testimonio, brindado en el marco del juicio oral que lleva adelante luego de 11 años el TOC 3 de Quilmes, coincide con el de otros sobrevivientes. Las torturas, malos tratos y amenazas a las que eran sometidos continuaron durante y después del incendio. “Ellos nos gritaban, insultaban, nos pegaron de nuevo porque querían saber quién había prendido el colchón. Cuando me trasladaron en un móvil policial, esposado, yo tenía la cara, las orejas, los brazos quemados. Estaba muy enojado y les grité que le iba a contar a mi papá lo que habían hecho. Uno de los policías me miró y me dijo: a vos y a tu papá, pendejo, los vamos a hacer mierda”, relató frente al tribunal.

Y así lo hizo cuando despertó del coma. David había llegado al hospital de Lanús, donde le indujeron un coma farmacológico para darle asistencia respiratoria mecánica durante 20 días. Las quemaduras en las vías respiratorias superiores eran muy graves. Luego sobrevinieron las convulsiones y el tratamiento de recuperación física que lo mantuvo internado tres meses más. Cuando tuvo el alta, denunció los hechos acompañado de su familia y reconoció a los policías imputados como responsables.

ANDAR entrevistó a Marcelo López, el padre de David, que lo acompañó a declarar. Reproducimos fragmentos de esta historia que aún no termina.

“Yo me enteré por la radio; estaba escuchando Radio Provincia y dijeron lo del incendio en la comisaría y que había un muerto. Ni dudé y me acerqué. David hacía un día que estaba detenido, desde la noche anterior. Se lo habían llevado por no tener documentos, a una cuadra de casa. Ya lo venían siguiendo por cómo se vestía, porque usaba pelo largo. La policía de Berazategui lo paraba todo el tiempo porque el pibe andaba sin documentos. Tenían una animosidad con David, ya lo conocían de mi barrio pero lo vivían hostigando. Ese día no había otro lugar para menores y lo trasladaron a la Comisaria 1°de Quilmes; además lo acusaron de un robo”.

“David era un pibe que nunca había tenido entradas por nada, salvo por estar sin documentos. No conocía una comisaría por dentro. Lo acusaron, junto con otro muchacho, de haberle robado a un remisero, con un arma de fuego y en bicicleta. Dicen que intentaron sacarle un handy y 8 pesos”.

“Llegué a la mañana a la comisaría: estaba gendarmería, prefectura. En aquel momento no conocía a nadie, intenté que me dieran alguna información. Pregunté a uno y a otro por mi hijo, y nadie me decía nada. Esperé, se hizo la tarde. Me llamó una persona y me mandó al primer piso de la comisaría. Un oficial me dijo que David no tenía nada, que solamente estaba un poquito quemado en la mano y en la oreja, que me quedara tranquilo que estaba en el hospital de Lanús. Me fui con mi esposa y mi hijita que era bebé en ese entonces. Cuando llegamos al hospital nos encontramos con muchos policías en el pasillo de terapia”.

“Los médicos salieron a dar el parte de todos los internados pero no decían nada de David. Preguntaron por los familiares de López y cuando me identifiqué me hicieron pasar a un cuartito. ‘¿Con quién está usted?’, me preguntó el médico. Yo le dije que estábamos mi señora y la beba. ‘Le voy a hablar crudamente: su hijo está muy grave, tiene todas las vías respiratorias muy comprometidas y no creo que pase de esta noche. Si quiere le llamamos a un cura’. Así fue… yo no lo podía creer.”

“A partir de ahí, me mudé al hospital por casi 20 días. Lo hice porque veía movimientos raros, hicimos que sacaran a la policía del hospital. La verdad, tenía miedo de que me lo mataran ahí adentro. Un día, cuando ya lo habían pasado a la sala común, apareció un juez de menores. Me avisó una enfermera que estaba hablando a solas con David. Este juez de menores de Quilmes, con sede en Berazategui, Elbio Ramos, fue al hospital a intimidar a David para que no cuente nada, menos a la prensa”.

“Hay muchas cosas que David aún hoy no sabe. En la esquina de mi casa, donde tenía un local de verdulería alquilado, siempre se apostaba una Trafic con unos tipos que decían que me iban a buscar a mí. Eran policías. Por teléfono siempre recibí amenazas. A veces pedían por David y cuando yo preguntaba quién era el que llamaba, cortaban. Inmediatamente cuando le dieron el alta lo mandé lejos de casa, primero a La Plata y después a trabajar al sur. Lo saqué de la zona para protegerle la vida”.

“Nosotros queremos que se conozca la verdad y por eso declaró mi hijo. La Argentina adhirió a pactos internacionales que tienen rango constitucional, tanto en derechos humanos como en derechos del niño. Los chicos no tenían que estar en una comisaría, ninguno de ellos; hayan hecho lo que hayan hecho, por problemas con drogas, nunca tendrían que haber estado ahí. Y teníamos la maldita ley en la provincia de Buenos Aires del patronato y yo, que soy el padre, se supone que tenía todos los derechos y no tenía ninguno. No me dejaban, teniendo mutual, tenerlo internado en un lugar mejor, más cómodo”.

“Pienso que en su momento si este caso no se hubiera dado a conocer por los medios no se enteraba nadie. Incluso ahora, si no le dan manija los medios, a nadie le importa lo que pasó en este lugar. Creo eso porque esto les pasó a personas humildes y no nos daban bolilla. Nadie de minoridad, salvo ese juez para amenazar, se acercó. No nos dieron apoyo psicológico, nada”.

“En este país nos falta mucho en materia de justicia. Creo que del Estado falta un controlador que vea que hace la policía en el territorio y escuche a las familias. Es un derecho de la gente y un deber del Estado controlar estos abusos de poder. De la famosa causa que le armaron fue sobreseído. Gracias a dios lo tengo vivo”.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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