Él le pegaba y ella lo mató: quieren condenarla por segunda vez

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Carolina Rosales Zeiger – Cosecha Roja.-

La madrugada del 16 de octubre de 2011 Facundo Saucedo tenía 23 años, varios tragos encima y un puntazo de 4 cm en la yugular. Daiana Fernández tenía 19, las secuelas de meses de golpes y maltratos y mucho miedo.

Estaban en una fiesta cuando él se le apareció por atrás:

–Dale, quiero hablar con vos, vamos a tu pieza– le dijo lastimándole los brazos y tirándole del pelo.

–Yo no quiero hablar con vos, dejame, te digo que no– contestó ella.

Se habían separado hacía dos semanas, pero Saucedo seguía amenazándola. En medio del forcejeo, Daiana picaba hielo para ponerle al vino. En reflejo defensivo le clavó el cuchillo en el cuello. El joven murió dos horas después en el hospital.

El Tribunal Oral Criminal (TOC) N°3 de Lomas de Zamora la condenó a tres años y seis meses de prisión por homicidio preterintencional. En octubre de 2013 ya había cumplido su condena, pero la Cámara de Casación pidió la elevación de la pena a ocho años por homicidio simple. Ahora la decisión depende de la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires.

Entre la prisión de la violencia y la de una Justicia sin perspectiva de género, a Daiana no le queda más que esperar.

***

Tenía apenas 17 años cuando conoció a Facundo. Estaba terminando el colegio y pronto conseguiría su primer trabajo formal en el Aeropuerto de Ezeiza. Jamás se imaginó que meses después debería renunciar por sus celos, usar ropa de invierno para tapar los moretones y convivir con un miedo que la acompaña hasta hoy: miedo a sus golpes primero, a la cárcel después, a las represalias de amigos y vecinos, a perder nuevamente la libertad. El conocido círculo de violencia machista que suele ir acompañado de esa combinación letal: miedo y culpa.

“Si me quiere va a cambiar, pensaba yo. Pero además tanto me decía que yo era la culpable que al final sentía que era así, que cuando me pegaba o peleábamos era por mi culpa“, dijo Daiana a Cosecha Roja.

Llevaban diez meses de relación cuando la agredió por primera vez. Salían del cumpleaños de una sobrina de ella y él quiso ir por un camino diferente al de los demás. Cuando estuvieron solos empezó: que un chico le había hablado al oído, que qué le había dicho, que era una trola de mierda. Mientras ella negaba e intentaba adelantarse para terminar con la discusión, él la agarró de atrás y le pegó una piña que la hizo caer al suelo. Cuando llegaron a la casa la encerró en su cuarto y la amenazó:

–Yo no le tengo miedo a nadie, aunque grites, yo le pego a tu papá o a quien sea.

Daiana esperó que se durmiera para sacarle la llave y salir. Se acostó con su mamá y su papá, pero no les dijo nada. Tenía miedo y sentía vergüenza.

“Él tenía un arma. Otra vez en su casa también me encerró: yo me quería ir y no podía porque me agarraba y me metía de nuevo para adentro. Gritaba que basta, que lo paren, no daba más yo. La familia escuchaba pero no se metía”, contó.

Daiana se había enterado, avanzada su relación, de que Saucedo tenía tres denuncias de su ex mujer por violencia. Entonces, ya atrapada en el silencio de su alrededor y en el propio, se miraba en el espejo y con los ojos húmedos se preguntaba cómo salir.

–¿Por qué llorás?– la increpaba él.

–Porque me das miedo– respondía ella, asustada por su mirada.

–Ves que hacés circo, sos una cirquera, siempre dando lástima– la remataba.

El día que ella le planteó la separación definitiva él fingió aceptar, aunque con una condición: pasar una última noche en su casa. Se quedó. Pero a la mañana siguiente ella se levantó temprano para ir al ginecólogo y él quiso obligarla a tener relaciones y a volver. Sólo logró salir a fuerza de una promesa coaccionada: sí, le dijo, volvemos. Pero más tarde, cuando le atendió una de las decenas de llamadas, se desmintió. Había dicho que sí para que se fuera, no quería volver con él nunca más.

–Yo no te voy a dejar en paz. Si te veo con alguien te mato, no me importa nada. Sos una puta de mierda, te voy a matar y nadie te va a defender– respondió él.

***

El 16 de octubre de 2011 Daiana tenía una fiesta de 15. Habían pasado dos semanas de su separación, pero el miedo seguía acechándola. No quería ir. Sus primas insistieron. “Vayan ustedes y avísenme si él está. Si no está yo voy“. Como no estaba, se cambió y fue.

Llegó cerca de las 2. A las 6 la fiesta se trasladó a la casa de Daiana. “Al rato veo que está del otro lado del portón. Ahí la chica del quince me dice que entremos a preparar un trago y vamos. Estaba picando hielo cuando siento que me agarra por atrás y me empieza a forcejear”. Con el dolor de sus manos apretándole los moretones que todavía conservaba en los brazos, Daiana se dio vuelta y, en un intento de zafarse, le clavó el cuchillo en el cuello.

Lo llevaron al hospital, pero Saucedo murió dos horas después.

Daiana fue detenida y revisada por un médico forense. El perito de la policía científica de Ezeiza, Marcos Frías, escribió en el expediente: “se constatan hematomas en brazo izquierdo de 9 cm. En brazo derecho de 7 cm. Equimosis en glúteo izquierdo. Hematoma de larga data en hombro izquierdo, chichón en parietal izquierdo y cicatrices de heridas cortantes en antebrazo“. Las marcas fueron caratuladas como lesiones leves.

Los jueces Omar Camino, Rafael Villamayor y Marcelo Dellatorre la condenaron: “si bien pudo sorprenderse de que él estuviese en el cumpleaños, fue ella quien trasladó la fiesta a su domicilio, pese al temor que decía tener”, se lee en el fallo. La perito psicóloga María Fernanda Collins escribió: “no es posible hablar de víctima de maltrato, en tanto cada uno es responsable de sus actos. Ella ha sido parte activa del vínculo”.

“Hablan de relación violenta. Eso es un eufemismo para no decir sometimiento brutal. ¿Dónde están los golpes de él?”, dijo a Cosecha Roja Patricia Sanmamed, la abogada de Daiana.

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Daiana salió en libertad el 17 de octubre de 2013 , pero el fiscal Sebastián Scalera apeló para cambiar la carátula a homicidio simple y el 11 de febrero de 2014 la sala IV de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires la condenó a ocho años de prisión. Ahora espera la decisión de la Suprema Corte provincial.

Está embarazada de cuatro meses. Su pareja es un viejo conocido del barrio. Van a tener un varón, “el primero de la familia“. Lo sabe, pero igual se pregunta por qué no tuvo la valentía de hacer la denuncia. También sabe que de haber sido distinta la suerte, ella habría sido la del final fatal. Como concluye Sanmamed: “sólo de casualidad no estamos leyendo el informe de su autopsia“.

 

Fotos: Dani De Vega.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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