Perpetua para un femicida: para los jueces, “trataba como un objeto” a la víctima

Álvaro Ledesma Chávez recibió la pena máxima por haber asesinado a su mujer, Lizbedt Camacho Siles. Los integrantes del Tribunal plantearon a la violencia de género como un agravante ya que aseguraron que el hombre “cosificaba” a la madre de sus dos hijos, quienes presenciaron el crimen.

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La noche en que fue asesinada, Lizbedt Camacho Siles había terminado de festejar su cumpleaños número 26. Fue una celebración austera y casi solitaria. Hacía pocas semanas había dejado atrás su Bolivia natal: su esposo, Álvaro Ledesma Chávez, había decidido buscar una oportunidad laboral en la Argentina. Lizbedt celebró junto a sus dos hijos. Faltaban solo unas horas para que la policía encontrara su cuerpo tendido boca arriba en la casa que compartía con su familia.

El 7 de noviembre de 2016, el Tribunal Oral Criminal número 4 de La Matanza dictó la reclusión perpetua para Ledesma Chávez por el delito de “homicidio agravado por el vínculo y por haber sido perpetrado por un hombre contra una mujer mediando violencia de género”. “La trataba como un objeto”, aseguró el juez Franco Fiumara, presidente del tribunal, en base al análisis que realizó la psiquiatra forense que habló con el femicida.

El juicio duró solo una jornada: ese día declararon los ocho testigos, entre vecinos de la pareja, policías y especialistas. Los testimonios de todos ellos no dejaron dudas: Ledesma Chávez asesinó a su mujer en la pequeña casilla del lote que había comprado días atrás en la localidad de Virrey del Pino. El femicidio se produjo en presencia de los hijos de la pareja, de cuatro y cinco años.

La noche del asesinato

“Entren, entren porque se está muriendo”, les dijo Ledesma Chávez a los policías que en la madrugada del 25 de julio del 2015 llegaron hasta la casilla que la pareja habitaba en el partido de La Matanza. La mujer yacía inmóvil en el piso, boca arriba, con la cara y el cuerpo cubiertos de vómito.”Está mamada y necesita ayuda”, agregó el dueño de casa. Los oficiales trataron de tomarle los signos vitales, pero no lograron advertir que Lizbedt estaba muerta ya incluso desde antes de su arribo. Recién la médica que llegó con la ambulancia instantes después confirmó el fallecimiento.

Unas horas antes, la pareja y sus dos pequeños hijos habían compartido una reunión con vecinos para celebrar el cumpleaños de Lizbedt. Solo habían tomado algunas cervezas y no habían comido nada. No había mucha confianza entre los anfitriones y los invitados: se habían conocido escasos días atrás, cuando Ledesma Chávez fue a pedirles trabajo. Creía que como todos eran bolivianos, sería más fácil que le ofrecieran una “changa” como albañil.

Cuando se fueron los invitados, se desató la violencia en la pieza de material que compartían Lizbedt, su marido y los dos niños. Graciela Traut ya estaba acostada, pero escuchó los gritos de una mujer y le dijo a su marido, Ernesto Albornoz, que saliera a ver qué pasaba. Ya en la calle, el hombre vio que Lizbedt gritaba, corría y que, finalmente, se caía desplomada en el frente de su lote. Albornoz pidió ayuda a dos jóvenes que tomaban algo en la esquina. Llamaron a la ambulancia y, entre los tres, levantaron el cuerpo de la joven y lo entraron a la casa. Dejaron a Lizbedt sobre la cama. El esposo de la joven argumentaba que ella estaba muy borracha y que esa era la causa de su desvanecimiento. En realidad, ya le había pegado un fuerte golpe en el rostro.

Minutos después, cuando llegó el patrullero, Lizbedt estaba muerta en el piso de la habitación. Ledesma Chávez no ofreció resistencia y hasta invitó a los efectivos a entrar a la casa. Repetía que su mujer “había tomado mucho” durante el festejo de su cumpleaños. Recién cuando llegó la ambulancia y se constató el fallecimiento, el femicida gritó en varias ocasiones: “Dios, no te la lleves”.

La autopsia y las pericias psiquiátricas lograron develar cómo murió Lizbedt. Después de que los vecinos la dejaron desmayada sobre la cama y antes de que llegaran los policías, la mujer fue ahorcada con una sola mano. Lizbedt murió por asfixia mecánica.

Lizbedt, la mujer-objeto

Luego de que los policías encontraran el cuerpo de Lizbedt, Ledesma Chávez fue llevado a la comisaría. Después de las primeras pesquisas, quedó detenido y llegó al juicio preso en el penal de Olmos, ubicado en las afueras de La Plata. Como parte de la investigación, el hombre fue entrevistado por una perito psiquiatra. En su testimonio, la profesional sostuvo que el acusado “cosificaba a las personas”, es decir, que “despersonalizaba a quienes lo rodeaban y los trataba como objetos”. Entre esas personas, estaba su esposa.

“A las mujeres se las manda”, dijo Ledesma Chávez durante la entrevista con la psiquiatra. Además, admitió haber “cascado” a su esposa en más de una ocasión cuando ella no cumplía con lo que él le encomendaba.

Lizbedt y Álvaro habían comenzado su relación sentimental ocho años atrás, en Bolivia. Hacía pocas semanas habían llegado a la Argentina para que el hombre pudiese trabajar como albañil y se habían instalado con sus dos hijos varones, de cuatro y cinco años, en un terreno con una casilla de material que habían logrado comprar. Ella trabajaba de ama de casa y, como eran muy nuevos en el barrio, aún no habían hecho amistades.

Durante el juicio, el acusado intentó una explicación de los hechos: sostuvo que él dormía cuando su mujer salió gritando a la calle y que corrió detrás de ella. Agregó que, al volver al interior tras recibir la ayuda de sus vecinos para cargar el cuerpo de Lizbedt, se acostó y solo escuchó el ruido de cuando ella “se cayó” al suelo. Sus argumentos no hicieron sentido a los integrantes del Tribunal y su situación se complicó aún más cuando le preguntaron por el trato que tenía con ella. Reconoció que tenía una mala relación con Lizbedt y que “le pegó cachetazos, pero nunca hasta más no poder, cuando ella no cumplía sus órdenes”.

El valor de la sentencia

Álvaro Ledesma Chavez fue condenado a reclusión perpetua y solo podría comenzar a tramitar su libertad condicional dentro de, al menos, 35 años. Los dos hijos de la pareja, quienes presenciaron el crimen, quedaron al resguardo de una tía en la Argentina. Durante la investigación, se decidió que había elementos probatorios suficientes como para evitar que los pequeños atravesaran el proceso de declarar en cámara gesell.

Aunque el caso no había sido elevado a juicio con la figura de femicidio, los magistrados decidieron adoptar el agravante de la violencia de género en base a la prueba de la “cosificación” y de las “golpizas permanentes por no cumplir órdenes” de las que era víctima Lizbedt.

La condena de reclusión perpetua fue dictada por unanimidad entre los tres jueces que integran el Tribunal. Junto a Fiumara, actuaron los doctores Gerardo Gayol y Nicolás Grappasonno. Los magistrados se basaron en el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal, que, a través de una modificación realizada en el año 2012, prevé la pena máxima para aquel que matare “a una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”.

No es la primera vez que el Tribunal Oral Criminal número 4 de La Matanza interviene en un caso de femicidio. Incluso desde antes de la modificación del Código Penal del 2012, sus integrantes ya habían dictado condenas ejemplares. En 2007, le dieron prisión perpetua a Mario Friero por el asesinato de su esposa, María de Luca. En aquel momento, la figura utilizada fue la de “homicidio agravado por el vínculo”. El caso resonó en los medios de comunicación debido a que el hijo de la pareja había confesado “papá mató a mamá y la enterró debajo de la cama”, ocho años después de ocurrido el hecho. Esa declaración fue la que permitió, primero, develar el crimen de De Luca y, luego, condenar a Friero.

Una semana antes de la sentencia por el asesinato de Lizbedt, el TOC 4 había condenado a Sergio Feiock a 20 años de prisión por la tentativa de femicidio de su pareja, Romina Fabaro. El hombre la roció con alcohol e intentó prenderla fuego, pero ella salvó su vida porque sus familiares pudieron rescatarla a tiempo. También en ese caso, los jueces consideraron a la violencia de género como un agravante.

“Las sentencias tienen un fin didáctico: enseñar a la sociedad cuál es la consecuencia en el caso de que se cometan estos hechos. Queremos sentar un precedente y tratar de contener esta gran ola que nos está avasallando en la Argentina, que son los casos de femicidio, en todos los estratos sociales, sean ricos, de clase media o pobres”, planteó el juez Fiumara.

Línea telefónica de atención a víctimas de violencia de género: 144

* Esta nota se hizo en el marco de la Beca Cosecha Roja y se publicó también en Infobae.

Daniela Lichinizer
Daniela Lichinizer

Periodista - Infobae. Participa de la Beca Cosecha Roja

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